EN PRIMERA PERSONA: Álvaro Solano, vendedor, rapero, y agricultor

BOLETÍN 211 AGOSTO 2026

Álvaro Solano (Alhaurín el Grande, 1996) nunca entendió de barreras. Ni físicas -nació con una malformación en los pies pero fue incluso futbolista-, ni conceptuales, como demuestra con su rap rural. Su búsqueda constante de la 'pureza' es un ejercicio de ontología que, en un mundo cada vez más plástico, se esfuerza por destilar la esencia que aún queda en las personas. Desde su trabajo como vendedor de la ONCE en la capital malagueña hasta su estudio improvisado en una caravana en su finca de Coín, Álvaro y sus diferentes alter egos luchan por huir de lo impostado y reivindicar su manera de ser.

Vendedor de la ONCE, rapero, productor, padre, agricultor, le conocen como Álvaro, como Coke, como er Petaka y hasta como papá. ¿Cómo se definiría usted, para resumir un poco este párrafo tan largo?

Pues lo primero, lo que más me identifica a mí es que soy padre. Eso es lo más grande que a mí me ha pasado, el mirar a los ojos a tus hijos, el que el que te digan, "Papá”, es lo que más le llena a uno en el pecho. Y bueno, luego esto es como una cebolla, va por capas.

También soy vendedor de la ONCE que es lo que me da de comer, y lo que me parece que es un trabajo bastante gratificante, en el que puedes cambiarle la vida a las personas y tienes mucho contacto con la gente. A veces se te se te puede hacer un poco cansado, porque el trabajo de la calle al final no es para todo el mundo, pero bueno. Considero que además se me da bien, así que se me pasan las horas volás.

Esta entrevista ocurre en un lugar privilegiado. Al pie de la sierra, en un “rancho” acondicionado mientras cantan las chicharras. Este es un componente clave de su identidad en redes, la ruralidad. ¿Cree que es un rasgo infrarrepresentado? En este afán por hacerlo todo bonito, ¿no cabe el campo?

Hombre, es verdad que los campos -cada vez más- se están se están vaciando. Porque el campo es muy bonito, pero hay que trabajarlo. Aquí no hay día en el que tú no te puedas tumbar la bartola y decir: "Está todo hecho." Porque si no hay que desbrozar, hay que quitar mamones, hay que regar, hay que apañar huerto

Aquí en el campo no descansa uno, pero al final, el que se ha criado en el campo, porque yo tuve la suerte de, aunque yo más grande ya me fuera a vivir al pueblo a la casa de mis padres, pero desde pequeño yo me he criado en la Dehesilla, en el campo de mis abuelos y desde pequeño he conocido lo que es la vida de la vida del hortelano, Bastián el de los huevos. Es mundialmente conocido (ríe). Vendía huevos, vendía fruta, iba por todos los bares, hacía su ruta. Era su modo de vida.

¿Es esta su manera de reivindicar su legado?

Pues un poco sí la verdad, yo tenía claro lo que quería. Cuando entré en la ONCE,  uno quiere formar una familia, uno tiene un poco de prisa por tener un sitio donde poner el huevo.

La cuarentena hizo mucho. Yo por suerte, cuando pasó la cuarentena, estaba viviendo en el campo de un amigo. Él vivía arriba y a mí me alquiló la casa de abajo. Y ahí yo dije ¿tú te imaginas esto encerrado en un piso?

Sería insufrible. Esa época, yo por suerte la recuerdo como una época, aunque fue muy dura para todos, bonita, porque yo me levantaba, veía el campo. Además, como no se podía salir, como no se podía hacer nada, pues me hice un experto en el huerto, estaba a ello.

Y con eso yo dije: “Tarde más o tarde menos, esto es lo que quiero" Lo fácil es meterte en una letra, meterte en un piso y ya está. Pero es que eso yo sentía que no iba conmigo. Al final la cabra tira al monte, ¿no? Nunca mejor dicho.

Yo por suerte he sido un privilegiado y mi abuelo me ha podido dejar este terreno con el que poder empezar a hacer algo. Y poco a poco, moviendo papeles para arriba, abajo, pues me he podido hacer aquí mi ranchillo, y poco a poco pues voy mejorando esto.  Pero es que a mí me hace feliz el campo. Mi objetivo es cada vez más la autosuficiencia, poner las placas solares, cultivar la comida…

¿Ha abrazado siempre esta faceta suya, o ha intentado renegar de ella en alguna ocasión?

