El trabajo más agradecido del mundo
24 alumnos de toda España se forman en el CRE de la ONCE en Sevilla para ser técnicos de rehabilitación, los TRs, un cuerpo de élite que ayuda a recuperar la autonomía a las personas que han perdido la visión
La ONCE ha recibido este año un total de 1.247 solicitudes de aspirantes a la formación para ser técnicos de rhabilitación, un oficio exclusivo de la ONCE, que resulta decisivo para mejorar la autonomía de las personas afiliadas. De los 81 preseleccionados, 24 alumnos y alumnas han sido los seleccionados para participar desde el pasado mes de septiembre, y hasta el próximo mes de febrero, en el curso especializado que se imparte en el Centro de Recursos Educativos de la ONCE en Sevilla, un auténtico máster que combina teoría y práctica para conseguir lo que consideran “el trabajo más agradecido del mundo”.
La figura del técnico de rehabilitación, los conocidos TRs en el argot de la Organización, se crea en la ONCE en la década de los 80, aunque ya en los 70, finales de los 60, existían los instructores de movilidad e instructores de vida diaria. De todos los diferentes y muchos servicios de atención personal que presta la ONCE a sus afiliados, el de Rehabilitación es de los que más inciden directamente en la mejora de la autonomía personal y calidad de vida de las personas ciegas. De ahí la importancia estratégica que la ONCE concede a la formación especializada de este auténtico cuerpo de élite dentro de los Servicios Sociales que presta la Organización.
La alumna Marta Cerezo, madrileña, guiada por el TR Carlos González en el patio del CRE | Reportaje gráfico: Antonio Pozo
Grados universitarios relacionados con el comportamiento humano, como Pedagogía, Psicología, Magisterio, Psicopedagogía, Educación Infantil, Educación Social, Terapia Ocupacional, Logopedia o Trabajo Social, y con una mayoría abrumadora de mujeres frente a los hombres, y una media de edad de 26 años, son los perfiles que conforman la plantilla de alumnos y alumnas que han comenzado su formación para incorporarse a esta profesión tan cualificada.
En estos cinco meses los futuros TRs se formarán en cómo optimizar los sentidos, especialmente el visual, enseñar habilidades de orientación y movilidad, uso del bastón, realizar las tareas de la vida cotidiana, adaptaciones de accesibilidad y uso de materiales especializados. Después a cada alumno se le asignará un destino en cualquier centro de la ONCE, de forma individualizada, para poner en práctica durante cuatro meses, entre marzo y junio de 2027, todo el contenido impartido en la primera fase desarrollada en Sevilla.
David Reyes: “Es una profesión única”
David Reyes, casi 27 años ya como TR de la Delegación Territorial de Andalucía, es el coordinador de este curso de formación que se celebra en el CRE de Sevilla hasta febrero
David Reyes, jienense de nacimiento, sevillano ya, ha cumplido casi 27 años como TR en la Delegación Territorial de la ONCE en Andalucía. Se formó en Castell-Arnau, en Barcelona, en el Centro de Rehabilitación de Ciegos Adultos, que era entonces el centro de referencia en la formación y la rehabilitación de personas ciegas en España. Y lleva por orgullo haberse formado ahí. Se licenció en Magisterio y Psicología, aunque su verdadera vocación fue siempre la atención a las personas.
“No concibo otra profesión que no sea esta -explica con entusiasmo- porque te permite desarrollarte como profesional experto en una materia que entra de lleno en momentos claves de la vida de personas. No hay otra igual, son muchísimas las satisfacciones”, asegura. David reivindica su singularidad porque no hay otro país donde se imparta de una forma tan integral la orientación y movilidad, las actividades de la vida diaria o la optimización del funcionamiento visual. “Es una profesión fuera de lo común que no se enseña ni se desarrolla en España fuera del ámbito de la ONCE”, subraya.
“Es una profesión única -insiste-, porque ves un resultado inmediato y muy satisfactorio en la progresión que consigues con una persona que pierde la visión y se enfrenta de nuevo a tener autonomía. Trabajas con ella y ves que lo consigue. Como dicen, estamos pagados doblemente, una parte del sueldo y la otra, lo personal y el afecto que recibes de las personas a las que atiendes”, afirma.
