Una pasión de fe

BOLETÍN 207 ABRIL 2026

Ismael Roldán, costalero en su hermandad de Alcalá de Guadaíra (Sevilla)

Afiliados y vendedores de la ONCE comparten sus vivencias como miembros de las Hermandades que procesionan en la Semana Santa de Andalucía

Para muchas personas la Semana Santa trasciende el tiempo que transcurre entre el Domingo de Ramos y el Domingo de Resurrección. Es un sentimiento que vive en ellas todo el año y que alcanza su máxima expresión en los días de la pasión. Lo saben bien afiliados a la ONCE y vendedores como Ismael Roldán en Alcala de Guadaíra (Sevilla), Rafaela Trillo en Córdoba, Enrique Marín en Almería o Sonia Navarro en Utrera (Sevilla). Son ejemplos de una pasión de fe.

Ismael Roldán, costalero de la Hermandad de la Borriquita de Alcalá de Guadaíra (Sevilla)

Ismael Roldán es un hombre de fe. A su manera. No de misa los domingos siempre, pero creyente firme y un convencido de la espiritualidad que genera la Semana Santa durante todos los días del año, no solo en las fechas de su celebración. Su primera Hermandad fue la de Jesús, en Alcalá de Guadaíra, su localidad natal, de la que fue miembro con su hermano. A los 15 años ya ejerció de costalero en la Hermandad de la Borriquita y en 2005 fue uno de los hermanos fundadores de la Hermandad de La Tercera Palabra, referente y guía del barrio de Campo Las Beatas con los pasos del Cristo de San Miguel y la Virgen de la Salud.

Roldán esperando cargar el paso

Roldán es hermano de la Borriquita, de la que es costalero, y La Tercera Palabra en Alcalá de Guadaíra

Su currículum espiritual pasa por tanto por al menos tres hermandades principales, ya que ha sido también costalero en otras cofradías de localidades vecinas como Salteras y miembro de la Agrupación Musical del Santísimo Cristo de la Bondad, donde tocó durante cinco años la trompeta y la corneta. 

Una fe, la suya, que no se ha visto quebrantada en lo esencial a pesar del giro de guion que experimentó su vida con la aparición de una retinosis pigmentaria hace ahora 14 años. En 2014 se afilió a la ONCE. 

“La vida me ha cambiado al cien por cien, la verdad”, reconoce. “Cuando me diagnosticaron pasé un pequeño duelo. Bueno -se lo piensa mejor-, me he pegado prácticamente 15 años que apenas salía de mi casa, solo para lo justo, para ir a la peluquería o alguna cita médica, o cualquier cosa así, que tuviera que salir algo puntual. Pero la verdad es que la ONCE me ha ayudado muchísimo. Primero, porque he tenido que salir de mi casa y he vuelto a tener contacto con la sociedad. El hecho de poder hablar con la gente, de sentirme realizado, sentir que vales para algo, tener una rutina, poder salir cada día, hacer una vida normal y sentirte valorado es muy importante”, reconoce.

“Me da todo el sentido”

Antes de entrar en la ONCE trabajó en el tratamiento de la resina de poliéster y las fibras de vidrio, en el campo de las puertas automáticas y en la cadena de montaje de una fábrica de colchones. Y en junio pasado se estrenó como vendedor de la Organización en el barrio de San Agustín. “Lo más gratificante es el cariño con el que te trata la mayoría de la gente y que yo, por lo menos, me siento muy realizado como persona”, comenta.

Roldán bajo el paso

“Lo más gratificante es el cariño con el que te trata la mayoría de la gente", dice Ismael
 

La discapacidad visual fue un frenazo a su fe. “Sí que tuve crisis, la verdad -admite tras una pausa de silencio-. Siempre uno se pregunta por qué, por qué a mí no o por qué yo, pero bueno, al final he salido para adelante y he conseguido entender que quizá es una cosa (la discapacidad visual) que sea necesaria o que haya estado ahí para poder ser quién soy”. 

Ahora es hermano de la Borriquita y La Tercera Palabra, pero costalero solo ya en la del Domingo de Ramos que abre la Semana Santa en el universo católico. Aun así, pide vacaciones en la ONCE esa semana para poder vivir intensamente su pasión. “Esto no es negociable. La Semana Santa la tengo que coger sí o sí”, le dijo a su gestor de ventas.

