Una cuestión de Orgullo

BOLETÍN 209 JUNIO 2026

Miguel Ángel Merlos y Belén Jiménez, dos ejemplos de lucha por los derechos de las personas LGTBIQ+ en Andalucía

Miguel Ángel Merlos, afiliado a la ONCE, técnico de Inserta Empleo en Cádiz y Belén Jiménez, vendedora de la ONCE en Granada, han sufrido discriminación y acoso por su orientación sexual. Hoy, lejos ya de estigmas, siguen proclamando su amor como bandera

Miguel Ángel Merlos, afiliado a la ONCE, técnico de Inserta Empleo en Cádiz y Belén Jiménez, vendedora de la ONCE en Granada, han sufrido discriminación y acoso por su orientación sexual. Hoy, lejos ya de estigmas, siguen proclamando su amor como bandera. España está considerada como uno de los mejores países del mundo para las personas LGTBI, el más garantista de sus derechos, el primero de Europa según el último informe del Mapa Arcoíris de la organización ILGA-Europe que analiza datos de 49 países europeos. Miguel Ángel Merlos, afiliado a la ONCE en Cádiz, y Belén Jiménez, vendedora en Granada, han vivido en algún momento de sus vidas en sus carnes el desprecio y la discriminación por su orientación sexual y temen ahora por el retroceso en los derechos del colectivo. Los dos llevan su amor como bandera. Es una cuestión de principios y, sobre todo, de Orgullo.

 

Miguel Ángel Merlos: “Siempre vamos a tener que seguir luchando”

Merlos en la fachada de la sede de la ONCE en Cádiz

Merlos no guarda ningún rencor por el desprecio que sufrió de muy joven a su orientación sexual. Hoy se declara feliz con su pareja y su entorno social y laboral, en Inserta, pero muy preocupado por el retroceso en derechos
 

Miguel Ángel Merlos (Málaga, 1992) comenzó a sentirse acosado bien temprano, tendría unos cinco o seis añitos. Fue en Vélez-Rubio, un pueblo de la comarca de los Velez, al norte de la provincia Almería, cerca ya de Murcia. Demasiado pronto para saber qué era eso de ser gay. “En el colegio se metían conmigo llamándome malagueña”, recuerda sin ningún resquicio de rencor. “Hoy me haría gracia, pero en aquel momento para mí era un mundo que todos los niños y las niñas me atacasen con eso -lamenta-. No entendía el por qué y he vivido vejaciones, insultos mofas y algunos actos un poquito más violentos”.

“También recuerdo que tenía un vecino que me llevaba muy bien con él, éramos muy amiguitos, tendríamos 6 o 7 años, y salíamos por las tardes y los fines de semana -comenta sin perder un ápice de serenidad-. Pero cuando llegábamos al colegio se unía al grupo de bullying y me atacaba igual que el resto. No lo juzgo ni lo culpo porque al final era un niño que se veía arrastrado por la norma, por el grupo y la sociedad y, o te unes al fuerte, o te comen”, dice ahora. 

Miguel, que siempre ha contado con el apoyo férreo de su madre y su hermana, reconoce la adversidad que supone ser gay en el medio rural. “Es especialmente cruel”, resume gráficamente.

A su infancia en Vélez-Rubio le sucedió la adolescencia en Puerto Lumbreras (Murcia) y allí volvieron los motes, los insultos, las discriminaciones. Con 12-13 años Miguel Ángel tenía más que clara su orientación sexual pero la sociedad de entonces le conducía inexorablemente a tener que ser heterosexual, y se esforzaba en pensar que le gustarían las mujeres y que tendría una familia “normativa”, rodeado de hijos, y se atormentaba pensando que tuviera que ser así. Eran ideas que él mismo se forzaba para tratar de huir del acoso escolar, la marginación, la soledad impuesta por la sociedad. Hasta que repitió 4º de la ESO.

“Ha sido una de las mejores cosas que me han pasado en la vida”, admite orgulloso. “Porque gracias a que repetí curso encontré a unas amigas que tiraron de mi hacia arriba, me ayudaron a empoderarme en aquel momento, a respetarme y a aceptarme como quien era, que era una persona muy normal, muy corriente, como cualquier otra pero que no le gustaban las mujeres”. 

