EN PRIMERA PERSONA | José Miguel Luque, el hombre tranquilo
“Me he sentido líder dentro de la ONCE”
El manantial de la Fuente de la Reina, su rumor, apenas un susurro, pone banda sonora a un espacio que bien podría considerarse idílico, un trocito de paraíso. La vera del Torcal de Antequera se asoma tímida al frente, apenas una esquinita, pero lo suficiente como para intuir su capricho. Por detrás, la cornisa de la Sierra de Abdalajís abraza el entorno imponiendo su perfil más rocoso. Y en medio, un paraje de aguacates, sobre todo, naranjos, limoneros y otras especies que se van mezclando en un aparente desorden con líneas de huerto que anuncian el fruto de nuevas siembras. Allí la lluvia, el viento, o el sol se convierten en un espectáculo vivo de la naturaleza, como el manto de estrellas que regala cada noche el cielo del Valle de Abdajalís.
Es el espacio donde transcurre ahora la vida de José Miguel Luque, un hombre tranquilo, que lo ha dado todo a la ONCE durante 38 años de su vida. Ha sido director de la Organización en Pizarra, Álora, Ronda y en Málaga en la última década antes de jubilarse el año pasado. Y allí por donde ha pasado ha dejado una huella íntima e imborrable. Su liderazgo ha sembrado otros que siguen su estela en responsabilidades muy distintas y en lugares muy dispersos. El cariño y la admiración que sigue despertando su nombre dicen mucho de quien ha sido y sigue siendo un referente y un guía para muchos. El José Miguel Luque de hoy es, ante todo, un hombre feliz.
El primer recuerdo que le viene de su infancia es precisamente ese entorno rural de la comarca de Antequera, correteando por ahí entre cuestas y huertas, con su padre. “Una vida austera, sin pasar necesidades, pero austera”, resume con un poso de ternura.
La discapacidad llegó de nacimiento. Creció con ella en el colegio. “Yo me tapaba un ojo, porque no veo con los dos a la vez, y me dejaba una pequeña abertura en el otro porque me molestaba la luz. Entonces los niños imitaban el gesto que yo hacía -cuenta sin el menor atisbo de rencor-. Hasta los 14 años que me mandaron gafas y mi vida cambió muchísimo”.
Esa falta de visión le hizo sentir un niño diferente desde bien temprano, sí. Pero con matices. “Lo que pasa es que desde pequeño yo era un niño un poco rebelde. Estando ya en la EGB -explica sin disimular su orgullo-, una maestra de Música me contó, al pasar los años, que preguntó al director de la Escuela de Hogar en la que estuve, muy preocupada por mí. Y el director, que era una magnífica persona, le contestó: "No te preocupes, que ese ve más de la cuenta". Así que yo me defendía, pero con muchas dificultades hasta que no tuve las gafas -admite-. En el colegio, me sentaban en primera línea y me ponían un compañero o una compañera para que me ayudara a tomar los apuntes de la pizarra”.
“Ser vendedor fue una universidad impresionante”
José Miguel Luque se siente especialmente orgulloso de haber contribuido a dar oportunidades de vida a muchas personas | Reportaje gráfico: ALex Zea
Sin embargo, la ONCE no entró en su vida de forma inmediata. “A mí nadie me habló de la ONCE de una manera seria o cercana como para que me convenciera -explica pausado-. Dejé de estudiar con 18 años y volví al campo por una decisión errónea que tomé por recomendación un oftalmólogo afamado, pero ahí no acertó el hombre. Me preguntó que qué notas sacaba y cuando se las dije se quedó mirándome, miró a la enfermera, y vi un gesto de mucha sorpresa. Entonces le pregunté si estudiar una carrera podía perjudicarme o no, y la contestación que me dio es que unos ojos eran para toda la vida. Desconociendo que estaba la ONCE ahí tomé la decisión de volver al campo -sigue contando-, que fue de salirse de Guatemala y meterse en Guatepeor. Y después de llevar cinco años con labores del campo, yo labraba con máquinas, he tenido granja de cabras, de vacas, yo le metía mano a cualquier cosa, yo no me achicaba nunca. Pero sí veía que el futuro era complejo, que mi anhelo era crear una familia y que ahí lo tenía muy difícil”, comenta.
