Mckenzie&Co o los otros hijos del rockanroll

BOLETÍN 205 FEBRERO 2026

Los MacKenzie durante un ensayo en la sede de la ONCE de Jerez

La banda jerezana tiene al batería Luis Carlos Sáez, ciego total, como pieza clave de un grupo que se consolida como un referente de la música de los setenta y ochenta
 

Ver en directo a la banda jerezana ‘McKenzie&Co’ es un chute de adrenalina en vena de la mejor música del pop rock de los setenta y ochenta. Versiones de The Beatles, Pink Floyd, Radio Futura, Nacha Pop y ese largo etcétera que ha construido la vida de varias generaciones ya. Sus artífices son Franki Souto, bajista y voz, Javi Souto, guitarra solista, Alejandro González, guitarrista y Luis Carlos Sáez, batería, la pieza clave, el centro de todas las miradas. Todos son hijos del rock and roll. Los otros hijos del rocanrol.

Luis Carlos Sáez es un hijo de la ONCE. Su padre, Ángel Sáez, zaragozano, pianista “de carrera”, fue uno de los artífices de los orígenes de la Organización en la España de los cincuenta y fue el primer delegado, como se llamaban entonces, de la ONCE en Jerez de la Frontera. Luis Carlos nació por tanto en una casa con piano. De hecho, sigue en su casa 68 años después. Creció entre notas y partituras. Ciego como su padre y su hermano, tres ciegos en la familia, no tuvo conciencia de serlo en los primeros años de su infancia. “No podía correr como los demás, no podía hacer lo que hacían los demás, pero a los 7 u 8 años ya sabía lo que era aquello”, explica con la mayor naturalidad. Enseguida le afiliaron a la ONCE, poco antes de entrar en el colegio Luis Braille de Sevilla.

Pero Luis Carlos no apostó por el piano. “Yo creo que por pereza más que otra cosa”, recuerda. “Hice un año de solfeo y lo aprobé. Empecé a dar clases de piano con Antonio Almaza, pero no llegué a examinarme, aunque me ha servido a la hora de tener idea de lo que son los compases”, sigue contando.

Su padre murió cuando tenía 12 años. “Era una persona muy recta, pero al mismo tiempo muy asequible. Yo no tenía noción de lo que hacía en la ONCE, pero tenía muy presente el tema de la música porque tocaba estupendamente el piano y me acuerdo de ponerse a oír música y explicarme lo que estaba sonando en cada momento. Era una persona muy querida aquí en Jerez”, declara con cierto orgullo, tras recordar que su padre fue el primero en poner en marcha un taller de ajedrez para personas ciegas dentro de la ONCE y uno de los pioneros también en el ámbito de la accesibilidad.

Su relación con la batería le viene desde muy pequeño, desde que su madre le regalara el primer tambor de juguete muy de chico y le comprara otro cada vez que lo rompía. “Yo siempre tenía un tambor en las manos, o un instrumento de viento o un teclado. La primera composición de percusión que recuerdo fue en un sillón, un tambor, un timbre de bicicleta y una carrocería de un coche de hojalata, lo que había entonces. A partir de ahí, mi padre descubrió lo que estaba haciendo y me compró la primera batería de juguete. Me acuerdo perfectamente de ella. Tendría cuatro o cinco años, una cosa así. Y luego ya me trajeron otra cosita más seria de Madrid. No pasaba de ser una caja de esas de marching y un bombo, un plato de casi como de chapa, pero bueno, era mi primera batería. Y luego cuando fui al colegio, sí ya empecé a tocar con cosas más serias”.

Alejandro Gómez en primer plano con Luis Carlos Sáez al fondo

La banda 'MacKenzie&Co', creada hace doce años, ensaya todos los miércoles en la sede de la ONCE de Jerez | Reportaje gráfico: Lorena González

Siempre fue un autodidacta. “Pero yo creo que todo es por un poco de pereza. Si hubiera tenido los tutoriales que hay ahora en YouTube hubiera estudiado más, pero a mí eso de meterme en un conservatorio y la disciplina que hay que tener, uf, soy muy poco disciplinado yo para estudiar”, reconoce. 

Pero Sáez no deja mucho margen a la improvisación. Se prepara bien cada tema. “Al principio cuesta un montón, pero cuando conocemos el tema, las distintas partes al dedillo y lo tenemos, entonces vamos a destrozarlo y ya le pones tu impronta”, dice gráficamente. Se fija en los patrones rítmicos, va desgranando las partes del estribillo y de cada estrofa, y sigue el trabajo que realiza el batería original con su toque personal, sobre la marcha, según le venga la inspiración como intérprete.