Del sureste murciano, Merlos abrió nueva página de su vida en Málaga, donde estudió grado de Magisterio en Educación Primaria y se hizo técnico superior en Integración Social. La explosión de su identidad sexual coincide en el tiempo con la irrupción de la enfermedad de Stargardt, una causa genética que le provoca pérdida progresiva de la visión, sobre todo de la central. Y con 11 años se afilia a la ONCE, donde comenzó su trayectoria laboral como maestro en Cádiz y desde hace año y medio trabaja como técnico de Intermediación de Inserta Empleo en Jerez de la Frontera, donde tiene la sede Inserta para toda la provincia. “En la ONCE me han acogido con los brazos abiertos, nadie me ha preguntado nada fuera de lugar y se lo han tomado todo con muchísima normalidad. Yo hablo de mi novio como si fuera mi novia, aquí no he sentido ningún tipo de discriminación”, afirma.

Miguel Ángel en la oficina de Inserta en Jerez

Merlos, en su oficina de Inserta Empleo en Jerez de la Frontera, considera que los padres y los maestros, familia y escuela, son fundamentales para crecer en igualdad y respeto a la diversidad
 

A su juicio, la escuela y la familia son los dos motores principales para conseguir una sociedad verdadera inclusiva, igualitaria y respetuosa con la diversidad sexual. “Primero la casa y luego el colegio”, asegura. “Si tus padres te dan una mala educación en valores, en ética o en respeto, a ti en el colegio te pueden dar con un látigo para que veas la diversidad como algo bonito y normal, que tú vas a seguir viéndolo como el demonio que te están enseñando en casa”, explica gráficamente.

Miguel Ángel Merlos juzga que la base de todo reside en el respeto. “Es lo más importante, no te metas en lo que hacen los demás mientras a ti no te afecte. O sea, deja que la gente sea libre, sea feliz y viva su vida como quiera. ¿Qué más te da que haya dos personas que se den la mano en la calle o que se den un beso, o que se casen o que tengan hijos que seguramente lo van a cuidar mucho mejor de lo que lo podrías cuidar tú? Que cada uno sea libre de hacer con su vida lo que quiera, siempre y cuando esa libertad no afecte a la libertad del resto”. 

A su juicio, todavía en la Andalucía de 2026 quedan muchos estereotipos por vencer, como la supuesta promiscuidad de los homosexuales –“existe en todas partes, los cuernos llevan existiendo toda la eternidad”, matiza-, o el presunto rol masculino de las lesbianas; masculinizar a la mujer por ser homosexual o feminizar al hombre por serlo. “Tu forma de vestir o tu forma de ser no tiene absolutamente nada que ver con tu orientación sexual”, aclara por si acaso todavía hiciera falta.

Merlos piensa que habrá un día en el que todas las personas se vean igual y se respeten como iguales. Pero mientras ese día llega cataloga su pensamiento como una utopía. “Gente tonta siempre va a haber en el mundo”, vaticina. Y le da coraje que llegue junio y todo el mundo se acuerde del Orgullo en vez de hacerlo cualquier otro mes o cualquier otro día, lo considera como “un lavadito de cara para que el resto del año nos puedan dar una paliza en la calle al grito de maricón”, sostiene. 

Y, pese a la amenaza que supone el crecimiento de la extrema derecha en Europa y en Estados Unidos, Miguel Angel se aferra al avance de derechos liderado por España. “Hemos avanzado mucho y siempre habrá algún momento en el que retrocedamos, pero yo creo que va a ser para coger impulso y avanzar aún más para adelante” augura optimista. Aun así ve razones de sobra para seguir reivindicando el Orgullo como ocurre cada mes de junio para conmemorar la lucha histórica del colectivo en la defensa de su libertad. “No hace tanto tiempo que nos metían en la cárcel no tenemos que olvidarnos de la historia. Es muy importante seguir luchando por nuestros derechos, independientemente del colectivo al que pertenezca, porque siempre esa discriminación siempre va a venir por algún lado, ya sea un niño en el colegio o una persona en el trabajo o en la universidad. Yo creo que siempre vamos a tener que seguir luchando porque nunca vamos a conseguir esa igualdad para todos”.

