El campo contra la soledad no deseada

BOLETÍN 207 ABRIL 2026

Natalia Bueno, trabajadora social de la ONCE de Málaga, se hace con el Premio 'Innovación y buenas prácticas' de la ONCE por su propuesta de huerto urbano con afiliados

El pasado 6 de marzo se celebró la entrega del 8º Premio de Experiencias de Innovación y Buenas Prácticas en Servicios Sociales, una iniciativa impulsada por la ONCE que reconoce proyectos capaces de mejorar la calidad de vida de las personas desde un enfoque social, inclusivo y comunitario. En esta edición, el galardón, dotado con 2.000 euros, ha sido concedido a Natalia Bueno, trabajadora social de la ONCE de Málaga, por un proyecto centrado en combatir la soledad no deseada entre personas mayores.

La propuesta premiada, desarrollada en colaboración con la Asociación Almijara, gira en torno a una idea sencilla pero profundamente efectiva: reunir a personas mayores en un huerto urbano. Este espacio se convierte en un punto de encuentro donde los participantes no solo cultivan plantas, sino también relaciones personales, creando vínculos que ayudan a paliar el aislamiento.

Los tres integrantes cultivando, arando y descubriendo contenido sobre la fauna local
Los usuarios cultivaron con sus propias manos y aprendieron de la mano de la asociación Almijara sobre sostenibilidad local

La soledad no deseada es uno de los problemas sociales más relevantes en la actualidad, especialmente entre la población mayor. Factores como la jubilación, la pérdida de seres queridos o la falta de redes sociales activas pueden provocar situaciones de aislamiento que afectan tanto al bienestar emocional como a la salud física. Si a todo esto le añadimos la barrera de la discapacidad visual, la mayoría de los afiliados se convierten en personas potencialmetne vulnerables. Frente a esta realidad, el proyecto de Natalia Bueno ofrece una respuesta basada en la cercanía, la participación y el sentido de comunidad.

El huerto actúa como eje central de la iniciativa. En él, los participantes trabajan la tierra de forma conjunta, compartiendo tareas, conocimientos y experiencias. Esta actividad, además de fomentar la interacción social, proporciona beneficios físicos y emocionales. El contacto con la naturaleza, el ejercicio adaptado y la adquisición de rutinas contribuyen a mejorar la calidad de vida de los mayores.


Cooperación mutua

Pero más allá de los beneficios tangibles, el verdadero valor del proyecto reside en su capacidad para generar un sentimiento de pertenencia. Las personas que participan en el huerto dejan de sentirse solas para formar parte de un grupo, de una comunidad donde cada uno tiene un papel y es valorado.

Ramón Lozano, a sus 96 años, tomó parte en el proyecto y puso en valor la iniciativa de Natalia. “Me gustó mucho porque siempre he trabajado en el campo”, explica. “Esto me mantenía entretenido y activo, a la vez que unido a otras personas”. Su testimonio refleja cómo el proyecto conecta con la historia personal de los participantes, recuperando habilidades y recuerdos que refuerzan su identidad. En una población como la malagueña, que en gran medida fue víctima de una diáspora durante los últimos años del siglo pasado, los mayores que participaron en esta iniciativa conectaron no sólo con la tierra, sino con sus raíces. 

Natalia junto a Irene, Jefa d Servicios Sociales
Natalia explicó en conversació con Irene García, Jefa de Servicios Sociales, las distintas implicaciones del proyecto

El jurado del premio ha destacado precisamente este enfoque humano y cercano. En un contexto en el que la innovación suele asociarse a la tecnología, esta iniciativa demuestra que también puede surgir de lo cotidiano. La clave está en identificar una necesidad real y ofrecer una solución sencilla, accesible y replicable. Maria José Sánchez Lorenzo, directora técnica de bienestar social, prestaciones y voluntariado, se desplazó desde Madrid para entregar en persona este galardón que “es una muestra de cómo la buena voluntad de una sola persona como Natalia puede impactar positivamente en la vida de muchas más”. 

El corazón de la ciudad

Otro de los aspectos relevantes es el papel del centro cívico como espacio de desarrollo del proyecto. En esta ocasión, Natalia convocó las actividades en el espacio de La Noria. Se trata de un enclave esencial para la sociedad malagueña, donde se realizan paralelamente otros talleres y proyectos experimentales, principalmente relacionados con la ecología, que facilitan la participación y refuerzan el arraigo comunitario. El huerto no es un espacio aislado, sino parte de un entorno que favorece la interacción y la inclusión.

El reconocimiento otorgado por la ONCE no solo supone un impulso económico, sino también una forma de visibilizar este tipo de iniciativas. Proyectos como el de Natalia Bueno, aunque modestos en escala, tienen un impacto significativo en la vida de las personas y pueden servir de modelo para otras comunidades. “Mi objetivo con este proyecto era demostrar varias cosas, sobre todo que la edad no es una barrera - decía Natalia al recoger el premio. – Elegí a propósito perfiles que encajaban entre sí, de entre 75 y 94 años con resto visual, y demostraron que se puede combatir la soledad entre todos”. 

En términos de bienestar, los resultados fueron evidentes. Los participantes experimentan mejoras en su estado de ánimo, una mayor sensación de utilidad y una reducción del sentimiento de soledad. El simple hecho de tener un lugar al que acudir, una actividad que realizar y personas con las que compartir el tiempo supone un cambio significativo en su día a día.

Foto de familia
El premio es un reconocimiento a la amplia carrera de Natalia, que se jubila próximamente, muy querida en Málaga

El proyecto también fomenta valores como la cooperación, el respeto y la sostenibilidad, contribuyendo a una visión más amplia del cuidado social. No se trata únicamente de intervenir sobre un problema, sino de construir entornos que favorezcan el bienestar colectivo.

En definitiva, el 8º Premio de Experiencias de Innovación y Buenas Prácticas en Servicios Sociales ha reconocido una iniciativa que demuestra el poder de lo sencillo. Natalia Bueno, desde su labor como trabajadora social en la ONCE de Málaga, ha sabido transformar un huerto en un espacio de encuentro, apoyo y vida.

En una sociedad donde la soledad se ha convertido en un desafío creciente, especialmente entre las personas mayores, proyectos como este recuerdan que las soluciones pueden encontrarse en lo más cercano: compartir, escuchar y construir comunidad. Entre plantas, tierra y conversaciones, un grupo de personas ha logrado algo más que cultivar un huerto: ha cultivado relaciones, bienestar y esperanza.
 

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