Una lavandería con corazón

BOLETÍN 206 MARZO 2026

Foto de familia de la plantilla de Ilunion TextilCare en la lavandería de Las Cabezas de San Juan

Ilunion tiene en Las Cabezas de San Juan (Sevilla) una de sus plantas referentes con el 75 por ciento de su plantilla compuesta por personas con discapacidad que tratan a diario 32 toneladas de ropa hotelera en un proceso de producción ejemplar cargado valores, empatía y sonrisas

Ilunion TextilCare cuenta con 43 plantas industriales en España, ocho de ellas en Andalucía, y otras dos en Colombia. La de Las Cabezas de San Juan, a 40 kilometros de la capital andaluza, es la joya de la corona para su director y para los trabajadores que componen la plantilla, el 75 por ciento, personas con discapacidad. 15.000 metros cuadrados con una rutina bien diferente a la de cualquier otra planta industrial porque allí toda la producción gira en torno a una estrategia primordial y prioritaria, las personas. Esta es una lavandería con corazón.

 

Casti Marín: “Me siento escuchada”

Casti Marín en su puesto

Casti Marín reconoce que su vida cambió al entrar en el Grupo Social ONCE a través de la lavandería de TextilCare de Ilunion en la planta de Las Cabezas de San Juan (Sevilla)
 

María Castilla Marín, Casti, tuvo una infancia buena, sin necesidades, recuerda. Cuatro hermanas de Lebrija, una localidad ahora de 27.000 habitantes, en la que la infancia transcurre sin prisa entre sus calles y plazas. “Tampoco para tirar, pero bien”, resume gráficamente. “Nos criábamos de forma diferente a como se hace ahora”. Y así, con naturalidad, como es ella, zanja un debate que por un lado disimula el coste del progreso y la deshumanización, y por otro, reivindica el valor de la vida en el medio rural.

No terminó la EGB. Y no fue hasta ya de mayor cuando se dio cuenta de su discapacidad visual. “Tú te acostumbras a lo que ves y no echas en falta más”, se resigna. “En mi vida cotidiana me costaban muchas cosas y tenía muchos dolores de cabeza, pero ha sido de mayor cuando me di cuenta de que tenía glaucoma, el líquido que tenemos en el ojo, que cuando no circula bien te sube la atención y va afectando el nervio óptico. Y lo que se va perdiendo de visión ya no se recupera”, explica sin apenas resignación.

En 2018 se operó de un ojo y al año siguiente del otro. Y a partir de ahí vinieron las limitaciones. En su casa se defiende, en la calle ya no tanto.  Pero Casti no es de quedarse en casa a esperar. Casada, madre de dos niñas, se considera una mujer muy activa. “Siempre debo tener algo en las manos”, explica. Hace cinco años se afilió a la ONCE.  “Me ha ayudado mucho, sobre todo en el trabajo. Me ofrecieron los cupones pero no me veía capaz porque soy muy tímida”, se justifica.

Después, a través del Departamento de Apoyo al Empleo de la ONCE, se abrió la posibilidad de entrar a trabajar en la planta industrial de la lavandería que la entonces FLISA tenía en la vecina localidad de Las Cabezas de San Juan, a unos 18 kilómetros que se resuelven compartiendo un coche con otros trabajadores que realizan el mismo trayecto.

A Casti no le costó mucho adaptarse a su puesto. Aunque sin experiencia previa, quería aprender, lo preguntaba todo y, pese a las reticencias y temores de los primeros días, todo fluyó sin sobresaltos. “A mí lo que más me cuesta es el ordenador, pero me defiendo”, reconoce orgullosa. Y así transcurre la jornada introduciendo ropa en las máquinas, abriendo cajas, poniendo perchas, doblando sábanas, metiéndolas en el carro, clasificando colores. A nada dice que no. 

Ella va contenta al trabajo. “Alguna vez te da impotencia cuando algo me cuesta y no eres capaz de hacer algo porque la vista no te deja, pero vamos bien, yo ya no pensaba vivir todas las experiencias que estoy viviendo en el trabajo, conoces más gente, te relacionas, me siento escuchada. Con los compañeros, los encargados muy bien, yo es que estoy muy bien aquí”, resume a modo de titular.

El grueso del trabajo de Casti es todo mecánico, sin embargo, ella encuentra la pasión detrás de las toneladas de ropas con las que trabaja a diario. “A mí me gusta lo que hago y cumplir con lo que hago, y con los objetivos. Eso a mí es que me que me alegra. Y cumplir con lo que tenemos que hacer me gusta mucho eso”, concluye.

 

Jesús Romero: “Me han ayudado mucho”

Jesús Romero manejando unos archvios

"Esta empresa tiene corazón y mira mucho por lo que son las personas más que otras”, afirma Jesús Romero, técnico de control en la lavandería

Jesús Romero es técnico de control operativo. Su trabajo consiste en controlar que toda la ropa que entra sucia salga limpia, gestionar la facturación y albaranes y  mantener un estrecho con contacto con los clientes. Entró en 2003 como operario de planta raso y ha ido subiendo de rango hasta llegar al puesto de encargado. Tiene una prótesis ocular en un ojo por un accidente de pequeño a los 12 años, “cosas de críos”, comenta restando toda gravedad a tener solo visión monocular. Empezó formación profesional de Delineación, pero no terminó los estudios, y después de varios trabajos que no terminaron de cuajar aterrizó en la lavandería de Las Cabezas de San Juan. Fuera de Ilunion, dice ahora, hubiera sido difícil conseguir una trayectoria laboral así.  “Posiblemente no -argumenta-, porque Ilunion da muchas oportunidades al que quiera. Y si no sabes algo, te forman, como ha sido mi caso, para llegar a otro tipo de cargo en la empresa”.