 

Belén Jiménez: “Nunca he tenido que salir del armario”

Belén Martínez con un abanico arcoiris en sus manos

Belén Martínez no tuvo necesidad de "salir del armario", sin embargo, teme ahora más por la intolerancia de las personas jóvenes que por los mayores
 

María Belén Jiménez (Montefrío, Granada, 1971) tuvo clara su orientación sexual desde que tiene uso de razón. De pequeña, en lugar de juntarse con las amigas de su hermana Lola, prefería hacerlo con los colegas de su hermano Francisco. En vez de jugar al látigo o a la comba, prefería irse con su hermano al campo a cazar, a subirse a los árboles o a jugar al fútbol. Y siempre tuvo el apoyo de su familia, de su madre y su hermano sobre todo, no necesitaba más. “No sentía la necesidad de decirles nada porque se sentía cómoda y luego mi entorno, mis vecinos de Montefrío, nunca sentí ningún rechazo, la verdad”, comenta. “Es más, con 14 años pensé en hablar con mi madre para decirle por lo menos que me pasa esto y no me dio tiempo porque mi madre me dijo: “Sé lo que me vas a decir, si mejor que yo no te conoce nadie, y no tienes por qué taparte, ni sentirte mal, que aquí está tu familia para apoyarte”.

Pero fuera del entorno familiar y de amigos, ya en el instituto Belén, como le llaman en Granada todos y todas, sí que tuvo que escuchar insultos como machorra o marimacho. “Pero yo no me sentía insultada -aclara-, me daba igual, no está bien, pero yo no me sentí nunca mal”, asegura. Belén reconoce la adversidad que el medio rural supone en términos de respeto a la diversidad sexual pero su experiencia vital habla peor de las ciudades que de los pueblos. “Yo sí me he sentido alguna vez ofendida en mi ciudad, en Granada, pero nunca me ha causado efectos como para sentirme mal. Yo nunca he tenido que tapar nada en mi pueblo, ni en el trabajo, cuando me preguntan si estoy casada  y cómo se llama, pues fulanica, nunca he llegado a taparme". 

Ahora Belén observa movimientos en la sociedad que interpreta como un retroceso en derechos respecto a hace solo dos décadas. “”Es un poco fuerte pero las personas de 50 a 70 años las veo más liberales, nos respetan más que mucha juventud por desgracia y hay mucho camino por recorrer. Nos parece que está todo hecho y qué va, ni mucho menos”, se lamenta. “De hecho si yo me he sentido insultada ha sido en Granada, me han llamado tortillera, incluso he recibido algún escupitajo”.

Jiménez en su punto de venta en el centro comercial Alcampo

Jiménez es vendedora de la ONCE en el centro comercial Alcampo de Granada, donde le conocen todos, y ha sido en dos ocasiones proclamada como vendedora del año en la provincia de Granada
 

Dardos que nunca hicieron mella en Belén. “Al revés, si dicen, que digan me da igual. Yo me considero una persona como otra cualquiera y mi orientación sexual no tiene por qué importarle a nadie. Yo intento ser una buena persona, no tiene por qué ver nada con que yo me acuesto o me levante, o con quien conviva o deje de convivir”, explica en tono firme. Pero la calle, todavía en 2026, sigue mostrando señales de intolerancia y falta de respeto. Y lo sabe. 

“Si temo algo es por lo que viene detrás, por toda la juventud que venga detrás, que tengan que sufrir palizas como hace un par de días en un pueblo de Málaga, que dieron una paliza a tres chicas, eso sí le temo. Antes a lo mejor me sentía más liberal de cogerme de la mano de mi pareja y ahora me causa un poco más de respeto. Quizás le estoy temiendo cruzarme con alguien que se le cruce el cable. Eso ahora -reconoce- me da más miedo que antes y sobre todo las ciudades.