Y disfruta por igual de un ensayo que de un concierto. “La verdad es que la emoción, la hormiguilla esa que tienes en la barriga cuando vas a hacer un concierto no tiene precio. Y me gustan, sobre todo, los ensayos que te que obligan a buscarte fórmulas, a estudiar. Me gusta que te pongas objetivos porque un ensayo fácil la verdad es que me aburre”, asegura.

El ritmo de la banda

Primer plano de Luis Carlos tocando la batería

"Para mi la baterría es una forma de expresión", sostiene Luis Carlos Sáez, acompañado en los ensayos por su perra guía Keina 

En contra de la opinión de sus compañeros, él no se siente el pilar central de la banda. A su juicio, el papel del batería es ayudar a llevar el ritmo. “Como si fuera un metrónomo un poquito más avanzado, ayuda a los demás a llevar el tiempo”, matiza. Pero lo es. Cuando llega el momento del solo se viene arriba y se transforma. “La música te lleva muy arriba”, resume gráficamente. “Cuando estás ahí en medio, igual en los ensayos que en los conciertos, te eleva, como que te da un poquito de vuelo”, remata. 

Su perra guía, Keina, le acompaña en todo momento y asiste impasible a los ensayos, ajena a los decibelios, pero no a los conciertos, porque son ellos mismos los que montan y desmontan el escenario y eso le impide estar atento a ella. Él tampoco se altera por los nervios y si los tiene los disimula muy bien porque en directo no se inmuta por la bulla del público y en los ensayos tampoco cambia su tranquilidad por nada, salvo para dejar espacio a sus ironías y su contagioso sentido del humor. “Me lo tomo siempre con tranquilidad -afirma-, pero la hormiguilla siempre está, no es malo tener un poquito de miedo, de nervio al principio, da un poquito de salsa a la historia”, confiesa.

Sáez se declara mucho más fan de los Beatles que del rock andaluz y se nota en el repertorio de la banda, aunque también incluyen a los grupos míticos de los ochenta españoles, como Nacha Pop, Radio Futura, La Unión o los Hombres G, por citar algunos. 

“Para mí la batería es una forma de expresión importante -subraya alguien que se declara fan de Ringo Starr, mítico batería de The Beatles-. Me hubiera gustado hacer piano porque creo que es el instrumento que más me gusta, el teclado, pero la batería es una fórmula bastante importante de expresión. A mí no me pongas a cantar, ni me pongas a hablar en público, pero dame una batería, y fantástico”. Él niega que con los palillos y la banda delante sea otra persona muy distinta a la que es en la vida real, aunque la fuerza de su toque proyecta una imagen mucho más explosiva que su habitual temperamento sereno. “Yo creo que soy el mismo”, afirma.

Franky Souto, el compás y el orden

Franki Souto

Franki Souto, jefe de Juego en la ONCE de Jerez, reconoce que la banda le aporta tranquilidad y creatividad mientras que él le brinda "un poquito de orden"
 

Luis Carlos Sáez y Franki Souto, bajista y voz, jefe de Juego de la ONCE en Jerez, habían coincidido en otra formación durante poco más de un año y tras venirse abajo el grupo decidieron montar con Alejandro González, guitarra y también voz, la nueva banda, Mackenzie&Co. Era el año 2014. “Cuando empezamos a ensayar nos cedieron un local en una antigua bodega y estando allí ensayando descubrimos una lápida que ponía ‘Antigua bodega Mackenzie&Co’ que ya hoy no existe, pero tenía mucha fama y dijimos, ea, ya tenemos nombre para el grupo”, explica Franki.

Ahora ensayan todos los miércoles por las tardes en una sede de la ONCE de Jerez vacía para no alterar el ritmo del centro. Todos atentos a sus IPad donde guardan sus partituras, excepto Luis, que lo lleva todo de memoria.

La relación de Franki con la música se remonta a su infancia. Comenzó jugando con un teclado de juguete de niño y cuando tuvo oportunidad, trabajando ya en la ONCE, se estrenó tocando con el primer grupo de afiliados y trabajadores que se creó en la sede de Jerez. Era el año 2000. Duró cinco años. Luego, con su compañero del área de Juego, Luis Carlos, empujaron la creación de los ‘Mackenzie&Co’. Una vida artística que nada tiene que ver con la gestión pura y dura del área de Juego. “Después de una jornada larga de trabajo hace falta tener una válvula de escape y nada mejor que un buen ensayo musical para descargar toda la adrenalina con un tema de rock -afirma-. Desde luego para mi es una terapia para cuando termino de trabajar”.

Franki también disfruta por igual en los ensayos que en los conciertos. “En el concierto se disfruta mucho el contacto con la gente, los nervios, las ganas de que todo salga bien, es fantástico, pero nuestro día a día, nuestro ensayo, mínimo una vez a la semana, también. Esa rutina es perfecta y disfrutamos y además nos reímos un montón. Imagínate que una de las primeras cosas que compramos aquí, en el cuartito de ensayo, fue un frigorífico. O sea, que nos tomamos nuestra cervecita y muy todo es para eso, para desahogarnos y para y para tener. pues. Una válvula de escape a los problemas y a los líos cotidianos”, comenta encantado. 