Lo que más le toca el corazón -sostiene-, es un momento muy concreto cono la Borriquita, cuando la cofradía atraviesa la cuesta más larga y de mayor pendiente de todo su recorrido. “La subimos sin parar el paso en una chicotá (la distancia que el paso avanza entre una levantá y la siguiente parada). Son unos 20 minutos en los que el paso va andando y dando cambios al ritmo que él mismo marca. Es uno de los tres que dirigen el andar del paso que sostienen 50 costaleros y que es por cierto de los más grandes de la Semana Santa de Sevilla, según dice. “Es muy emotivo porque te acuerdas de los tuyos y eso te da fuerza para seguir hacia arriba”, explica gráficamente.

La discapacidad visual le ha condicionado, claro, a la hora de cargar el paso y tener que moverse durante el recorrido de la procesión. “El esfuerzo físico no es un problema, pero si es verdad que ahora me desoriento un poco debajo y cuando me toca descansar y salgo, moverme a mi siguiente punto donde hago el relevo a los compañeros. Lo he notado bastante, pero tengo unos compañeros enormes que me ayudan en todo, que están pendientes de mí y en el momento que me salgo del paso, me agarro al hombro de alguien, me hacen de lazarillo y me van indicando”, dice orgulloso.

De La Tercera Palabra, de la que fue fundador y ha pertenecido a su junta de gobierno desde sus inicios, apenas encuentra palabras para definir su emoción. “Pa mí es mi otra mitad, la verdad”, resume. “Es difícil de explicar lo que es para mí la Semana Santa -admite al borde de emocionarse de nuevo-. Empecé siendo muy niño debajo de los pasos y es un sentimiento enorme, por lo menos desde mi posición de costalero. Es algo muy grande para mí que no sé cómo explicar. Me llena, me da todo el sentido”.

Rafaela Trillo, hermana de la Hermandad del Perdón, Rocío y Lágrimas de Córdoba

Rafaela Trillo ha cumplido ya 18 años como hermana de la Hermandad del Perdón, Rocío y Lágrimas de Córdoba, que sale del Convento del Buen Pastor, en la calle de San Roque, todos los Miércoles Santos. Hace 22 años se afilió a la ONCE, aunque los problemas de visión comenzaron de pequeña, con una miopía magna, que degeneró en glaucoma. Tras el embarazo de sus dos hijos perdió un 80 por ciento de la visión. Y desde hace 11 es vendedora de la Organización en la calle Gondomar, en pleno centro de la capital cordobesa.

Rafaela junto a su Cristo

Rafaela Trillo junto al Padre Jesús del Perdón ante Anás de Córdoba
 

Deseosa de dar un premio a sus clientes, lo que más le gusta como vendedora es compartir tiempo con sus vecinos. “Dar la ilusión, que te cuentan cosas y poder cumplir sus sueños, es lo más bonito”, dice.

Desde sus orígenes, Rafaela ha estado vinculada a una Hermandad muy nueva en Córdoba porque empezó a realizar su estación de penitencia a partir del 2000. Su cuñado es hermano mayor y eso hace que la mayor parte de su familia sean hermanos de la cofradía. 

“Una hermandad se vive todo el año, no lo centras en la Semana Santa”, comienza diciendo. “Continúa en Navidad, Cuaresma, Pascua, siempre hay un continuo, se trata de llegar a los demás y vivir en comunidad”, explica. “Cada estación del año tiene algo, igual que la Navidad es alegría por el nacimiento de Dios, la Semana Santa es vivir la pasión, muerte y resurrección de Jesús, es un tiempo de reflexión que cada uno vive de forma diferente”, sostiene.

“Es felicidad”

Para ella, la Semana Santa tiene un atractivo visual para el público que se agolpa en las calles a su paso, pero los hermanos lo viven de otra manera más profunda. “Es nuestra fe, nuestra creencia, que no se nos olvide que Dios está aquí, y reivindicamos nuestra devoción y nuestra esperanza en Dios”, asegura. A Rafaela este vínculo activo con la Hermandad le aporta tranquilidad. “Amor y vida en el día a día, todo, todo, todo”, añade. “Porque esto tiene que ser un día a día y a veces nos olvidamos. Aunque tengas fe, te pueden crear dudas y conflictos, pero la Semana Santa supone una reflexión, te haces como un autoexamen, te hablas a ti mismo y hablas con Dios cuando haces tu estación de penitencia -sigue contando-. No es una figura, yo lo siento, nada más que hablar de esto el pelo se pone de piel de gallina, yo lo noto. Y es difícil de transmitir a otra persona porque cada uno lo vivimos de una manera, es un sentimiento muy bonito. A mí me llena, me aporta todo, aún con mis dudas y mis bajones, pero él está ahí siempre”.