Como Miguel Ángel, Belen piensa que, por este orden, la familia primero y luego la escuela son los principales garantes de ese respeto y esa educación inclusiva. “Yo nunca he tenido que salir del armario. Pero aparte de mis padres y mi colegio, creo que debería haber más información y más apoyo a nivel político, nadie tiene por qué perjudicarte porque tú duermas con una persona o con otra”, subraya.

María Jiménez tiene miopía magna progresiva desde que nació aunque ha sido a partir de los 40 cuando se ha manifestado con mayor intensidad. Hace 12 años se afilió a la ONCE y desde 2015 es vendedora de la Organización en el centro comercial Alcampo, donde le conoce todo el mundo. En estos años ha sido reconocida como vendedora del año en la provincia de Granada en dos ocasiones, en 2019 y 2025. “Mejores vendedores somos todos, lo que pasa es que cada uno tenemos nuestra forma de vender”, dice restando mérito a sus premios. “¿Lo más gratificante de mi trabajo?, no sentirme una persona con discapacidad, me siento útil a todos los niveles”, se responde.
 
Un respeto al amor

Belén Jiménez sigue encontrando razones para seguir reivindicando el Orgullo en la Andalucía de 2026. “Hay mucha gente que piensa que ya está todo hecho y yo voy a seguir insistiendo en que no -repite otra vez-. Que nos falta mucho camino y les doy mucho ánimo sobre todo a los jóvenes, que no tengan miedo, que sean buenas personas y que luchen por lo suyo, que no están haciendo nada malo”.

También Miguel Ángel Merlos se muestra contundente. “Personalmente creo que al final lo más bonito que tenemos en esta vida es el amor, el amor a una pareja, el amor a un padre, el amor a un hijo, a un hermano, a un amigo. Discriminar en contra de ese amor es una aberración. Tenemos que respetarnos y dejar que cada uno se quiera como quiera o no se quiera, o que haga lo que quiera -proclama, que seamos todos libres de poder tomar nuestras propias decisiones y hacer con nuestra vida lo que queramos sin sentirnos señalados”.

De todo lo sufrido, por todo lo superado, Miguel no guarda rencor. No ha crecido como persona desde el odio pese al sufrimiento acumulado y se ha ganado el respeto de los suyos a fuerza de defender su propia identidad. “Yo esa etapa de mi vida la vivo como un aprendizaje, un camino, un sendero que he tenido que seguir para construir mi personalidad, mi forma de ser y para ser la persona que soy hoy en día”, concluye orgulloso con un punto de brillo en los ojos. “Ni cambiaría nada del pasado, ni tampoco le guardo ningún tipo de rencor, ni odio, ni mucho menos. No albergo odio, no tengo malos pensamientos hacia aquellas personas que en el pasado pudieron hacerme daño”.

 

Javier Vasco: “Es un reto de superación y aprendizaje permanente”

Javier Vasco con una bandera arcoiris en sus manos


Javier Vasco, único andaluz en el Grupo Motor LGTBI de la ONCE, considera que todavía hay muchos prejuicios invisibles en la sociedad que hay que vencer

El ranking del Mapa Arcoíris 2026, publicado el pasado mes de mayo por la organización ILGA-Europe, analiza datos de 49 países de Europa a través de 76 criterios y España cumple con el 89%, 11 puntos más con respecto a la anterior edición y una subida de cuatro puestos, que convierten a España en el primer país de Europa, que es como decir del mundo, en el respeto a las personas LGTBIQ+. 

La ONCE dispone de un Plan de Diversidad e Inclusión 2024 2026, que orienta sus actuaciones y refuerza su compromiso con la igualdad de trato y la no discriminación, e incorpora medidas relativas a las distintas diversidades. Y cuenta en este sentido con un Equipo de Agentes de Igualdad y Diversidad, presentes en los distintos ámbitos territoriales, que actúan como referentes y canalizan iniciativas, información y sensibilización en estas materias. 

