EN PRIMERA PERSONA | José Miguel Luque, el hombre tranquilo
El manantial de la Fuente de la Reina, su rumor, apenas un susurro, pone banda sonora a un espacio que bien podría considerarse idílico, un trocito de paraíso. La vera del Torcal de Antequera se asoma tímida al frente, apenas una esquinita, pero lo suficiente como para intuir su capricho. Por detrás, la cornisa de la Sierra de Abdalajís abraza el entorno imponiendo su perfil más rocoso. Y en medio, un paraje de aguacates, sobre todo, naranjos, limoneros y otras especies que se van mezclando en un aparente desorden con líneas de huerto que anuncian el fruto de nuevas siembras. Allí la lluvia, el viento, o el sol se convierten en un espectáculo vivo de la naturaleza, como el manto de estrellas que regala cada noche el cielo del Valle de Abdajalís.