De sus tres hermanas, la de en medio, estaba estudiando 4º de Medicina cuando le habló “de manera seria” de la ONCE. “Ella me insistía -añade ahora- que mi futuro estaba en la ONCE y fue ella la que me hizo ponerme en contacto con la ONCE”.
Era el año 1986. José Miguel Luque se afilió a la Organización en 1987, el 9 de marzo en concreto. “Encontré una ONCE que estaba en proceso de captar muchos recursos después de haber pasado muchísimas dificultades y en la que había mucha prudencia a la hora de que alguien tocara en la puerta y esa persona no reuniera el perfil de ser afiliado y quisiera entrar un poco por la cara -afirma-. Encontré una ONCE que tenía unos recursos que yo desconocía. Y cuando gané mi primera nómina como vendedor pensé, aquí tengo futuro”.
Pero no lo decía pensando en ser vendedor toda la vida. José Miguel quería contribuir, hacer más. Y así fue. Pronto sería propuesto como director de la agencia en Pizarra. Luego vendría Álora. Después Ronda y, su destino principal, Málaga (que incluye también el área de gestión de Córdoba y la ciudad autónoma de Melilla) donde permaneció una década como máximo responsable del segundo centro de Andalucía con más volumen de afiliados y trabajadores.
Cuatro décadas después, Luque deja una ONCE, con más de 77.000 trabajadores, líder en creación de empleo, primer generador de empleo para personas con discapacidad en el mundo y el cuarto de empleo no público en España. “La ONCE ha evolucionado muchísimo -sostiene-. Sobre todo, en saber aprovechar muy bien los recursos que tiene a su alcance. Tiene muy buenos profesionales. Y en el ámbito comercial se ha dado un avance muy importante en la profesionalización de toda la red de ventas. Lo que se ha avanzado en la profesionalización y en optimizar los recursos -enfatiza- es una auténtica barbaridad”.
Antes de ocupar puestos de dirección Luque fue vendedor durante un casi año y medio en Alora, 16 meses y medio que quedarían grabados para siempre. “Para mí fue una facultad, una universidad impresionante lo que yo aprendí en la calle. Eso me sirvió más adelante para poder contribuir a todo lo que estuviera en mi mano para que la ONCE pudiera tener más profesionales, la gente pudiera tener más oportunidades de vida y que pudiera dar mejores servicios de esos recursos que obtenía”, sigue diciendo.
En ese tiempo tan decisivo su principal lección fue aprender a entrar en la psicología de las personas. “Después lo he ido estudiando de manera autodidacta, y lo he podido comprobar: El lenguaje gestual tiene un poder de comunicación increíble. Y yo aprendí que, mirando a las personas a la cara, con naturalidad, es abrirte una puerta de par en par en el contacto. Y aprendí también algo que yo he transmitido muchísimo, y que en el tema comercial es muy importante; y es que un vendedor tiene que procurar que el cliente tome la decisión que tú quieres que tome, pero que la tome el cliente, porque si lo haces así, el cliente va a volver mañana y va a volver encantado de verte. Eso tiene un potencial muy grande”, subraya.
Hay otros aspectos importantes de los que Luque se siente especialmente orgulloso. “En el comercial, haber contribuido de una manera determinante a que las cosas se hagan de una manera diferente, siendo mucho más rentable y conectando muchísimo más con la sociedad -explica-. Y de ahí, de la mano, a que se puedan prestar mejores servicios sociales. Y la cantidad de oportunidades de vida que se le da a esa gente que pierde la vista o que le viene una discapacidad y que ve el mundo negro, muy cuesta arriba, y cuando ve que le estás asesorando de forma sincera y clara, te miran a la cara, y a veces no hace falta que te digan gracias porque te lo están diciendo con la mirada. Eso es muy gratificante”, añade. Y otro aspecto más que queda en el recuerdo de lo más positivo en la gestión. “Cuando te sientas a los tres años con un trabajador que va a firmar el contrato indefinido y le das un punto de confianza y te cuenta un poco su vida, te cuentan experiencias de vida que tú dices; mira, los marrones no importan”.