A él la banda le aporta “muchísimo”, dice. Tranquilidad, relajación, creatividad, poner a prueba su capacidad de invención para versionar temas clásicos. Y él a la banda le brinda “un poquito de orden”, matiza. “El bajo es un instrumento que algunas veces pasa desapercibido cuando escuchas a un grupo y, sin embargo, ninguna banda que conozco es capaz de ensayar sin el bajo. Si un día falta un guitarra, pues venga, nos apañamos o falta. El cantante, pues tocamos en plan instrumental, pero tocar sin el bajo es difícil. Entonces yo creo que ese compás y ese orden, pues sí, que a lo mejor lo aporto un poquito”, comenta con seguridad. Franki siempre dice, en el tono de cachondeo que comparten todos, que Luis Carlos y Alejandro - “fanáticos de los Beatles”, precisa-, son arqueólogos “porque siempre encuentran piezas de The Beatles que ya nadie las recordaba, que estaban ocultas”, se ríe. Él es muy de los legendarios Kim Crimson y Pink Floyd, y más del rock andaluz de Triana, Imán o Guadalquivir que Luis Carlos. 

Con esa pasión era inevitable que Franki no transmitiera a su hijo Javi su vena rockera. Desde pequeño escuchó música en casa y pronto recibió como regalo una guitarra. Es la incorporación más joven a la banda que aborda una franja de edad generacional que oscila entre los 31 y los casi 70. “El mejor instrumentista que tenemos es él”, resume gráficamente.

Javier Souto, la joven promesa

Alejandro Gómez

Javi Souto, hijo de Franki, guitarrista en la banda, es el más joven del grupo y asegura que Luis Carlos es "un pedazo de músico"

Y no es pasión de padre. Todos en la banda opinan igual sobre Javier Souto. Su calidad, precisión y profesionalidad son una garantía -dicen- para el grupo. Desde sus orígenes ha estado vinculado a los Mackenzie, salvo un parón de tres años por sus estudios en el extranjero. “Es cierto que hay una diferencia de edad importante entre los miembros, pero al haber también una relación personal con ellos, familiar y de amistad, al final estamos en un punto de la vida muy parecida -opina-. Todos vamos a trabajar por la mañana y encontramos este ratito por la tarde para disfrutar y hacer música, así que no noto un cambio generacional muy grande”.

Javi está encantado con el resultado, un programa que mezcla las versiones más conocidas en su mayoría con las menos vistas y escuchadas. “Nos lo tomamos en serio y creo que damos un show muy divertido y profesional dentro de los bolos en los que nos movemos”, sigue contando. Souto junior cree que fue libre a la hora de elegir su trayectoria por más que su padre le abriera el camino de la música. “Yo pienso que sí, que pude elegir, pero vino desde tan pequeño que no sé qué parte es elección y qué parte es condicionado”, admite sonriente situado bien pegado a Franki dadas las escasas dimensiones del local donde ensayan.

Javi aprecia “muchísimo” a Luis Carlos. “A nivel musical -concluye-, es una figura, ha tocado con muchísima gente, ha hecho una música que a mí particularmente me gusta mucho, un rock más jazzero, y musicalmente lo admiro muchísimo. Me parece un pedazo de músico”.

Alejandro Gómez, el ronroneo musical

Alejandro Gómez

Alejandro Gómez, guitarra, es un apasionado de The Beatles y Radiohead: "Luis es un maestro, buen batería y mejor persona", sostiene
 

Alejandro Gómez, profesor de Formación Profesional, es otro de los miembros fundadores de la banda jerezana. El guitarrista lleva metido en la música toda la vida y aquí se siente feliz. “Es un grupo muy familiar, Franki es mi tío, Javi mi primo, Luis es como si fuera de la familia también. O sea, que compartimos música, amistades, ocio, etcétera”, comenta. Durante unos años fue el más joven del grupo hasta que se incorporó Javi “y eso les dio algo de vidilla”, afirma ahora que su primo le ha quitado ese puesto en el ranking de la juventud. “Es una oportunidad buenísima para tocar todas las semanas y estar siempre con ese ronroneo musical, que al fin y al cabo es lo que queremos”, añade.

En su top10 figuran The Beatles y Radiohead. “Luis es que es un maestro -sostiene-. Además, si es buen batería, todavía es mejor persona, es supersimpático, un tío cariñoso, alegre, siempre tiene ese punto de sobriedad, de saber estar, el que le da el punto a lo mejor de seriedad al grupo, ese punto entre comillas de caché, eso le da a Luis. Es un hombre que mantiene mucho la calma. Tiene sus puntos, de pronto te sorprende con algo, pero mantiene la serenidad siempre mucho”, termina diciendo.