La madrileña Lidia Felipe haciendo prácticas de lectura con un microscopio
De los muchos profesionales que integran la cartera de servicios de la ONCE, el TR es el que más va a estar al lado de la persona que acaba de perder la visión para volver a recuperar su autonomía vital, para recuperar su rutina diaria en aspectos tan básicos como el aseo, vestirse, comer, o hacer las tareas de casa. “Es la persona que nunca querrías que se cruzara en tu vida, pero que luego, te alegras mucho de haberle conocido”, dice Reyes gráficamente.
Los TRs trabajan en coordinación con el resto de los profesionales de los Servicios Sociales de la ONCE, una maquinaria perfectamente engrasada para dar respuestas personalizadas a las necesidades específicas de cada afiliado. “Las situaciones difíciles hay que afrontarlas con información, con paciencia y una definición clara de los objetivos que hay que trabajar y una evaluación precisa del punto de partida de esa persona, y con el tiempo por delante que necesite cada persona -sigue comentando-. Eso también se lo transmitimos a nuestros alumnos. La atención que tenemos que prestar en rehabilitación tiene que ser de calidad y la calidad tiene que implicar necesariamente el respeto de los tiempos de la persona. Y tenemos que amoldarnos al estilo de aprendizaje, a lo que la persona espera ahora mismo de su vida después de la pérdida de visión. Y tenemos que encaminarle a que lo consiga. Son situaciones muy diversas y diferentes y somos capaces de sacarlas adelante”, sostiene Reyes.
En este sentido juzga importante no perder nunca el interés por seguir investigando y formándose en un mundo tan cambiante. “Hay muchas herramientas y muchas soluciones que antes no existían y que podemos aplicar al proceso de la rehabilitación. Por lo tanto, ese interés por seguir formándote y cooperar con el resto de los profesionales para que la profesión en sí dentro de la ONCE siga evolucionando y siga creciendo, son valores fundamentales para que alguien esté hoy en el curso”.
Ana Carrera: “Cada día y cada persona es un mundo”
Ana Carrera, en la actualidad TR en Zaragoza, hizo este mismo curso el año pasado y ahora es tutora en la formación que se desarrolla en el CRE de Sevilla
Sin vinculación alguna anterior con la ONCE, la madrileña Ana Carrera realizó el año pasado este mismo curso y trabaja en la actualidad como TR en Zaragoza. Este año está ejerciendo además como tutora ya de la nueva formación. “Fue un punto de inflexión en mi vida -reconoce ahora-. Fue entrar en una entidad que te da muy buenas condiciones y estabilidad y sobre todo, un trabajo que me encanta”.
Para ella ha sido un primer año como TR lleno de emociones, reconoce. “Ha sido un cambio muy importante, inesperado también. Y bueno, sí es verdad que me veo reflejada. Lo tengo muy reciente en muchas cosas que les están empezando a pasar a los alumnos y en esos nervios. Y luego también entiendo la parte de los tutores, que en su día, yo como alumna me costaba quizá más entender ese papel, pues este año me está tocando y no es fácil tampoco. En este tiempo, Ana ha descubierto el tesoro que se esconde detrás del equipo humano que sostiene los Servicios Sociales de la ONCE.
“He aprendido que el conjunto de profesionales que formamos los TR es maravilloso, es gente con la que puedes contar. Da igual en qué punto de España estés. Eso a nivel laboral, de trabajo en equipo. Y luego he aprendido muchos conocimientos técnicos, mucha aplicación. Y también que del día a día de la teoría a la práctica varía mucho”, asegura.
A su juicio, lo más gratificante de este puesto es trabajar con personas en pro de la autonomía de cada uno.” Lo más duro -reflexiona-, pues quizá esos casos que te llevas a casa de alguna manera que a lo mejor tienen situaciones un poco más complejas por la casuística que sea y que a lo mejor te lo llevas un poco más en la cabeza”.
