A la sombra de Chopin

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Pianistas ciegos o con discapacidad visual avanzan en sus carreras influenciados por el virtuosismo del compositor polaco

Decía Chopin, pilar central de todo pianista, que, para estudiar, mejor con los ojos cerrados. El compositor polaco más importante de todos los tiempos ha cautivado a todos los que han encontrado en el piano su verdadera pasión. Como el sevillano Víctor Gómez, afiliado a la ONCE por su discapacidad visual, el cordobés Raúl Roldán, ciego total, y el granadino José García, que sigue la estela del icono del Romanticismo musical sin brazos, con solo seis dedos, sin visión en un ojo y con apenas resto visual en el otro. Por muchas barreras que encuentren en el camino, todos ellos avanzan en sus respectivas carreras artísticas a la sombra de Chopin.

Víctor Gómez: “No hay límite que me condicione”

Víctor Gómez

Víctor Gómez (Sevilla, 1994) tiene una degeneración macular que tiene nombre propio, la enfermedad de Stargardt, que, en su caso, le afecta al centro de la visión, pero le deja resto en la periferia. Fue de nacimiento, aunque en casa no se dieron cuenta hasta que, ya con 6 años, anunció que no veía bien. A los 10 años se afilió a la ONCE.

“Ya con dos años mi madre me decía que me fijaba mucho en la música, lo tocaba con las manos y me llevaron a una guardería musical. Tocaba cualquier cosa y con 8 años me llevaron al Conservatorio”, explica encantado de compartir su experiencia.

En sus primeros años en el centro, el alumno estudiaba las partituras en A3, porque eran el doble de tamaño que A4. Sus padres le prepararon una especie de tabla gigante de madera, como una carpeta, para que cupiesen todas las partituras en A3. “Era un tocho llevarlo al Conservatorio”, recuerda ahora. Pero Víctor lo llevaba con naturalidad. “Lo que sí me chocaba es que mis compañeros podían leer las partituras mientras tocaban. Y yo lo tenía que hacer todo de memoria. Es verdad que leía más lento la partitura, al tenerlo que memorizar, pero fuera de eso nada más”. Aunque admite que, en un principio, sí tuvo la sensación de partir en una situación de desventaja respecto al resto de sus compañeros.

“A primera vista nunca podía leer una partitura porque me costaba mucho, pero cuando llegaba a clase tenía la partitura superampliada y la profesora me tenía que pasar la página cada dos por tres porque necesitaba pasarla más rápido”, explica divertido. “Antes no había tanta tecnología. Tenía un atril más grande para que cupiera toda la partitura, y no mucho más, solo una lupa para ver los detalles de las notas”.

Desde hace un par de años, todas esas barreras se arreglaron con un Ipad. “Me resolvió muchísimo porque la tablet te permite ampliarlo todo ver si la nota es sostenida o no, y desactivarlo en un segundo. Es una pasada”, dice encantado.

Víctor cursó piano hasta 6º de Profesional y siguió estudiando hasta que con 19 años se cruzó en su camino uno de los mejores pianistas residentes en España, el italiano Tommaso Cogato, con quien entró en el mundo real de la interpretación y descubrió una nueva perspectiva de la música clásica.

Víctor Gómez en clase con su maestro Tommaso Cogato

“Con él descubro una forma distinta de aprender, es entender la música clásica como algo didáctico, más práctico. Es como el que mira un cuadro y lo ve borroso, pero cuando tiene un cuadro delante lo ve todo muy claro. Cuando te lo explican con plasticidad lo entiendes mucho mejor”, señala. “Es que en los Conservatorios te enseñan música, pero no interpretación”, lamenta.

En la actualidad, Víctor recibe las clases semanales del maestro Cogato y cursa 2º de Grado en la Escuela Superior de Música de Alto Rendimiento de Valencia, con el objetivo de obtener el título, presentarse a unas oposiciones, dar clases en un Conservatorio, dar los máximos conciertos posibles, seguir investigando, y seguir disfrutando del piano. “Esto nunca se termina de aprender”, reconoce.

Su idilio con Chopin comenzó a los 16 años cuando su profesora de Conservatorio le puso de tarea el Estudio número 1 del compositor polaco. “Yo me decía, ¿cómo voy a tocar esto si es tan difícil? Y me dijo, pues tócalo lento”, dice. Con 10 años ya tocaba los valses de Chopin y conforme fue creciendo fue entrando en el mundo del romanticismo con la Polonesa, los Nocturnos, sus estudios. “Me encantó su musicalidad, todo lo que transmitía, me dí cuenta que tenía una expresividad que me encantaba”, afirma con emoción. Este pasado verano pudo, por fin, cumplir el sueño de visitar la Polonia natal de Chopin y conocer su Museo, su casa y sus partituras originales. “Me fascinó, salí muy motivado porque Chopin es el icono del siglo XIX, es el pilar central de todo para un pianista”, resume.

