La plantilla de la ONCE cuenta con vendedores de 25 nacionalidades en Andalucía

BOLETÍN 210 JULIO 26

Rumanía, con 15 trabajadores, Colombia y Venezuela con 6 son los países con mayor presencia dentro de la red de ventas

El conjunto plantilla del Grupo Social ONCE supera las 80.000 personas y en ella conviven más de 100 nacionalidades distintas a la española de personas con o sin discapacidad. En Andalucía, la ONCE cuenta en la actualidad en Andalucía con 62 vendedores procedentes de 25 países, en su mayor parte de América Latina y Europa del Este, un dato que revela la fortaleza del modelo inclusivo que lidera el Grupo Social ONCE, que es hoy el tercer mayor empleador de España y el primero a nivel mundial de personas con discapacidad. Juliet, Florín, Iván y Norma son cuatro ejemplos más de la riqueza humana que atesora la ONCE.

Rumanía encabeza la lista con 15 trabajadores, seguida por Colombia y Venezuela con seis, Italia con cuatro y Argentina, Bulgaria y Ucrania con 3. Por provincias, Málaga es la que cuenta con más trabajadores con otra nacionalidad además de la española, con 17 vendedores procedentes de 10 países, seguida por Almería, con 13 vendedores de cinco países y Sevilla con 12 vendedores procedentes de nueve países.

Las 25 nacionalidades con presencia en la plantilla de la ONCE en Andalucía son Rumanía, Colombia, Venezuela, Argentina, Bulgaria, Ucrania, Italia, Brasil, Polonia, Rusia, Marruecos, Cuba, Honduras, Ecuador, Argelia, Polonia, Uruguay, Perú, Túnez, Francia, Argelia, Guinea Bissau, República Dominicana y Portugal.

Conocemos el testimonio de cuatro de estos vendedores y vendedoras que son espejo de la realidad social de España.

Juliet Figueroa, venezolana: “Para ganar el sueldo de un vendedor en Venezuela hay que ser ministro”

Juliet en su puesto de trabajo
Juliet es agente vendedora en Lucena (Córdoba)

Juliet Figueroa era coordinadora de Legalización y Apostillas del Ministerio de Asuntos Exteriores de Venezuela cuando en 2021 decidió abandonar su país y abrir una nueva etapa en su vida en España. Tenía 35 años. “Caer en una cárcel venezolana es lo peor que le puede ocurrir a una persona”, dice gráficamente. “Siendo funcionaria pública con un cargo de alto nivel te quieren meter preso y no iba a permitir eso”, explica.

Dado su puesto, ella no sufrió en ningún momento el trauma de las colas para las compras más básicas de diario o llenar el depósito de gasolina, pero tenía claro que quería huir de Caracas. “La situación cada vez estaba peor, el dólar sube todos los días, el suelo mínimo está bajo cero en comparación a lo que cuesta un dólar, dos euros al mes, con eso no te alcanza para un pasaje. La inflación se lo come todo”, resume gráficamente.

Embarazada de su segunda hija, Abril, y con otra niña Ainhoa, entonces con 7 años, eligió Granada como primer destino porque era una de las ciudades que más le habían gustado en sus dos viajes de turismo a España en 2016 y 2018. Pero su aterrizaje no resultó nada fácil. El COVID le afectó a los riñones y casi pierde la vida y la de su hija que nació prematura con una insuficiencia real que le situó al borde de la muerte. Pero ambas salieron adelante y ella, adaptada a una nueva realidad, obtuvo el certificado de discapacidad que le abrió las puertas de la ONCE. Hace tres meses se estrenó como vendedora en Lucena, una localidad mucho más barata que Granada a la hora de establecer su nueva vida.

“El mejor trabajo que he tenido en España ha sido la ONCE -reconoce orgullosa-. La gente, los compañeros, los jefes son todos muy buenos. Estuve un tiempo trabajando en Teka en Madrid, que piensas que porque había más latinos que españoles vas a estar más como en casa y es peor que cualquier cosa en el mundo”, dice. “La ONCE es lo mejor que me ha pasado hasta hoy”, repite feliz. A Juliet le encanta la conexión con el público. “Tengo un club de fans de abuelitos que me buscan. Y dar premios me fascina -asegura-, se emocionan de una manera que hasta yo me emociono”.

Según sus cálculos, “para ganar un sueldo medio como el de vendedor de la ONCE habría que ser ministro en Venezuela”. “Tengas el cargo que tengas, son sueldos míseros, un sueldo como el de la ONCE no lo tiene nadie allí”, se lamenta. De Venezuela echa en falta todo, la comida, la casa, los amigos, la familia. “Pero no volvería, lo tengo superclaro”, afirma contundente.