La profesora María Ángeles Matey, ya jubiliada como TR en Barcelona, da instrucciones a las alumnas en prácticas en este curso de formación
La gestión del bastón no tiene por qué resultar lo más complicado de gestionar, en su opinión. “Depende un poco de cada caso -responde-. Es verdad que es algo que tenemos muchísimo más aceptado todos, pero sigue habiendo muchos prejuicios. Esa gestión es compleja pero trabajamos entre todos los profesionales para naturalizar todo esto y al final es natural”. Se refiere Ana a los prejuicios con los que llegan los usuarios y también a los que la sociedad pone de su parte. “Depende quién te llegue. Hay usuarios que sí tienen esas opiniones en la cabeza un poco formadas anteriormente, esa percepción a ser señalado, y la sociedad también”. Pero aclara que los TRs no son psicólogos, aunque a veces les toque ejercer algo de esa función. “Somos escuchadores -matiza-. Escuchamos las situaciones de cada uno y al final trabajamos con personas. Cada día y cada persona es un mundo. Y bueno, pues nos toca a veces tomar ese papel, claro”.
A su juicio, las habilidades sociales y valores como la empatía o el respeto son esenciales para triunfar como técnico de rehabilitación. “Al final trabajamos con iguales. Tenemos que ser muy organizados y sistemáticos”, resume. Ana, comparte con sus compañeros TRs que esta es la profesión más agradecida del mundo. “Porque trabajar sobre la autonomía de las personas y trabajar con una persona en dirección a lo que quiere conseguir, a mí me parece que es muy gratificante. Me he dedicado a ello toda mi vida laboral (es grado en Terapia Ocupacional) y lo sigo haciendo. Y tanto para uno mismo como para las personas con las que trabajas, es muy positivo intentar lograr aquellos objetivos que la persona se plantea para lograr ser lo más independiente posible”.
A sus 26 años Ana encuentra pros y contras en las nuevas tecnologías. Algunas ayudan y otras entorpecen, reconoce. “Este mundo está avanzando rapidísimo y lo que hoy es actual, mañana ya no lo es porque ha salido otra cosa. En ese aspecto también tenemos que estar muy actualizados porque es un mundo muy cambiante y está avanzando rapidísimo”, concluye.
María José Seseña: “La responsabilidad es inmensa”
María José Seseña ha cumplido ya 40 años como TR en Cataluña y todavía se sigue emocionando con los avances en autonomía personal que logran con los afiliados y afiliadas a la ONCE en su trabajo
María José Seseña, una cordobesa afincada en Cataluña, ha cumplido ya 40 años como TR en Barcelona. El principal cambio que ha observado en estas cuatro décadas es que antes la mayoría de las personas que llegaban a la rehabilitación eran ciegas totales y ahora una gran mayoría conserva algo de resto visual en mayor o menor medida. Los programas de rehabilitación también han evolucionado porque se han tenido que adaptar a esa nueva realidad, la llegada de las nuevas tecnologías que han trastocado todo lo que tiene que ver con las herramientas que facilitan la orientación en la movilidad, las aplicaciones de los móviles, la movilidad, el concepto de accesibilidad, mucho más ambicioso.
“Digamos que todo es más complejo y a la vez todo es más fácil -explica-. Porque para manejar toda esta tecnología se requieren habilidades pero, por suerte, cada vez hay más material adaptado para que una persona con discapacidad visual pueda acceder a un teléfono móvil, un ordenador o una aplicación, pero no quita para que tenga que seguir teniendo sus habilidades personales desarrolladas. Es una combinación muy buena -añade-. Cuando la persona tiene unas buenas habilidades personales y lo junta con las nuevas tecnologías, su nivel de autonomía suele ser bastante bueno”.
Para Seseña, el trabajo de TR exige mucha responsabilidad. “De alguna manera unas personas que tienen un problema severo de visión y han quedado bastante limitadas en su día a día, deciden ponerse en nuestras manos y se fían completamente de nosotros, con lo cual la responsabilidad que tenemos hacia esas personas es inmensa. No podemos defraudarlas -subraya-. Tenemos que afinar bien en el tipo de programa que vamos a hacer, conocerlos bien, que confíen en nosotros y convencerlos de lo que les vamos a enseñar. Que les va a resultar útil en su día a día y van a volver a recuperar en mayor o menor medida, dependiendo de cada persona. Esa responsabilidad es lo que más es lo más exigente en nuestro trabajo”.