Víctor Gómez ofrecerá este mes de noviembre un concierto dentro de la programación de Los Lunes Culturales de la ONCE

Víctor, que logró el primer premio del Concurso Musical de la ONCE en su edición de 2017, no se pone límites a su carrera. “En ningún momento me frena la discapacidad -subraya-. De hecho, Chopin decía que deberíamos estudiar con los ojos cerrados, las personas ciegas atinan mejor en las notas y estudian mejor sus partituras ya que sienten la tecla y la visión es secundaria. En ningún momento me frena mi discapacidad visual y no hay ninguna razón para pensar que hay un límite que me condicione”, asegura.

“A veces se lo digo a Víctor -interviene Tommaso Cogato al inicio de su clase-. “Cierra los ojos, porque cuando tocamos con los ojos cerrados, los dedos se adhieren totalmente al teclado”. Y Chopin mismo decía que si cerramos los ojos los dedos van como por magia en su sitio. A veces la vista nos engaña, y tocar con los ojos cerrados ayuda. Muchos pianistas grandes dieron este consejo.

El maestro lo tiene claro, su alumno tiene una carrera artística por delante y triunfará como pianista. “Puede llegar a donde quiera, toca muy bien, va a ser un pianista muy solvente”, sentencia Tommaso tras anunciarle a su alumno que este año van a tocar todos los estudios de Chopin, “cosa que hacen pocos pianistas y él lo va a lograr, no tengo ninguna duda”, concluye.

Raúl Roldán: “Gracias al piano soy lo que soy”

Raúl Roldán reconoce la influencia absoluta que ha tenido Chopin en su vida como pianista

Desde muy pequeño, Raúl Roldán supo que la música iba a ser su pasión. Ya a los cuatro años empezó a tocar los primeros teclados y a los seis grababa sus primeros programas de radio caseros, con las míticas cintas de casete, en los que incluía piezas que se inventaba con el piano. Con ocho años entró en el Conservatorio donde finalizó sus estudios de 6º grado profesional a la vez que finalizaba también Magisterio, como especialista en educación musical. Y hoy con 37 recién cumplidos considera que el piano constituye una parte fundamental de su vida, aunque de forma más complementaria que profesional.

“El piano forma parte indisoluble de mi vida -explica Raúl con las manos apoyadas sobre el teclado-. Me ha hecho ser lo que soy hoy en día, es mi continuación, mi prolongación, es como una parte indispensable de mí, la que me ayuda a sobrellevar el día a día”.

La falta de visión -sostiene- no ha limitado en absoluto su carrera musical. “La discapacidad no me ha limitado -asegura-, sino que me ha hecho verla con otros ojos. Muchas veces el músico tiene que atenerse a estar sentado, mirar partituras, leerlas, y yo he tenido la ventaja que tenía que memorizarlas, pero le podía dar muchas veces mi toque personal. Eso en el Conservatorio tenía que limitarlo porque hay que atenerse a una forma de ejecutar las piezas, pero cuando me dejaban más libre iniciaba como una especie de diálogo con el piano en el que ambos nos hablábamos y nos decíamos lo que sentíamos. Hay veces que hablas con él, es una prolongación de ti. No, no ha limitado mi carrera la discapacidad visual, sino que me ha permitido hacerla más mía a un modo más personal, cambiante incluso, porque dependía de cómo fuese el día. Me ha hecho entender la música desde otra perspectiva”.

Para Raúl Roldán el Romanticismo constituye "una forma de vivir"

A este cordobés lo que más le gusta es componer. “Es una manera de dar rienda suelta a los sentimientos que me van a saltando cada día -reconoce-. Así, en función de lo que me va pasando, las piezas pueden ser de carácter más alegres, o un poco más, relajadas, melódicas o incluso tristes. Pero gracias al piano, soy el que soy”.

Raúl Roldán trabaja en la actualidad de psicopedagogo orientador escolar en el Instituto de Secundaria ‘La Fuensanta’ en Córdoba. Trabajó dos años como orientador en la Unidad de Educación Inclusiva de la Universidad de Córdoba y en 2010 se sacó las oposiciones de la Junta de Andalucía. Desde entonces ha trabajado en diferentes centros educativos y ha realizado intervenciones tanto en el Hospital Siquiátrico Penitenciario como en la cárcel de Sevilla 1. Pero su trayectoria laboral no ha resultado incompatible con la artística.

Roldán, segundo premio del Concurso Musical de la ONCE de 2017 y 2021, asegura que Chopin ha influido en su trayectoria como pianista. “A mi Chopin me ha inspirado y me ha determinado mi forma de componer, cuando compongo siempre me fijo en la armonía que usaba él, fue un maestro de la armonía. Cuando tú lo escuchas te transmite desde la tristeza más grande a la melancolía, el Romanticismo, esa versatilidad me ha condicionado mi manera de componer”.