A su juicio, la situación política de Venezuela tras la detención de Maduro por las tropas de Donald Trump el pasado 3 de enero no ha cambiado la situación del país. “Me alegro de la detención de Maduro pero no ha cambiado nada, siguen los mismos presos políticos inocentes torturados, y el dólar subiendo cada día más”, denuncia. Y desconfía del tutelaje de Estados Unidos sobre su país. “Lo que hace falta son unas elecciones de verdad”, concluye.

Florín Zaldea, rumano: “Lo que más valoro es la estabilidad”

Florín, sonriente ante su expositor
Florín ha pasado por varios países pero en España ha encontrado su hogar.

Florín Zaldea tiene algo de rumano, bastante de francés y mucho, sobre todo mucho de español. Nació en Turu Magurele, al sur del país, a unos 150 kilómetros de la capital, Bucarest, donde permaneció solo cinco años hasta que sus padres se trasladaron por razones laborales a Lyon, la segunda ciudad francesa. Allí estuvieron una década hasta los 15 años cuando se fueron a vivir a España. El amor se cruzó de por medio y al final acabó casándose con el hombre de su vida, Rodolfo, con residencia en la localidad sevillana de Mairena del Aljarafe, a la vera de la capital andaluza. Nunca la orientación sexual fue un problema en su vida, probablemente por la educación y el respeto a la diversidad de la Francia republicana. “No he tenido problemas nunca con eso”, dice orgulloso.

Trabajaba como verificador certificador aeronáutico en una empresa de Airbus, en Aerotrópolis, con un contrato de formación de tres años, cuando irrumpió en su vida una enfermedad rara, degenerativa, en la columna. Espondilitis Anquilosante se llama. Una patología que provoca mucho dolor, pero en dosis soportables, reconoce. Fue un golpe difícil de encajar. “Cuando me incapacitaron con 30 años fue lo más difícil que he vivido, me cambió la vida totalmente, verte así, con unos dolores tan grandes, no poder hacer nada hasta que me pusieron el tratamiento, porque tardaron hasta que me diagnosticaron, fue complicado porque soy una persona muy activa y quedarte tan paralizado ha sido complicado”, reconoce. Zaldea estuvo durante un año acudiendo al sicólogo “con una depresión muy grande”, admite sin reservas. “Pero no te queda más remedio que seguir”, añade.

Después vinieron trabajos muy temporales como teleoperador, primero el Telefónica, luego en Admiral, hasta que vio un anuncio en InfoJobs para trabajar como vendedor de la ONCE. En febrero pasado cumplió su primer año como vendedor en la vecina localidad de Sanlúcar la Mayor. “Ahora tengo más estabilidad, es lo que más valor, la ONCE me ha cambiado la vida porque tengo más estabilidad, hasta que llegué aquí el miedo más grande era la estabilidad laboral, tengo un trauma de la infancia, por tantos cambios constantes en la vida y cada vez que sale algo nuevo me cuesta adaptarme, y aquí si todo va bien, en tres años tendré un contrato indefinido. Continuar depende más que nada del propio vendedor, Y el sueldo también está bien -subraya-, nuestro sueldo base, y a partir de ahí todo lo que te esfuerces puedes ganar más, y en eso soy una persona muy competitiva”, afirma.

De su trabajo, lo que más le gusta es el trato directo con el público. “Se me pasa el tiempo volando, cuando me doy cuenta me tengo que poner una alarma para empezar a recoger”, explica sin perder un momento la sonrisa. “¿Dar un premio? Lo pienso muchas veces, siempre le digo a los clientes que hoy va a ser el día”, dice.

Guarda un trocito de su corazón para Rumanía y otro para Francia, pero su verdadero lugar es España, Andalucía, Sevilla. “Es mi casa, puedo ir a cualquier sitio, pero cuando vuelvo aquí, llegas a casa”, concluye gráficamente.

Norma Pierantonelli, argentina: “Es tan gratificante que casi no lo siento como un trabajo”

Norma en su punto de venta
Los trabajadores del restaurante ya ven a Norma como una más

Norma Pierantonelli monta su puesto cada mañana junto al restaurante Platero de Alhaurín de la Torre (Málaga). Con una sonrisa, dispone sus productos en su pequeño expositor y saluda a los camareros y los primeros clientes con una naturalidad que todo el mundo pensaría que es laurina. Sin embargo, su historia se remonta al otro lado del Atlántico. Norma Beatriz nació en la provincia argentina de Río Negro, y no fue hasta el año 2005 que llegó a nuestro país.