La formación que realizan las alumnas y alumnos combinan teoría y práctica. De marzo a junio, en la segunda parte del curso, realizarán prácticas reales acompañados por un TR mentor
En cambio no ha visto un cambio tan gradual respecto al perfil de aspirantes a esta profesión desde los años 80 hasta aquí. “Yo los veo igual de motivados, de ilusionados, de sorprendidos, porque no se esperan el tipo de formación que van a tener porque es una profesión muy específica, solo existe la ONCE, no hay en ninguna facultad, en ninguna universidad hay carreras de TR. Y me recuerda mucho a cuando yo empecé -comenta con un punto de brillo en los ojos-. En la ilusión, en la motivación en general. Esta profesión tiene mucho de vocación y aunque de entrada no la conozcan muy bien, cuando empiezan a saber, cuando empezamos a contar de qué va esto, se les ve incluso más ilusionados”. Seseña reconoce que es un curso muy exigente. “Tienen que saber de todo, de oftalmología, de óptica, de todos los aspectos médicos y fisiológicos del resto de los sentidos, para luego poder centrarnos en lo que es ya el entrenamiento, lo que es nuestro trabajo. Hay que saber mucho para luego poder ser un buen profesional”, advierte.
Para ser un buen TR Seseña apunta varias claves. “Primero te tiene que gustar trabajar con las personas, eso está claro, y ser muy flexible, porque el contenido de nuestra formación es muy amplio, pero no con todas las personas vas a poder trabajar lo mismo, porque cada una es diferente y tiene sus capacidades y sus necesidades. Entonces tenemos que ser muy flexibles a la hora de diseñar un programa específico para esa persona”. Otra clave, la empatía, a niveles, dice, muy elevados, saber ponerse en el lugar del otro. “Por eso parte de nuestra formación es con prácticas simuladas en las que hacemos de ciegos para entender qué le pasa a una persona cuando no ve y se enfrenta a salir a la calle, a cruzar, a subirse en un Metro . Hay que tener una gran capacidad para ponerse en el lugar del otro. Y no sé, supongo que soy ser responsable, muy responsable, pero sobre todo eso, ser muy flexible”, enfatiza.
Para María José lo más gratificante de toda su trayectoria ha sido siempre el trabajo con las personas, “porque por mucho o poco que hayas trabajado con ellos, siempre ha habido algo que ha mejorado en su vida y aunque haya sido muy poquito lo que recibes a cambio de esa persona es mucho. Es algo que a mí me sigue emocionando”, dice ahogada por un momento por la emoción. “Yo diría que es el trabajo más agradecido y el más bonito del mundo”, concluye.
Duna González: “Lo importante es la actitud”
Duna González, madrileña, juzga vital la empatía para conectar con la persona que ha perdido la visión y enseñarle a ganar en autonomía personal
Los padres de Duna González, madrileña, son dos personas sordas. Ha tenido por tanto relación directa con la discapacidad desde que nació. Y siempre ha querido profundizar en la búsqueda de la autonomía de las personas. Así que se graduó en Terapia Ocupacional y en Lengua de Signos. Vio la oferta de la ONCE en Internet y, sin ser muy consciente de dónde se metía, en esa transición del mundo de los sordos al de los ciegos, optó, más bien por curiosidad, a una plaza de formación para llegar a ser TR. Le puede las ganas de ayudar. “Lo que más me atrae es el tema de la autonomía, pensar que una persona puede, en la medida de lo posible, volver a hacer cosas que son importantes para ella, y que al final eso impacta directamente sobre cómo se siente ella misma al poder realizar cosas, poder hacer y que lo pueda elegir”, afirma.
Para Duna, lo principal de este oficio es tener actitud. “Es importante toda la parte teórica y aplicar bien las técnicas y demás, pero todo eso se aprende siempre. Y si tú tienes actitud, vas a aprender seguramente por inquietud y por curiosidad, y también lo vas a trasladar de manera correcta con las personas, que es con quién tratas -explica segura-. Entonces, lo que más te atraviesa es la parte de la actitud que tengas, esas competencias de empatía muy básicas para poder tratar a la persona y poder vincularte con ella y trasladar realmente todo lo que aprendas”.