“El trabajo en equipo es la clave del éxito”
"El trato humano debe predominar en todos los ámbitos, cuando se tiene una responsabilidad se gestiona para todos", sostiene Luque
Para José Miguel Luque, la clave del éxito en la gestión reside en el trabajo en equipo. “Hacer crecer personal y laboralmente a cualquiera que te rodee -matiza-. Creo que es lo más fundamental porque tú no puedes hacer las cosas por sí solo. Las cosas se hacen en equipo y convenciendo a la gente. Y a veces dejando que la gente se equivoque. También se tienen que equivocar, pero orientándolos y a veces resulta un poco duro o chocante, en un momento dado, que te tengas que imponer porque a veces también hay que imponerse, pero debe de primar el convencimiento”, asegura.
Saber escuchar y la empatía también influyen mucho en la construcción de los liderazgos, opina Luque. “Claro, porque si conoces qué es lo que le preocupa al de enfrente, puedes echarle una mano. Si no, difícilmente le vas a poder ayudar u orientar. Y escuchar es fundamental también, aunque a veces yo también he tenido que aprender mucho a callarme”, reconoce.
¿Se ha sentido líder en la ONCE?
“Yo sí me he sentido líder dentro de la ONCE -responde sin titubeos-. Es que era necesario sentirse líder respetando los liderazgos de las de otras personas con las que tienes que trabajar y que tienen mayor responsabilidad que tú. Entonces, cuando hay cosas que se tienen que hacer de manera diferente, intentas hacer razonar y demostrarlo”.
Además de saber escuchar y callarse, Luque ha venido aplicando una técnica que, con el tiempo, le ha dado grandes gratificaciones personales, especialmente entre los más jóvenes. “Cuando alguien va a pedirte consejo, yo no te voy a dar el consejo, voy a provocar que lo descubras tú -explica pormenorizadamente-. Yo te voy a hacer preguntas, preguntas y preguntas. Y así tú vas a ir descubriendo cuál es el mejor sentido. Eso creo que hoy día lo practicamos poco”.
Luque teme ahora que los cambios vertiginosos que las tecnologías imponen no contribuyan a la felicidad de las personas. “Se está perdiendo mucho lo natural del contacto directo -se lamenta-. Y las máquinas no pueden sustituir a las personas, hay que utilizarlas en beneficio de ellas. Pero el trato humano debe predominar en todos los ámbitos -reivindica-. No lo podemos abandonar. Y cuando se tiene una responsabilidad se gestiona para todos, piensen como piensen”.
Si tuviera que arrepentirse de algo a estas alturas de la vida, después de estas casi cuatro décadas de gestión, Luque apunta hacia casa, hacia el lado más íntimo. ”Haberle robado a lo mejor más tiempo del debido a mi familia que el que hubiera querido”, dice pensando en María José y sus tres hijos, Antonio, María y Gonzalo. “Cuando dedicas tantas horas al trabajo…, la vida a veces tiene sus dificultades. Yo he tenido momentos en los que pensaba que mi matrimonio se iba al garete -reconoce con un punto de emoción en su voz-. Ahora me alegro de que tuvimos la templanza de mantenerla y de poder disfrutar de la jubilación que me lo merezco y sobre todo ella, que me ha estado esperando mucho tiempo para que tuviéramos tiempo de otras cosas”.
“He contribuido a que se hagan las cosas de otra forma”
José Miguel Luque se declara pleno y feliz y, siempre a disposición de la ONCE, le pide a la vida seguir disfrutando de su familia
Desde ese retiro soñado que es su nueva casa en el Valle de Abdalají, un escenario digno de película inmerso en un mar de árboles en medio de un paisaje de estampa, José Miguel Luque reflexiona sobre su paso por la ONCE, desde la atalaya que da la distancia y el tiempo.
“A mí la ONCE me ha dado muchísimo. Aprendizaje. Poder llegar donde no podría imaginar. A veces lo piensas y dices que es un poco ciencia ficción. Que aquel niño, aquel rubio de las mellizas, como me decían en mi entorno, que empieza a vender, llega a ser director durante 10 años de tu centro, de tu provincia, de tu ámbito. Eso era inimaginable. ¿Qué me debe la ONCE? Yo le estoy agradecido, en todo caso más le debería yo a la ONCE que me debe a mí. Yo creo que cuida a su gente. Yo me he sentido bien. A mí la ONCE no me debe nada. Yo me siento agradecido”, afirma con rotundidad.