Para Raúl, el Romanticismo no deja de ser un sentimiento y una forma de vivir. “Ya que la vida presenta ciertas adversidades, vamos a darles lo positivo, lo bonito, dentro de un realismo, romántico realista, hay que tener dulzura a la hora de tocar un instrumento. No se puede dar un carácter muy fuerte siempre a las obras -reflexiona en voz alta-. Hay que dejar que el que escuche cierre los ojos y que disfrute esa música, que la sienta y que la viva. Para él, como para Chopin, la música ayuda a dar belleza a la vida y cobra aún más valor en tiempos convulsos y adversos como los que el mundo atraviesa. “La música nos ayuda a decir basta, necesito un refugio, y Chopin te lo ofrece. ¿Por qué no paramos un poco a escuchar, a ver y a oír un arte, y escucharnos a nosotros mismos mientras vamos disfrutando de la música, de la armonía, del Romanticismo? -se pregunta-. El mundo sería mejor si fuéramos un poco más chopinianos”, se responde.

Pepe García: “Cuando toco, solo siento”

El talento de Pepe García llega este mes de noviembre a las semifinales de Got Talent, en Telecinco

Con 19 años, José García no sabe todavía si quiere dedicar su vida al piano en cuerpo y alma. Pepe ‘El Pianista’, como le conocen en Granada, nació sin brazos, con solo seis dedos, sin visión en un ojo y con apenas un resto visual en el otro. Pero ninguna de esas limitaciones ha mermado un ápice su potencial como músico, como compositor y deportista. Pepe estudia 2º de Ingeniería Informática en la Universidad de Granada, es subcampeón de esquí alpino de alto rendimiento, y cursa estudios de 6º de piano en el Conservatorio Profesional ‘Ángel Barrio de la capital granadina. Fue el ganador de la última edición del Concurso Musical de la ONCE y su rostro y su talante comienzan a ser ya conocidos en toda España por su paso en el programa de televisión Got Talent, de Telecinco.

Llegó al piano con 6 años después de ver a una amiga tocar, y con la inocencia que da esa edad se preguntó ¿por qué no voy a tocar yo como ella?, sin tener en cuenta sus limitaciones físicas y sensoriales. Aquella fue su primera barrera que derribar y meta que conseguir en la vida y, ya con ocho, comenzó en el Conservatorio. A los primeros profesores que iniciaron su enseñanza su capacidad, además de romperle los esquemas, les resultó extraordinaria. Y así está a punto de concluir sus estudios de 6º y pasará este mes de noviembre por las semifinales del programa Got Talent, bajo la atenta mirada del jurado que integran Risto Mejide, Paula Echevarría, Dani Martínez y Edurne.

“La vida me ha dado la razón que la sociedad no ha querido darme -explica con una madurez que todavía sorprende a sus 19 años-. Nosotros como humanidad nos gusta tenerlo todo bajo control. Sabemos que el piano se toca y se aprende de esta manera y cuando nos salimos de esos esquemas cuando vemos a alguien que nos revoluciona, nos da miedo y ese miedo nos echa para atrás. Aunque la sociedad me dijera que no puedo tocar porque necesitas los cinco dedos, la vida me ha enseñado que yo sí puedo tocar”, afirma Pepe, que concluye contundente: “Yo creo que he venido al mundo de esta forma para enseñar algo a la sociedad y a las personas de alrededor”.

El piano de cola preside el espacio principal del salón de su casa en Las Gabias (Granada), desde allí va todos los días a la capital para la Universidad o para el Conservatorio. Aunque la razón impone que sus padres prefieran que acabe los estudios universitarios antes que seguir con el piano, el corazón de Pepe no se pone límites. “Hay veces que estoy tocando una obra y digo que no voy a llegar a tocar esas notas, pero luego llego, consigo tocarla”, explica orgulloso.

Pepe El Pianista cree que crecerse ante la adversidad es una forma de vida que funciona

Pepe siente calma y libertad cuando toca. “Yo cuando toco el piano se me olvida que tengo los brazos como los tengo, me siento tan libre en el sentido de las teclas, la música, el sentir lo que estoy tocando, esa musicalidad, esa emoción, ese sentir que hay cuando tocas el piano que se me olvida todo los demás. Solo siento -confiesa-. Se me olvida los problemas del día a día. Muchas veces se me olvida hasta que tengo los dedos así, estoy sintiendo la música. Ya está”.

El pianista no menciona la falta de visión como un inconveniente porque, según dice, no le ha generado nunca ningún problema. “Las teclas están donde están, no es como cuando vas a un sitio nuevo que no conoces y tienes que ir mirando a todos los lados porque no sabes si hay un escalón para no caerte. El piano con los ojos cerrados, como Chopin lo hacía”, señala. Aunque su situación ha condicionado lógicamente su forma de aprender. “El único impedimento es que me tengo que poner con la obra en una mano y la otra ir memorizando, y luego cambio la mano y voy memorizando. Y cuando ya la tengo memorizada ni la uso. Es todo de memoria”, explica.

Para Pepe, crecerse ante la adversidad es una forma de vida. “Funciona -dice-. Lo aconsejo porque se aprende de los problemas. Si todos fuéramos perfectos y todo fuera perfecto no aprenderíamos. Yo no querría vivir en un mundo en el que todos fuéramos perfectos. ¿Qué aprenderíamos? Si todo fuera perfecto. De lo perfecto que sería horrible”.

| LUIS GRESA

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