Ella encaja en ese perfil. Se declara una persona que empatiza mucho. “A veces en exceso, que creo que eso también es un punto débil”, reconoce. “Luego también me siento muy cómoda con el trato con la gente. Siento que soy un poco dicharachera y eso juegas normalmente a mi favor, sobre todo esa parte, el trato con la gente”. Duna confía que este sea el trabajo de su vida. “Espero que sea para toda la vida”, puntualiza. “Es un trabajo muy bonito y quizá esto lo puedo disfrutar toda la vida y puedo aportar toda la vida. Ahora mismo lo veo así, como una posibilidad bastante importante”, concluye.
Irene Piñol: “Las emociones son una fortaleza”
Irene Piñol, de Barcelona, teme que lo más difícil de gestionar va a ser desconectar del trabajo en casa
Irene Piñol, de Barcelona, es una de más más veteranas del grupo. Llegó de rebote a la Terapia Ocupacional. Siempre le interesó el arte y el patinaje artístico y acabó “un poco de rebote” en esa especialidad después de haber pensado antes en Fisioterapia que parecía más vinculado al deporte. A la ONCE llegó a través de su tía, afiliada, que empezó a hablarle de la figura del técnico de rehabilitación y de cómo le ayudaba a salir adelante. Y ahí prendió la mecha.
“Me sorprende mucho, aunque me lo esperaba, pero a la vez me sorprende la calidad humana y de conocimiento de los compañeros que nos están formando”, comienza diciendo. “Siento que realmente son personas que trabajan en equipo, centrado en la persona, y esto me está gustando muchísimo porque creo que son personas muy reales, muy como de verdad, no que tienen un discurso aprendido, sino que tienen ese perfil real para trabajar”.
Irene no cree que haya que tener una personalidad especialmente fuerte para afrontar las diferentes situaciones que puedan plantear los usuarios en esta etapa tan decisiva y a la vez vulnerable en sus vidas. “No sé si tiene tanto que ver con fortaleza, sino con flexibilidad y creo que con conocimiento también de tus vulnerabilidades y de tus límites, más que como fortaleza. Y lo digo porque me considero bastante sensible, que expreso mucho mis emociones. Hay veces que no le he puesto filtro y siempre se ha asociado mucho con la debilidad. Y yo creo que precisamente es una fortaleza todo este tema de las emociones, expresarlas y comunicarlas”.
Una TR toma la distancia de trabajo al leer usando un microscopio de alta potencia
Piñol prevé que lo más complejo de gestionar va a ser la desconexión con un trabajo que acaba resultando tan emocional. “¿Lo más difícil? Pues creo que darme descansos mentales. Es decir, irme a casa y decir ya está. Ahora es tu vida, es tu tiempo, desconecta -reflexiona en voz alta-. Porque al final las ideas surgen cuando surgen, al menos en mi caso no es, pues de 9 a 10 pienso de qué manera puedo mejor acompañar, surge de forma espontánea. A mí a veces me pasa, justamente antes de quedarme dormida, que ahí tengo como una fluidez de pensamiento super automático. De hecho en mi experiencia es lo que más he tenido que trabajar, pero bueno, ahí estoy trabajándolo”.
Y no le preocupa que entre una persona y otra haya un abismo porque cada uno sea un mundo en sí mismo con necesidades bien diferentes. “A mí me gusta pensar que al final hay un común, que somos personas. Si tienes la actitud de acercarte desde la escucha y desde la humildad, la naturalidad, el saber escuchar, yo creo que eso es clave para ir adaptándote a las diferentes personas, a los diferentes procesos de vida, a las diferentes etapas”.
Irene espera seguir enamorada del trabajo de TR tanto, como del de la Terapia Ocupacional.
Álvaro Franco: “Me veo aquí toda la vida”
Álvaro Franco, sevillano, reconoce que el trabajo de TR es muy exigente "sobre todo contigo mismo", sostiene
Uno de los dos hombres que conforman la plantilla de este curso, con otras 22 mujeres, es Álvaro Franco, sevillano, maestro de Primaria y Educación Especial. Antes de dedicarse a la Educación coqueteó con las finanzas y la gestión empresarial pero pronto se dio cuenta de que el trabajo “de oficina” no era lo suyo. Que lo suyo era el trato con las personas. Así se enamoró de la Educación Especial y de ahí a la ONCE. “El paso de la enseñanza a este tipo de trabajo lo concibo como muy similar porque al final estás transmitiendo todo tu conocimiento a los diferentes afiliados que vas a tratar a lo largo de la carrera en la ONCE”, comenta.