Como tantos argentinos en los primeros años del siglo XXI, Norma llegó a España buscando unas perspectivas de vida que su Argentina natal no podía ofrecerle. Pero antes de Málaga, pasó por Almería. “Vinimos un verano de vacaciones, estábamos mirando dónde podíamos establecernos. En un principio íbamos a quedarnos allí, pero entonces una amiga que ya vivía en Málaga nos invitó y quedé enamorada de este pueblo” comenta con un deje de nostalgia e su voz.

Norma empezó en las cocinas, donde le gusta estar “y todavía creo que se me da bien” bromea, pero la esclerosis que le diagnosticaron al llegar a España empezó a hacer mella “gracias a Dios, muy poco a poco” en su salud, y hoy en día le es imposible hacer lo que siempre hizo. “Probé con otros trabajos, limpiando casas, pero ya me cuesta mucho moverme. Fue entonces cuando me aconsejaron entrar en la ONCE y ahora estoy mejor que nunca” afirma contenta.

Durante estos 21 años, los ojos de Norma han visto evolucionar Alhaurín de la Torre desde el pueblo que era hasta la ciudad, casi ampliación de la capital que se ha convertido hoy. “Ahora es muy distinto la cosa que cuando llegamos. Todo ha crecido exponencialmente, hay mucho más gente. Pero aún sigue conservando su alma de pueblo, me gusta vivir aquí” dice.

Aunque se confiesa una víctima fácil del calor malagueño, Norma no falla a su cita con el trabajo en la Avenida Reyes Católicos. “Para mí, es tan gratificante que casi no lo siento como un trabajo – cuenta justo después de despachar a un cliente -. Vengo, me siento parte de una comunidad, ayudo, escucho, y lo más importante, ellos a mí también” confiesa, sin poder ocultar una sonrisa mientras habla. “Es un trabajo que me gusta hacer, me gusta sentirme útil. Espero dar algún premio grande alguna vez, pero tengo claro que aunque no lo de, hacemos una labor repartiendo ilusión” concluye.

Iván Todorov, búlgaro: “La gente en España hace las cosas mucho más fáciles”

Iván en su punto de venta en Málaga
Iván tiene pasión por mejorar día a día

Iván Todorov Ivanov nació en Bulgaria allá por 1991. Allí creció hasta los once (¿casualidad?) años, cuando decidió seguir a su madre, que ya había emigrado, en busca de un futuro mejor. Aquí, ella había formado una nueva familia, e Iván vio un nuevo comienzo.

“Después de más de dos décadas en este país, puedo decir que España es mi hogar. Aquí me he formado, he trabajado y he desarrollado mi vida personal y profesional” comenta el vendedor. “Como cualquier niño que cambia de país, tuve que adaptarme a un nuevo idioma, nuevas costumbres y una forma diferente de vivir. Sin embargo, al llegar tan joven la integración fue bastante rápida. Lo que más me llamó la atención fue la cercanía de las personas. En España la gente suele ser muy abierta y acogedora, algo que facilitó mucho mi adaptación desde el principio” agradece el balcánico.

Iván ha encontrado en la ONCE, dice, la horma de su zapato. “Lo que más valoro de mi trabajo es el contacto directo con las personas. Cada día conoces clientes diferentes, escuchas historias de vida y generas relaciones que van más allá de una simple venta. Además, trabajar en la calle me ha enseñado habilidades como la comunicación, la empatía, la capacidad de adaptación y la constancia”. En su puesto de venta en la calle Franz Kafka de la capital, se le ve contento, no hay duda de que disfruta de lo que está haciendo.

El vendedor tiene claro que su trabajo va mucho más allá de vender. “Llegué a la ONCE hace cinco años buscando una oportunidad laboral estable -cuenta- Durante mi jornada laboral estoy en contacto con cientos de personas, algo que me permite conocer diferentes historias y realidades. Fuera del trabajo dedico gran parte de mi tiempo a seguir aprendiendo. Me gusta estudiar tecnología, programación, ciberseguridad y finanzas. También disfruto desarrollando pequeños proyectos personales y experimentando. Creo que vivimos en una época apasionante, en la que el aprendizaje nunca termina”.

“Soy una persona inquieta a la que le gusta aprender, y tengo la suerte de que en este trabajo nunca dejo de hacerlo -afirma orgulloso-. Espero que el futuro me traiga salud a mí y a los míos por supuesto, pero también la oportunidad de seguir desarrollándome” concluye.

Publicador de contenidos

Más noticias de Vendedores

Publicador de contenidos

GRUPO SOCIAL ONCE
ILUNION

Visualización del menú

Enlaces de Utilidad

Publicador de contenidos