Desde 2024 forma parte de la Red Empresarial por la Diversidad e Inclusión LGBTQIA+ (REDI), reforzando así su compromiso con la no discriminación de ningún tipo de talento para seguir construyendo una organización respetuosa, inclusiva, justa y diversa. Y en 2025, Fundación ONCE, Inserta Empleo y la Federación Estatal de Lesbianas, Gais, Trans, Bisexuales, Intersexuales y Más (FELGTBI+) firmaron un convenio marco de colaboración para defender los derechos de las personas LGTBI+ con discapacidad y avanzar así en la consecución de su igualdad real y efectiva.

Y el año pasado constituyó el Grupo Motor LGTBI de la ONCE, un equipo impulsor que está sentando las bases para el desarrollo futuro de un grupo de personas empleadas LGTBI y aliadas de la ONCE a nivel nacional. Javier Vasco, vendedor de la ONCE en Sevilla, es el único andaluz dentro de este grupo motor. En su opinión, este nuevo espacio fomenta el crecimiento personal mediante la comprensión, la visibilidad y el respeto mutuo entre personas que comparten una misma realidad. “Este grupo pretende ser un espacio seguro, un refugio de confianza y empatía donde no existen los prejuicios y cada logro se celebra con libertad -dice-. Nadie mejor que los trabajadores de la ONCE saben lo que es superar barreras. Juntos y juntas transformaremos a través del Grupo Motor las adversidades en un paraguas protector de amor y respeto”, asegura.

A Vasco, formar parte del colectivo con su discapacidad (tiene parálisis cerebral y Síndrome de Menière, une enfermedad rara que produce vértigos y pérdida de audición) le ha supuesto un reto de aprendizaje y superación permanente y búsqueda  constante de espacios donde sentirse plenamente aceptado. “La ONCE me ha permitido desarrollar una gran autonomía y demostrar que la discapacidad no define nuestras capacidades, ni nuestro valor profesional. Aquí he encontrado compañerismo, oportunidades y una organización donde la inclusión forma parte importante de la cultura laboral. Aun así -matiz-, como ocurre en muchos entornos, todavía existen prejuicios invisibles y situaciones donde una persona debe esforzarse el doble para sentirse reconocida más allá de su discapacidad.

Bandera del Orgullo

El nuevo Grupo Motor LGTBI dentro de la ONCE contibuirá a la visibilización del colectivo y a poner en valor sus derechos en la sociedad en favor de la igualdad
 

Estar ahora dentro de un grupo LGTBI específico dentro de la ONCE le ha ayudado a compartir vivencias con personas que también han tenido que enfrentarse al miedo al rechazo, a la necesidad de aceptación y a la importancia de poder expresarse libremente. “Encontrar un espacio seguro donde hablar sin sentirme juzgado ha sido fundamental para mi bienestar emocional, reconoce.

A su juicio, la combinación de discapacidad e identidad LGTBI puede hacer que, en ocasiones, una persona se sienta doblemente invisible. “He comprendido que la inclusión real no consiste solo en aceptar diferencias, sino en dar voz y oportunidades a todas las personas para que puedan mostrarse tal y como son”, afirma. Y hoy proclama orgullo que ser parte del colectivo LGTBI no es solo una parte de su identidad, sino también de su crecimiento personal. “Cada paso, cada dificultad y cada logro han contribuido a construirme una visión más humana, abierta y consciente de la diversidad”, asegura.

A Miguel Ángel Merlos la creación de este nuevo grupo de trabajo y concienciación en el seno del Grupo Social ONCE le parece también estupendo. “Que yo no necesite apoyo en 2026 no significa que a lo mejor dentro de cinco años sí lo necesite o hay otra persona que sí lo necesite en Sevilla, en Málaga o en Jaén, o en un pueblito perdido de la mano de Dios de Almería, como fue mi caso. Entonces, creo que es muy importante que se siga creando esas agrupaciones que puedan dar voz y puedan apoyar a cualquier persona que lo necesite”, concluye.

También Belén Jiménez lo aplaude con entusiasmo. “Me parece genial que la ONCE que nos integra a todo el mundo lo haga, da igual lo que seas, no hay marginaciones de ningún tipo y me parece genial, para mí es un orgullo, nunca mejor dicho”, sostiene.

| LUIS GRESA

 

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