EN PRIMERA PERSONA: María José Fernández, pintora

Secciones: Entrevistas
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“Nunca he visto un cuadro”

¿Cómo se introdujo usted en el mundo de la pintura?

Yo siempre lo he llevado dentro de mí. Siempre que me preguntan esto digo que yo nací con un carboncillo en la mano porque yo siempre me recuerdo pintando o dibujando. Mi rato libre erra un carboncillo, incluso, en el colegio. En los ratos libres siempre estaba dibujando. Hay personas que juegan y yo dibujaba. Para mí, el juego era dibujar.

¿Cómo surgió la idea de aunar improvisaciones con un pianista?

Una persona que trabaja en el Coco Verde me compró un cuadro cuando hice la exposición aquí en Utrera, en el Casino, y me comentó si podía exponer en su restaurante. Yo le dije que encantada. Tienen Los Miércoles Culturales por la noche. Me invitaron, yo dije que sí. Con este señor que tocaba el piano, fue una noche mágica. Él iba tocando música y yo, a través de lo que él me iba transmitiendo, yo iba dibujando. Yo no llevaba nada pensado en la cabeza porque quería dejarme llevar por lo que me fuera transmitiendo con su música. Fue una experiencia preciosa.

¿Rafael Arregui, el pianista que la acompaña, y usted han ensayado mucho juntos para llegar a un grado tan alto de compenetración?

Yo a este señor no lo conocía absolutamente de nada. Me lo presentaron aquella noche, en el momento en el que llegué. Nada, no preparamos nada. Simplemente, él fue tocando y yo fui dibujando. Todo lo que se hizo fue de improviso. Fue sobre la marcha.

¿Qué se siente al abrir la Semana de la ONCE en Sevilla?

Estoy súper nerviosa y, además, no me lo creo. Es una cosa tan importante la que me está regalando la vida, que no cabe dentro de mí. No acabo de creérmelo. Es como si lo estuviera viendo desde una perspectiva que no soy yo. Es un gran regalo que no me lo creo.

¿La pintura le causa insomnio?

Cuando me acuesto se me vienen muchas figuras y muchas imágenes que puedo plasmar en un lienzo. Me viene cómo tengo que hacerlo. Son como si fueran alucinaciones. En esto que tengo que hacer ahora, no tengo nada concreto, sino que me vienen miles de imágenes, formas, figuras, posiciones, cómo puedo hacerlo, que gusten más, que me queden bien, que transmita, que cuente algo... Todo eso es lo que siempre tengo en mi cabeza: contar una cosa cuando estoy dibujando. Incluso, ahora, mis amigos, en broma, me dicen que cuando vaya a la ONCE no haga nada que cuente nada y, para mí, eso es imposible. Yo, para hacerlo, tengo que imaginar primero, dentro de mí, una historia. Para que esa figura o cosa que estoy dibujando tenga vida, como yo la veo dentro de mí. Que tenga volumen, movimiento... Evidentemente, caras no sé dibujar, pero si puedo centrarme y me imagino dónde está la cara y dónde puedo pintar la boca, ahí pongo una sonrisa o pongo una ceja. Es lo único que yo no puedo transmitir. Intento siempre que el cuerpo diga cosas. 

Le gusta cocinar... ¿Manifiesta esa creatividad que plasma en los cuadros en los platos o es más tradicional?

Cuando estoy cocinando me gusta ponerle a la comida cosas que me parecen que quedan bien y no lo que me dicen que lleva. A la hora de poner el alto, yo no veo para poner de comer. Es mi marido el que saca de comer y el que me dice dónde tengo la comida y el plato. Eso no lo veo. Pero sí me gusta cocinar.

En el gimnasio, ¿desconecta de la pintura o, por el contrario, piensa en sus nuevas obras?

Aunque sea muy pesada, yo estoy en un grupo de amigos y hermanos, que son también invidentes, y todas mis conversaciones, al final, acaban hablando de pintura: sobre lo que estoy imaginando que voy a pintar o estoy pintando o me han encargado un cuadro, o me han dicho que lo haga o me han llamado para hacer una exposición... Es más, yo siempre digo, cuando me conoce alguien, que no me saquen el tema de la pintura porque si no, vamos a acabar con esa amistad porque yo me encuentro que eso nunca se acaba. ni cuando duermo, en la calle... Es una obsesión, más que una afición. Estoy obsesionada con los carbones, con los óleos, con las tizas, con los lienzos... Siempre.

 

“Abrir la Semana de la ONCE es un gran regalo”

"Yo vuelo", dice María José Fernández

¿Qué opinan sus amigos de esta pasión que usted tiene por las artes plásticas?

Mis amigos, que soy muy pesada (ríe). No, me dicen que les sorprende mucho que no vea para andar, comer ni sé dónde está el vaso, pero yo puedo transmitir y centrar una figura, darle color y yo o lo sé. Y es que yo tampoco lo sé...

Seguro que usted tiene muchas influencias de artistas reconocidos, pero... ¿cómo, sin ver, aprende las nuevas técnicas o conoce las corrientes que se ponen de moda?

Aunque sea ridículo, yo nunca he visto un cuadro. Yo sé ‘Las Meninas’ porque, a mí, me han explicado cómo son ‘Las Meninas’. O me han dicho ‘Los Girasoles’ de Van Gogh. Son cosas muy puntuales que se me han quedado en la cabeza. O bien, los cuadros de Sorolla. Siempre tengo a Sorolla en la cabeza. Pero yo no sé por qué. Yo, a lo mejor, estoy pintando un cuadro y pido a Sorolla que me ilumine porque ese hombre, sin conocerlo, yo sé que, por lo que cuentan de él en los documentales, que hace pinturas con mucha claridad, con vestidos blancos, que juega mucho con niños jugando en la playa... es de los pintores que tengo siempre en la cabeza. Sin embargo, yo no lo sé por mí. Muchas veces me centro en lo que me han explicado de esa persona y no, por ejemplo, en Picasso, en Van Gogh. Si no, en Sorolla.

¿Recomendaría al resto de personas ciegas o con discapacidad visual grave que se sumergieran en la pintura?

Yo creo que pueden disfrutar muchísimo. Aunque no veamos, por supuesto, la imaginación vuela. Te hace pensar e imaginar muchísimas cosas. Yo vuelo. Yo me abstraigo del mundo cuando tengo un lienzo delante. Me lo dice mi familia. Me observan y me dicen que no estoy aquí. Te abstraes. Yo sí le recomendaría a la gente que, si tiene un poco de inspiración e imaginación, que lo intente porque yo creo que les va a reportar muchas cosas y les puede hacer crecer. Tampoco se trata de ser nada en la pintura, simplemente recoger en el lienzo todo lo que tú puedas crecer por dentro. Me aporta tanto... Me aporta más un lienzo, que, muchas veces, salir a la calle. Me da muchas cosas. Me llena por dentro. Me hace crecer. Es muy grande lo que siento cuando tengo un lienzo delante.

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