Claro que sí. Cuando yo me metí en esto del rap, renegué del campo, estuve viviendo en Málaga, intentando ser uno más en la urbe… pero es que eso no iba conmigo. Simplemente yo no valgo para acostarme escuchando coches, yo para dormir bien tengo que escuchar un ladrido, los pájaros… eso me devolvió para acá.

La música urbana hoy en día es una oda constante a “tener calle”. ¿Considera que debería tenerse menos calle y un poco más de campo?

Yo mismo he pecado de eso cuando iba de rapero antisistema. Uno intenta ir de eso. Pero al final estoy más cerca de Borrajo que del Bronx. Te das cuenta de que es un postureo, algo falso, al menos para mí. Yo no vivo eso.

Portada de un tema
La parodia, incluso de él mismo, es un elemento clave para Álvaro

Uno tiene que tratar de llevar una vida fiel a fiel a tus principios, fiel a tu a tus raíces, a tu forma de ser, a lo que tú quieres. Tú tienes que tratar de conseguir eso. Porque yo creo que la felicidad en que lo que tú hagas esté alineado con lo que tú eres. Para mí, vivir así es calidad de vida.

Hay un concepto que tiene un peso importante en tu imaginario, la ‘pureza’, la idea de lo auténtico ¿qué significa para usted la pureza?

Pues justo eso, ser auténtico, que todo te salga de dentro, fluido, natural. Yo por ejemplo me he dado cuenta de que no puedo vivir en la ciudad, que no es para mí. Pues mi pureza está aquí, luchando por dejarle a mis hijos un legado, por enseñar lo que a mí me parece destacable.

Es importante eso para mí. Al final uno ya cuando es padre, pasa a segundo plano.  La búsqueda de la 'pureza' mía va también por ellos, para que no sean autómatas programables, que van a trabajar, al supermercado a comprar y que luego se acuestan y que su vida pues, me parece una vida aburrida, triste, gris. Y la vida está para vivirla.

En ocasiones hasta el campo sufre de la fetichización de lo estético, del escaparate de redes sociales y la comunicación contemporánea. ¿Nos hemos vuelto de plástico? ¿Hay cura para ello?

Claro que sí. Pero la cura está ahí fuera siempre.  La cura está en salir de tu zona de confort. Muchas veces nosotros mismos nos ponemos límites en nuestra mente. Porque todo el mundo lo haga de una manera porque está así establecido no quiere decir que tú no puedas romper con todo eso y hacerlo más a tu manera, de una forma que sea más tuya y que tú te sientas más identificado y, en resumen, que te haga más feliz.

Esa es una de sus claves, ¿no? Hacerlo todo a su manera. Pero hay un proceso previo. ¿Te has tenido que autocensurar tú alguna vez?

Sí. Sí, muchas veces. O sea, realmente hay un proceso, que sea ‘auténtico’ no quiere decir que haga las cosas sin pensar. Yo no tengo la clave de lo que funciona y de lo que no, yo solo tengo una idea clara en la mente.

A mí me encanta expresarme mediante la música, mediante la comedia. Mucha gente de primera quiere hacerlo todo perfecto, tiene miedo al fracaso… y si yo me he dado cuenta de algo en todos estos años que llevo haciendo música es que no hay que buscar la perfección. Simplemente hay que dejarse llevar, apañarse a lo que uno tiene y hacer las cosas como te salgan. Pero dándole una vuelta. Además, creo que no sólo la idea, el proceso de creación es más largo que eso y en él también hay una parte de expresión.

Tan a su manera que todo lo que aprendiste de la música lo aprendió por usted mismo. ¿Cómo llegó a interesarse tanto a la música, tanto como para aprender de cero a escribir y producir?

Hombre salta a la vista que yo no salí de un conservatorio. A mí siempre me ha encantado siempre estar delante de la cámara, eso siempre ha nacido de mí. Pero al final yo soy un tío de campo, que no he tenido acceso a ninguna de esa educación formal.

Entonces, al principio yo descubrí el rap y empecé a escucharlo, empecé a empaparme de él y poco a poco empecé a escribirlo. Llegó un punto en el que yo tenía una necesidad de expresarme a través de eso, no sabía si era lo mío o no, pero quería hacerlo.

Luego conocí a Force y a otro chaval. Una de las cosas buenas de antes es que antes el rap no era una moda. Antes tú veías a alguien vestido de rapero y era como “no me lo creo”.

