FIRMA INVITADA: Fernando Díaz de la Guardia, director de 'Imbatibles'
El periodista granadino Fernando Díaz de la Guardia, uno de los rostros más reconocidos y queridos de Canal Sur TV, ha puesto en marcha ‘Imbatibles’, un proyecto de comunicación y sensibilización dirigido a compartir con la sociedad ejemplos de superación que son fuente de inspiración, como el boxeador José Peña. En esta primera tribuna de Firma Invitada del nuevo año Díaz de la Guardia explica la singularidad de este nuevo espacio de concienciación social que recorrerá Andalucía en este 2026.
'Imabatibles': La fuerza de la diferencia
El día de Reyes de 2024 cambió mi vida para siempre. Apenas podía apoyar la cabeza en una almohada porque el dolor que sentía en la nuca resultaba insoportable. Me levanté de la cama y me miré al espejo. Mi cara reflejaba una expresión extraña: no podía cerrar el ojo derecho y tenía media boca caída. La parálisis facial comenzaba a evidenciarse. Antes de que mis hijos abrieran sus regalos ya estaba en una ambulancia camino del hospital. Lo médicos querían descartar que se tratara de un ictus. Es curioso: una año antes iba en una carroza encarnando al Rey Melchor en Granada, mi ciudad, y ahora estaba dentro de una ambulancia. El diagnóstico era incierto. Con los meses concluí que hay mucho por investigar sobre las denominadas parálisis faciales periféricas. Las parálisis centrales tiene como origen un tumor o un ictus pero las periféricas, con frecuencia, son indeterminadas. Las llaman ‘idiopáticas’, que a mí, profano médico, me sonaba a idiota. Finalmente, concluyeron que padecía una enfermedad poco frecuente: el síndrome de Ramsay Hunt. El neurólogo me explicó que viene a ser como la culebrina dentro de la cabeza. El virus de la varicela se había reactivado en mi organismo. El herpes zóster había dañado el nervio facial que ‘irriga’ los músculos que generan el movimiento del párpado y de la boca. Las enfermedades raras pueden tener diagnóstico y no siempre pronóstico: nadie puede confirmar cuándo volveré a parpadear o siquiera si llegaré a hacerlo.
Para cualquier persona la parálisis facial es un problema (...) para un presentador significa una tragedia. La falta de parpadeo espontáneo hace que no resista las luces de los focos, salvo con gafas oscuras. Para un presentador la expresión del rostro es una herramienta fundamental para desempeñar su oficio. Yo trabajaba en Mediaset como conductor de su diario de actualidad ‘Cuatro al día’. Tuve que dejar mi vocación. La primera pregunta que me hice fue: ¿por qué a mí? Las semanas se volvían meses y la recuperación apenas asomaba. La vocecita que me pedía calma (“déjalo estar, déjalo todo”) se convirtió en una amenaza. Decidí ocupar la mente con música. No se trataba de oír, sino de escuchar la canción. Salía a pasear al campo con mis perros y escuchaba a Lapido, Aerosmith, Édith Piaf o el Concierto para Clarinete de Mozart. Escuchaba de todo para evitar la vocecita: para ocupar el espacio, para poner a salvo la salud mental.
Yo había perdido la sonrisa. No se trata de una metáfora. No podía sonreír, apenas esbozaba una mueca. La sonrisa es muy importante: es la mayor expresión de generosidad gestual con el prójimo y simboliza el bienestar de ánimo. Si yo sonrío, tú sonríes: hay un efecto espejo. Cuando miras a un bebé, es normal sonreír porque el bebé inspira ternura. Sin embargo, el bebé no te devuelve la sonrisa porque tú crees que estás sonriendo pero en realidad solo hay una expresión extraña en tu cara. Durante unos de mis paseos por los pinares junto a Jimbo y Choco, mis dos amigos peludos, mientras escuchaba ‘Non, je ne regrette rien’, comencé a recordar cómo sonreía antes. Cuando llegué a casa y me miré al espejo estallé de júbilo: “¡Puedo sonreír!”. Inopinadamente, el recuerdo de mi sonrisa anterior despertó el gesto de la felicidad. No era la ‘sonrisa denticlor’ de antes, pero era una sonrisa.