Rafaela junto a su virgen

Rafaela junto a su Virgen María Santísima del Rocío y Lágrimas de Córdoba
 

Este año no podrá hacer la estación de penitencia como viene haciendo año tras año detrás del paso de la virgen, pendiente de una operación de rodilla y condicionada por sus infiltraciones, pero acompañará a su virgen de cerca para salirse cuando la pierna no dé más de sí. 

A Rafaela lo que más le llena es el final, volver “a Casa” después de procesionar por el centro histórico de Córdoba, y cantar la salve. “Te sientes tan feliz, tan llena, llegas fortalecida, es lo más bonito, el corazón no te cabe en el pecho, vuelves con una positividad que es felicidad”, subraya con entusiasmo. 

Enrique Marín, ex hermano mayor de la Hermandad del Prendimiento de Almería

La vida de Enrique Marín no se entiende sin su fe. Desde que, recién cumplidos los 18 años – hoy cuenta ya con 67 a sus espaldas – decidiera dedicarla a la Hermandad del Prendimiento en Almería. “Cuando empezamos, era todo muy precario, la mayoría de las cosas eran de prestados. Pero éramos un grupo muy humano – que es lo importante – muy dedicado”. 

No obstante su historia con la Semana Santa se remonta mucho antes de ‘oficializar’ su devoción. “En el ambiente de aquí de los niños, pues siempre con la caja de cartón, con una estampita y algunas flores de que nos diera el jardinero de los jardines y desde ahí hacíamos pues las procesiones por la calle. En la calle, que sigue siendo calle peatonal, donde yo nací en la calle Solís. Pues ahí hacíamos las procesiones”. En esa misma calle tenía - y aún tiene - sede la Hermandad de los Estudiantes, a la que tocó su puerta Enrique, pero fue rechazado “Lo recuerdo como casi un trauma, aunque no fuera para tanto, cuando fuimos mi hermano y yo a pedir una túnica y nos dijeron que no” cuenta hoy divertido. 

De entre todas las manifestaciones de la creencia, la de Enrique siempre fue unida al sentimiento de comunidad, una de las cosas más importantes en la Hermandad que ayudó a consolidar. La figura del prójimo siempre tuvo un papel fundamental para ellos “Intentamos hacer cosas muy importantes para nosotros con la caridad. Vamos mensualmente a la Casa de Nazaret, costeamos comidas (...) El día de la Merced, el 24, hacemos un desayuno solidario con los presos, a mí personalmente me llena mucho, saber que ayudamos, y que nos unimos”. 

Enrique pregonando y vestido
A la izquierda, Enrique Marín siendo pregonero de la Semana Santa de Almería en 2014. A la derecha, justo antes de salir de nazareno con su Hermandad.


Hace tres años, Enrique tuvo que dar un paso al lado. Habiendo ocupado el cargo de Hermano Mayor de 2001 a 2011, sintió que era el momento de pasar el testigo. Fue justo el año que se afilió a la ONCE, con condición de sordoceguera. Pero para él no fue ni mucho menos un drama. “Creo que es muy bonito ver que viene savia nueva. Yo hay cosas que de un tiempo a esta parte no puedo hacer, pero mi devoción no ha menguado. Y saber que las nuevas generaciones pueden encargarse de todo esto y seguir prosperando como Cofradía, eso me hace muy feliz” dice visiblemente emocionado. La misión de Enrique es, casi sin pretenderlo, la de legar algo a su comunidad, hacer su aporte. “Yo recuerdo a mi querido amigo Juan Antonio Barrios, el primer Hermano Mayor y la primera persona que me llamó para la Hermandad. Me acuerdo mucho de él. Y espero que se acuerden de mí como alguien que contribuyó a esta devoción que nos une”. 

La fe de Fermín se abre, a través de la Hermandad del Prendimiento, a un mundo en crisis en el que sin embargo, siempre queda la confianza en un mañana mejor. “Somos cristianos y tenemos que dar testimonio de ello allí donde estemos. Cada uno a nuestra manera, nos dedicamos a vivir nuestras creencias de una forma muy bonita, y la exhibimos en la Semana Santa”. 
 

Sonia Navarro, hermana de Los Aceituneros de Utrera (Sevilla)

La relación de Sonia Nararro con la Semana Santa comenzó desde muy pequeña. Fueron sus padres quienes le inculcaron esta tradición, que con el tiempo se convirtió en una parte esencial de su vida. Sus primeros pasos cofrades tuvieron lugar en la Semana Santa de Lebrija, el pueblo de su madre. Y no había hermandad que se perdiera. A los 13 años, empezó a vivir con intensidad y en primera persona la Semana Santa de Utrera, su pueblo.