De hecho, centrarse en los alumnos con necesidades educativas especiales le ha facilitado mucho su incorporación a la formación de TR, dice. “Al final es un trato más personal, más individualizado, estás más en contacto con la familia, más en contacto con los niños. Entonces, no es no ha sido un paso muy grande para mí porque al final aquí estás transmitiendo todos tus conocimientos, estás desde con niños hasta con personas de más edad. Y estás haciendo más o menos la misma función de enseñanza”, explica.
Para Álvaro también lo más gratificante es ese trato directo con las personas y ver cómo van evolucionando. “Que entre una persona nueva, que haya perdido la visión o que tenga poca visión, e ir trabajando con ella y ver que cada vez es más autónoma, que va haciendo las cosas por sí sola y va evolucionando, para mí es bastante gratificante”, confiesa. Y le preocupa como a Irene saber aparcar el trabajo de su vida privada. “Saber diferenciar cuando sales del trabajo y llevártelo a casa. Es decir, al final vas a conocer muchas personas, diferentes historias, diferentes vidas. Entonces, como salir del trabajo y desconectar, creo que va a ser un poco complicado, pero bueno, con el tiempo supongo que se irá trabajando”.
Las alumnas Marisa Carmona, de Sevilla, y María Movellán, de Cantabria, en las prácticas de Optometría
Franco admite que es un trabajo muy exigente. “Sobre todo contigo mismo, a la hora de transmitir los conocimientos, a la hora de formarte, que esa formación sea continuada, porque al final técnica, la tecnología va cambiando y tienes que actualizarte, y contigo mismo debes de ser bastante exigente”, dice.
Él se muestra seguro ante el reto que supone esta profesión. “Yo me veo que doy bastante el perfil. Y sinceramente me veo aquí toda la vida, la verdad. Esa es mi expectativa -afirma con certeza-. Lo poquito que hemos visto, porque llevamos poco tiempo en el curso, me está gustando muchísimo porque estamos en una amplia gama de conocimientos que estamos adquiriendo, tanto de Oftalmología, Óptica y todas las técnicas, o Psicología. Y estás haciendo una labor social, tratando con diferentes usuarios y estás ayudando a mejorar la vida de las personas”, concluye.
Ética, pasión y confianza
La tutora Ana Carrera pide a los alumnos que aprovechen la oportunidad que tienen por delante y aprendan mucho. “Esta formación es intensa y compleja, pero después de verdad que van a ver todo el sentido y van a agradecer mucho el tener una formación tan completa”, asegura.
David Reyes, coordinador, les recomienda pasión. “Que no pierdan de vista nunca la implicación ética que tiene nuestra profesión. Me refiero a la calidad del servicio que tenemos que prestar, la confidencialidad de lo que las personas ponen en nuestras manos, ese proceso de restauración de la autonomía. Y también atender y hacer progresar y trabajar en equipo, y cooperar con el resto de los compañeros”.
Y María José Seseña, la tutora con más veteranía, les recomienda que lo disfruten. “Que se lo crean sobre todo porque somos los primeros que nos tenemos que creer que la autonomía en las personas con discapacidad visual es posible. Si yo no me lo creo, no puedo transmitirles a mis alumnos seguridad, confianza, paciencia con los aprendizajes, que a veces son lentos. Se lo tienen que creer y si se lo creen, serán buenos profesionales”, asegura convencida.
El curso de formación iniciado en el CRE de Sevilla concluirá el próximo mes de marzo, después cuatro meses de prácticas reales acompañados por un mentor
El próximo 12 de febrero concluirán la primera parte de su formación en Sevilla dejando atrás recuerdos y lazos de amistad que, en muchos casos, permanecerán ya de por vida. Y después vendrán las prácticas reales con usuarios, cuatro meses de marzo a junio de 2027, en la que estarán acompañados por un TR mentor antes de conocer su primer destino laboral. Y a partir de ahí, a disfrutar del que dicen es, el trabajo más agradecido del mundo.
| LUIS GRESA