Fue la primera clave para mi recuperación psicológica: no puedo parpadear pero puedo sonreír. Y además puedo escucharte, sentirte, incluso verte. Desde entonces me aferro a lo que tengo y no a lo que me falta. La segunda clave surgió en el Hospital Virgen del Rocío de Sevilla. Allí conocí a dos pacientes. A Vanesa le habían extirpado la nariz por un cáncer y a María José la barbilla por una malformación que le causaba hemorragias en las encías totalmente incompatible con su supervivencia. La vida es por comparación: así que por comparación pensé que no sufría nada frente a las patologías de mis dos compañeras. Pero fueron ellas las que me situaron: “padeces algo que condiciona tu vida y tu vocación de siempre”. “Es más, te agradeceríamos que lo contaras porque hay muchas personas que experimentamos complejos sociales, porque nos miran por la calle, y lo que necesitamos es normalizar la diferencia”. Ahí pasé de la pregunta “por qué a mí” a la cuestión definitiva: “PARA QUÉ”. Soy comunicador desde pequeño. La cara pudo ayudarme, pero los que me trajeron hasta aquí son mi cerebro y mi corazón. Así que decidí no esconderme.
Decidí subirme a un escenario para compartir mi experiencia con personas que se han enfrentado a la adversidad de un modo que considero inspirador. Así nació IMBATIBLES, la experiencia de comunicación en teatros que dirijo junto a Nacho Lagos y la productora Lapa Creativa.
Disfruto del testimonio de Irene Villa o de Pablo Pineda; aprendo de todos ellos. Y ellos mismos aprenden con el ejemplo respectivo en una celebración de la adaptación, de la superación personal y de una conclusión: “no hay nadie invicto, todos perdemos en la vida, pero podemos sentirnos imbatibles o INTENTARLO”. Y eso intento cada día. Cuando me preguntan “cómo estás”, respondo: “quiero estar bien”. Y es la actitud que destaco en uno de los referentes de esta experiencia de comunicación que desde hace un año gira por Andalucía: JOSÉ PEÑA.
Se quedó ciego mientras opositaba a policía nacional. José me impactó en el Gran Teatro de Huelva cuando delante de cientos de espectadores afirmó: “qué guapos os veo”. José capta la belleza de ánimo. Capta la bondad y la maldad con una intuición que no solo se agudiza por la pérdida de un sentido, sino por su inteligencia emocional y su predisposición a comprender la necesidad ajena. José Peña hace honor a la fortaleza de su apellido para fajar la golpes de la vida y convertirse en el primer boxeador totalmente ciego del mundo. Pero sobre todo estamos ante un campeón de la resiliencia diaria. José representa la esencia de la adaptación y responde a la diferencia entre problema y circunstancia. Un problema es la pérdida de un ser querido; una enfermedad grave o no poder alimentar a tus hijos. Pero con frecuencia le damos categoría de problema a lo que simplemente se trata de una circunstancia de trabajo. José, con su bastón, nos advierte de la insolidaridad de quien aparca una moto sobre una acera. Y sobre todo nos advierte de la importancia de vivir el ahora y de ‘mirar’ al prójimo con empatía. Por eso lo considero un ser de luz por mucho que viva en la oscuridad física y por muy manido que esté el concepto de ‘ser de luz’. Una luz que nos alumbra, con bastón o sin bastón, por la senda del presentismo: el mañana es solo una recreación.
El momento presente integra nuestro patrimonio emocional y nuestra realidad tangible. Y lo hace desde la perspectiva de la diferencia. Como me dijo Pablo Pineda durante una de las conversaciones de IMBATIBLES: “lo normal es ser distinto”. Ahí reside la grandeza de la condición humana cuando la diferencia, además, la encarna otro rey mago: José Peña, el púgil de la honestidad.
Fernando Díaz de la Guardia López
Periodista y comunicador
Director de la experiencia IMBATIBLES