Ahí conocí a Mateo, un chaval colombiano que vino de Colombia buscando una vida mejor. Yo cuando vi a un chaval vestido de Ecko, de ancho, y le pregunté si era rapero. Antes no era tan normal, nadie escuchaba rap, y yo me sentía un bicho raro. A partir de ahí fue muy bonito, empezamos a hablar. Aunque él hacía un rap más romántico, todo pasa por algo, yo me pegué a él y conseguí hacer mi primera canción completa. No me gustó porque era así, romántica, pero fue la primera vez que conseguí terminar una canción.

 "Yo tenía la necesidad de expresarme rapeando. No sabía si se me daba bien, pero lo tenía que hacer" 

Sus trabajos acumulan varios miles de visitas en el primer mes desde su lanzamiento

¿Cuál es el paso más difícil?

El problema con la vergüenza no estaba en hacerlo, por lo menos para mí. El paso para mí fue compartirlo. Y más con eso, 13, 14, 15 años. Luego me junté con Force y seguimos haciendo cosas con un grupito que juntamos, estábamos juntos y hacíamos cosas. Y mira que eso no había por donde cogerlo. Por ningún lado.

Nos fuimos con un chaval de Alhaurín de la Torre que estaba en nuestra clase, que nos dijo que tenía un pedazo de estudio... Al final terminamos grabando el tema con el Mac hablándole de cerca (ríe) Fueron pasos, ¿no? No puedes empezar la casa por el tejado.

Hice dos temas que tampoco me gustaron, y fui juntándome con gente, haciendo música. De ahí cogí el impulso para decidirme a hacer una maqueta. “Mr. Coke producto del sur”.

De una forma rústica, como yo digo. Las bases cogidas de YouTube, todo como buenamente podía. Al final no tenía los conocimientos que tenía ahora, pero tenía que seguir pa`lante. Horas, en un ordenador o con un boli.

Por el Tuenti di con Gabriel Temblante por fin en ese proceso. Y si hoy hago música medio bien es gracias a él. Ya venía de grabar sus maquetas, tenía un recorrido que yo no tenía. Le debo mucho a él porque yo era arrítmico, encima tenía aparato, y la grabación parecía ruido blanco. Gabri se tuvo que poner conmigo y con palmas decirme Coke, el ritmo es así, bum bum bum…

Pues con él conseguí grabar a mi primera maqueta.  Yo estaba supermotivado, que eso no me llevó a ningún lado. Pero yo seguí, porque eso nacía de mí. Al final también yo era un chaval que no encajaba mucho.

Yo nací con un pie mirando para Cuenca y el otro para Canarias, que con un par de operaciones me la han intentado enderezar una mijilla, pero yo sufría bullying también un poquillo, tenía las paletas separadas… creo que lo difícil era no hacerme bullying, la verdad. Pero en el rap encontré una forma de soltarlo todo y de pertenecer a algo.  

Seguí subiendo el nivel técnico, grabando, yendo a sitios, hasta que empecé a sentir que mi camino no iba por ahí. Y entonces dije "¿Qué puedo hacer con esto?

Y ahí decidí ir más hacia la comedia, estuve un tiempo probando. No me fue mal del todo, me colé en La vida moderna, me presenté a un concurso de Ignatius y gané… pero aun así tampoco vi que fuese lo mío. Entonces se me ocurrió mezclar las dos cosas y ahí nació Er Petaka. El nacimiento de una estrella.

Y ahora, ¿en qué punto está?

Pues estoy muy contento con mi carrera y con lo que hago. Al final, ¿qué es el éxito?  El éxito para una persona será te tener miles de visitas, para mí es tener un rancho, que lo estoy mejorando, tener algo.

Estoy muy contento con este trabajo, siento que lo puedo hacer bien. Con mis pies, yo he estado en la obra y eso para mí no es vida, a mí me duele mucho, yo acababa fatal. Y con esto puedo trabajar y además tengo tiempo para pasar con los míos y hacer lo que me llena.

Después de tantos años, ¿qué busca? ¿sigue teniendo el mismo objetivo de la música?