“Un pedazo de genio”

Cristino Ortuno en la sala de ensayos

El director de la ONCE en Jerez, Cristino Ortuno, defiende que Luis Carlos Sáez es todo un referente en el panorama musical español. "Un pedazo de genio es lo que es", afirma

Después de doce años haciendo bolos en locales y participando en festivales y actos de la ONCE, Mackenzie&Co son una banda más que conocida en Jerez de la Frontera. “Forman parte de la galaxia cultural de la ciudad, son un referente, todo el mundo los conoce”, dice sin disimular su orgullo Cristino Ortuno, director de la ONCE en Jerez. A su juicio ya no sorprende tanto que una banda de pop-rock cuente con una persona ciega entre sus filas.

“A mí me encanta cuando la gente lo ve. Los he visto muchísimo y me encanta cuando al principio hay gente que a veces no lo sabe y evidentemente lo miran y dicen, qué raro, a veces no mira de frente. Pero sí mira de frente. Está poniendo de frente el sentido que sí le funciona, que es el oído. Por eso a veces él toca muchas veces con la cabeza girada porque está escuchando el monitor. Yo sí sé lo que está haciendo. Y cuando la gente lo ve o cuando la gente ve los momentos previos de montar y después desmontar la batería, como lo hace él sin ayuda de sus compañeros, o como sus compañeros lo tratan o funcionan con él como si no tuviese esa discapacidad, vuelve a ser un referente y funciona con el grupo sin ningún tipo de diferencia”.

Ortuno, que hizo sus pinitos artísticos en su etapa castellanomanchega, describe al batería como una persona muy divertida e irónica. “Con dos baquetas en las manos se transforma. De hecho, el resto de los compañeros lo llaman el maestro Luis y lo llaman el director de la orquesta de la banda. Y él no dice que ejerza de eso, pero sí sé que pone el equilibrio, el criterio muchas vece –explica vehemente-. Evidentemente un batería marca el ritmo. Se pongan los demás como se pongan al final, es el que va a decir cuando entran, cuando no, qué velocidad llevan y qué no. Y eso él lo lleva muy bien. Viéndolo y escuchándolo desde fuera tiene un sentido del ritmo bestial y sí que se transforma. Se transforma en un pedazo de genio, que es lo que es”.

Este mes de febrero, Luis Carlos Sáez cumplirá 68 años y no le pesan. Se declara en un buen momento, supermotivado con el pop rock de Machanzie&Co y renovado de ilusión con su nuevo proyecto, ‘Naima’, obra banda con la que está profundizando en la fusión de jazz con flamenco, un trío con un guitarrista y un contrabajo, al que suelen invitar a músicos locales de Jerez una vez al mes para completar la banda. “Quiero disfrutar lo que estoy haciendo y no me gustaría perder ninguna de las dos bandas”, asegura. Este año cumplirá doce años al frente de la banda rockera y un año en su incursión con el jazz.

Sáez tocando durante el ensayo

Luis Carlos sugiere a los afiliados a la ONCE que le pierdan miedo al instrumento y se atrevan con la música
 

“Yo presento a Luis como el como el director de orquesta, porque realmente es así -subraya de nuevo Franki Souto-. Cualquier batería siempre es el que marca los tiempos en el grupo, pero en el caso de Luis, pues todavía más. Luis es enriquecerte porque tiene un sentido musical y una cultura, también un bagaje musical superior a todos nosotros. Y cuando hacemos una actuación, hay gente que se queda a ver cómo Luis recoge la batería porque él siempre lo quiere hacer todo personalmente para tener sus cosas en orden. Nosotros estamos acostumbrados y muchas veces se nos olvida completamente que es ciego, pero la gente se queda alucinada viendo cómo se maneja, como toca, como guarda, como monta y desmonta el instrumento. Sin él, Mackenzie no existiría”, admite sin contemplación.

Luis Carlos Sáez prefiere huir de los elogios, como si no fueran con él, y recomienda a las personas ciegas que se animen a probar con la música en cualquiera de sus vertientes. “Hay que echarle narices y estudiar mucho -concluye-. Si yo esto lo hubiera sabido hace 50 años, creo que hubiera sido capaz de mejorar bastante. Esto es estudiar mucho y buscarse métodos y, sobre todo, no tener miedo. Yo creo que el secreto de afrontar un instrumento musical, el que sea, el que cada uno pueda, es no tener miedo al instrumento. Y bueno, y estudiar y ejercitar. Y lo que yo no he tenido nunca, mucha disciplina”.

| LUIS GRESA 
 

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