Navarro, enfermera del Trabajo y coordinadora de Prevención en la Delegación Territorial de la ONCE en Andalucía, se hizo con el tiempo hermana de la Hermandad de Nuestro Padre Jesús Atado a la Columna y María Santísima de la Paz, en Utrera. Hoy en día, su marido y sus hijos forman parte también de esta Hermandad y participan activamente en tertulias cofrades, cultos de sus titulares, funciones. Sus hijos son además costaleros de Nuestro Padre Jesús Atado a la Columna y, el pasado año, con motivo del Santo Entierro Magno, los tres coincidieron bajo el mismo paso. “Un verdadero orgullo para su padre”, dice con el mismo orgullo.

La otra Hermandad a la que está profundamente unida es la de Jesús de las Penas y María Santísima de la Estrella, del barrio de Triana, en Sevilla, que realiza su estación de penitencia el Domingo de Ramos. Allí conoció en 1999 al que hoy es su marido, hermano de esta Hermandad y costalero de María Santísima de la Estrella desde 1997. Ese mismo año se celebró la Coronación de la Virgen, acontecimiento que marcó aún más su vinculación con esta corporación. Desde entonces, ha acudido fielmente a todos sus cultos, traslados y besamanos. 

Sonia Navarro a la salida de la Estrella en Sevilla

Sonia Navarro a la salida de la Estrella en el pasado Domingo de Ramos de Sevilla
 

Sonia también considera necesario reivindicar el valor y el significado de la Semana Santa en un mundo tan convulso. “A mí me aporta momentos de reflexión sobre la pasión, muerte y resurrección de Cristo, así como de oración. Me permite mantener vivas las tradiciones familiares con las que he crecido”, afirma.

En 2002 se casó ante María Santísima de la Estrella, en su capilla. Y cuando llegaron los niños los hicieron hermanos. Hoy tienen ya 22 y 19 años. Desde muy pequeños acudían a ver los ensayos de su padre y, cada Domingo de Ramos, cuando La Estrella salía de su capilla, iban tras el palio esperando una “arriá” para que pudieran entrar bajo el paso y darles un beso.

Comenzaron a salir de nazarenos cuando tenían 14 y 11 años. Y al salir de la Catedral, Sonia les esperaba siempre con los bocadillos, y ellos aguantaban hasta bien entrada la madrugá, hasta la recogida. En la actualidad sus dos hijos son costaleros de María Santísima de la Estrella. Su padre se retiró en 2019, pero el destino quiso que en 2024 —a los 25 años de la Coronación— el hijo mayor y su padre coincidieran de nuevo bajo los pies de La Estrella. “Un momento lleno de emoción para toda nuestra familia”, sostiene. “Con el corazón lleno de ilusión, espero cada año la llegada del Domingo de Ramos -reconoce-. Y un año más, aquí estoy, deseando que llegue ya”.

Una Semana que dura todo el año

Todos coinciden en que la Semana Santa trasciende al calendario y se extiende a todos los días del año. “Yo disfruto mucho de la Cuaresma -afirma Ismael Roldán. Los compañeros son familia, con el tiempo son amigos, y normalmente nos solemos ir a comer juntos con las mujeres después de cada ensayo, disfrutamos del trabajo, del esfuerzo y, por su puesto, de la convivencia”.

Enrique Marín comparte su opinión con ellos: "es una semana grande para los cofrades en concreto, pero también para todas las personas que les gusta vivir este sentimiento que toma las calles" sostiene.

Para cómo está el mundo de hoy, Roldán piensa que hace falta más fe y más pasión en la vida. “Ser más honestos y ver a las personas como son”, reclama tras reivindicar la Semana Santa como un sentimiento de hermandad y comunidad que dura todo el año.

Sonia Navarro vive la Semana Santa prácticamente todo el año. “Empezamos en enero asistiendo a todos los cultos y una vez que pasa la Semana Santa mantenemos bastante relación, es una vivencia que se mantiene todo el año y si hay salidas extraordinarias vamos a todas porque nos gusta mucho”, reconoce.

Rafaela Trillo también reivindica el valor de la Semana Santa en la sociedad de hoy. “Que nos escuchemos y nos respetemos más -pide-. Tú a lo mejor no eres creyente, pero respeta, no cuesta tanto, tú vas a ver la Semana Santa como un arte. Ve. A lo mejor sientes la llamada. Igual te haces hermano y compartes un montón de cosas. Pero si vas así respeta, aunque no te guste la Semana Santa porque es un sentimiento que compartimos. Si entre nosotros nos escucháramos más y nos respetáramos, no solo en el aspecto religioso, el mundo sería mejor”, sostiene.

LUIS GRESA | CRISTÓBAL ANGULO

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