 A ver, no, porque antes era un poco más como pura pasión. Y nada más. Y eso así no va a ningún lado. Al hacer el máster de mezcla y producción, toda la experiencia que yo he pasado, pues eso me ha llevado a seguir actuando desde la pasión, pero más más direccionado,

Ahora tú escuchas mis temas de Er petaka y por lo menos yo creo que ofrezco un producto pulido, profesional, aunque no viva de esto. Tiene una coherencia, su propio universo, aunque haga un tema más serio, siempre meto referencias del campo, mis propias referencias

Yo considero que no me ha ido mal. Pero el que lo crea porque no estoy en La Velada de Ibai, pues, es que me la suda, hablando en plata. Mi camino no va por ahí. Prefiero valorar cómo referentes míos como Gordo Master me comenten en algunas canciones y vea que he conseguido hacer disfrutar a alguien a quien llevo tanto tiempo siguiendo. A mí eso me vale más que cualquier otra cosa.

 "La pasión por sí sola no va a ningún lado" 

'Er Petaka' es un personaje basado en la persona, un habitante de su entorno

Hace poco sacaste nuevo trabajo, un EP completo. ¿Cómo es gestionar un proyecto así siendo una dedicación a tiempo parcial?

Pues teniendo organización y teniendo mucho foco. Básicamente, cada vez que yo pillo vacaciones, cada vez que tengo mis ratos libres a lo mejor voy escribiendo, voy dándole forma a la idea que yo tengo.  Pero cada vez que pillo vacaciones en vez de irme por ahí, alguna vez también me he ido por ahí, también me gusta, pero cada vez que pillo vacaciones pues siempre intento darle forma a lo que tengo, sacarlo adelante. Y por eso sin recursos, sin discográficas, sin apoyo de nadie externo, he sacado un producto que la verdad, a mí me flipa.

He llegado a un punto yo creo de madurez, creo que he equilibrado mi esencia y mi pureza.

Quién me iba a decir a mí que con 30 años yo iba a tener dos niños, una casa... sin ser una eminencia. Contra todo pronóstico, tengo que tener algo, o serán las ganas de seguir progresando siempre.

¿Se considera un hombre hecho a sí mismo?

Bueno, yo también creo que he hecho lo que he podido con lo que he tenido y al final, incluso diría que la discapacidad en su cierto modo fue una bendición.

No sé el caso de alguien que tenga un accidente y se quede mal. Lo mío es de nacimiento. Al nacer, los médicos le dijeron a mi padre que yo no iba a andar. Y al final terminé hasta jugando al fútbol, por cabezón.

He aprendido también a reírme de mí mismo y al final eso creo que lo reflejo en mi música. Creo que es muy importante, te blinda.

Yo he estado hasta de gorrilla. Lo que saliera, yo decía vamos, no es quizá algo que vaya a hacer toda la vida, pero seguro que sirve en ese momento y aprendo algo.

¿Y cómo encaja la ONCE ahí?

Pues mira, yo he estado en un montón de sitios y al final he encontrado aquí la horma de mi zapato. Llegué impulsado por mis padres, y me encontré con un trabajo con buenas condiciones, y, sobre todo, que yo podía hacer con mi discapacidad sin ningún problema, que además premia lo alegre que soy, lo que me gusta tratar con las personas.

 "Estoy enamorado de mi barrio y de su gente" 

álvaro en su puesto de trabajo
En Málaga, Álvaro encuentra una comunidad

Para mí no está pagado que se me pasen las horas voladas, por mucho que haya días duros porque al final estás en la calle, y, además, estoy enamorado de mi barrio y de su gente. En la colonia de Santa Inés caí de pie, estoy en un sitio donde de verdad me siento querido y yo los quiero a ellos, lleno de gente con pureza, auténtica. Tengo la oportunidad siempre de aprender algo de ellos cada día.

En una vida con tantos campos por explorar, ¿cuál es el próximo terreno en el que quiere incursionar?

Pues mira, tengo curiosidad por probar con los vlogs. Creo que me va a hacer salir otra vez de mi zona de confort e impulsarme a hacer cosas los domingos, ya sea una ruta en moto, o una manualidad, o un tema, lo que sea, pero cosas que me gustan. ‘Las aventuras der Petaka’ en más ámbitos.

¿Qué le pide al futuro?

Que me deje como estoy y que me deje mejorar por mí mismo. Que me ayude a trabajar la paciencia, esas veces que no avanzo al ritmo que me gustaría, y disfrutar del proceso con los míos.

Tengo mis objetivos y si no los consigo hoy será mañana, y si no pasado, pero sé que los voy a conseguir. Eso, y la salud de mi familia que esté bien para apreciarlo todo.

| CRISTÓBAL ANGULO

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