Al margen de la huella humana que ha dejado en muchas personas que hoy son altos responsables de la Organización, en distintas áreas y en diferentes centros, Luque se siente especialmente orgulloso de su legado en la estrategia comercial de la ONCE. “He contribuido a que se hagan las cosas de otra forma y así, a que se le puedan dar oportunidades a mucha más gente -explica-, a que la gente pueda mantener una familia de manera más satisfactoria y a que se puedan tener más recursos y se puedan prestar mejor servicio. Y humanamente, gente que ha estado trabajando en mi equipo están trabajando por ahí con responsabilidad y eso a mí me satisface -declara sin disimular su orgullo... La gente me trata con mucho cariño y eso es que no me ha portado muy mal con ellos”, dice.
José Miguel Luque reconoce que la sociedad no prepara adecuadamente cómo abordar el nuevo ciclo de la vida que impone la jubilación laboral. “En mi caso creo que me he ido yo preparando más que otra cosa. Uno tiene que saber escuchar a su cuerpo y me ha avisado en más de una ocasión que tenía que cambiar de ritmo y ahora estoy feliz”, proclama.
Feliz de haber vuelto a sus raíces. Un hombre de campo que vuelve a la faena del campo después de haber gestionado personas y presupuestos, de haberse codeado con lo más grande de la clase política, económica y social de Málaga y Andalucía, y de haberse ganado un sitio con apellido propio en la historia más reciente de la primera organización social del mundo.
Los políticos, ahora lo puede decir, le han defraudado “muchísimo”, reconoce, porque piensa que no gobiernan para los ciudadanos. “Habría que hacer un análisis profundo si los políticos están defraudando o la sociedad está dormida -reflexiona en voz alta-. Yo creo que más que la sociedad, estamos viviendo en un mundo donde, no es que te manejen, es que te dejan manejar”, denuncia.
Y a los empresarios también les da otro toque de atención. A su juicio, les cuesta tanto confiar en el talento de las personas con discapacidad por desconocimiento, no por falta de voluntad. “Ahí hemos avanzado una barbaridad y particularmente en España. La ONCE, Fundación ONCE y el grupo de empresas Ilunion están haciendo una labor que cada vez cala más en el empresariado. Y hay que seguir avanzando, sí, pero es que vivimos unos tiempos en los que tienes que aprender todo tan rápido porque lo que hoy te sirve, el conocimiento que hoy te sirve, mañana no te vale. Y la felicidad de la gente no va en que tengamos un ritmo tan acelerado -explica-. Deberíamos tener un ritmo más moderado de crecimiento y de evolución, porque cuando se tiene un ritmo muy acelerado se deja gente atrás y eso también es un problema para la sociedad. Y muchas veces lo obviamos”, advierte.
Han sido casi cuarenta años de entrega continuada que ahora observa con tranquilidad, la misma que le ha acompañado siempre, pero con mayor sosiego y serenidad. “Imagino que dentro de otros cuarenta años la ONCE seguirá haciendo una labor similar con otros medios y otro entorno -vaticina-. La discapacidad forma parte de la especie humana, personas ciegas siempre va a haber, aunque cada vez hay menos ciegos totales afortunadamente, pero también hay un crecimiento de la pluridiscapacidad, no de distintas discapacidades asociadas. Y creo que la ONCE tiene que seguir haciendo esa labor, adaptándose a los tiempos” comenta a modo de conclusión.
Y en este nuevo tiempo que anuncia un nuevo ciclo vital, José Miguel Luque se declara un hombre feliz, con la sensación del deber cumplido. “Yo me siento pleno, yo creo que sí. Siempre desea uno haber tenido otras cosas, por ejemplo, me hubiera encantado poder conducir. Eso no va a poder ser, pero yo me siento pleno. Yo me levanto muy a gusto y duermo tranquilo”, declara. Ahora la vida ya solo le pide calma. “Poder seguir contribuyendo en mi entorno más cercano -concluye-. La gente de la ONCE me tiene para lo que necesite en cualquier momento. Estoy a su disposición y disfrutando de la familia y de mis nietos, sobre todo”.
| LUIS GRESA