Como Casti, Jesús también está encantado en su puesto. “La verdad que me han ayudado mucho y me han dado la oportunidad de llegar a donde estoy -reconoce-. Y siempre he admirado cuando a lo mejor no he estado a gusto o me he sentido que ya no he podido avanzar un poco más, siempre me han buscado un hueco dentro de la empresa. Sí, sí, yo creo que esta empresa tiene corazón y mira mucho por lo que son las personas más que otras”, afirma.

A su juicio, lo más gratificante de su día a día es que a final de mes todo salga bien, que se facture correctamente “y que la empresa siga para adelante y que el cliente esté contento con lo que hacemos”, concluye.

 

Pablo Muñoz: “La vida me cambió en todo”

Sara Revuelta y Pablo Muñoz en la planta

Sara Revuelta y Pablo Muñoz son los responsables de la unidad de apoyo de la lavandería de Ilunion en Las Cabezas de San Juan

Ilunion cuenta con una unidad de apoyo para atender las necesidades que puedan surgir en una plantilla que cuenta con el 75% de personas con discapacidad. Pablo Muñoz es uno de los técnicos que están al frente de la Unidad desde hace tres años. Tiene fibrosis quística, una enfermedad degenerativa que daña los pulmones aunque no es su caso porque desde los 12 años está trasplantado. Es diabético además. Estudió Graduado Social, trabajó durante doce años en la hostelería en Jerez y tras un año como vendedor de la ONCE en Cádiz entró en la lavandería.

“La vida me cambió en todo porque yo venía de trabajar en la hostelería y fue una manera de sentirme más realizado de acuerdo con lo que había estudiado”, explica sin disimular su orgullo. “Siempre digo que tenemos el trabajo más bonito dentro de lo que es la empresa -matiza- porque el área social se encarga al final de las personas. Nosotros no nos ocupamos de la venta de kilos de ropa que entra, no nos ocupamos de los números. Al final estamos solamente pendientes de las personas y una parte importante que tenemos es la selección de personal. Y cuando te llegan personas con discapacidad que no tienen oportunidad en el mercado laboral ordinario y vienen en un caso muy extremo de necesidad, que necesitan realmente el trabajo y les puedes dar aquí la oportunidad, eso deja mucha satisfacción”, subraya.

Para Pablo Ilunion es como un mundo aparte, un mundo feliz. “Sí, a ver, todos los días van surgiendo problemas. Todos los días hay que levantarse de la cama con un pie en el suelo para irte a trabajar. A todos nos cuesta, pero sí, aquí hay un buen clima de trabajo y aquí la gente es feliz”, afirma. Una lavandería industrial como esta, dedicada al tratamiento de ropa de hoteles, demanda perfiles profesionales muy variados que no requieren formación específica dado que el propio centro proporciona esa capacitación, según comenta Muñoz.

 

Sara Revuelta: “Ha sido un salto en mi vida bestial”

Sara y Pablo hablando con el director y el gestor textil

Sara y Pablo conversan con el director de la planta, Alberto Campos, y el gestor textil, Guillermo Casado
 

En la Unidad de Apoyo se encargan de ayudar a las personas con discapacidad a insertarse a nivel laboral, la adaptación de los puestos de trabajo, hacer un seguimiento al personal prioritario que son las personas con discapacidad que tienen discapacidad de tipo psíquica,  intelectual o por salud mental y trabajadores con más de un 65% de grado de discapacidad. “Aquí al final se acepten a todas las personas por su valía realmente, no por su discapacidad”, destaca Sara Revuelta, técnica también de la Unidad de Apoyo con Pablo. Allí les dan la bienvenida, la cogida, la formación que necesiten y también se encargan de la selección. “Intentamos que en todos los departamentos haya una persona con discapacidad y que la integren de forma favorable a su puesto de trabajo”, explica.

A su juicio, lo que hace diferente a Ilunion es que mira mucho por las personas, porque se sientan a gusto y porque puedan aspirar al final a llegar lejos en sus vidas. “Les cambia la vida totalmente a las personas poder trabajar -argumenta-. Hay mucha gente de las que tenemos que sería impensable poder desarrollarse no ya laboralmente, sino como persona. Aquí salen muchas amistades también. La verdad es que es un valor añadido, pero con diferencia”, destaca. Desde la unidad  se organizan también actividades de ocio, se celebran cumpleaños, un Halloween, se motiva “muchísimo”, dice, al personal. “Las caras te lo dan todo. Este puesto es muy gratificante porque ayuda muchísimo a las personas y nosotros lo vemos día a día”, reconoce. 

Y esa forma de ser y sentir redunda luego en la mejora de la dinámica de trabajo y en la rentabilidad de la propia planta. “Claro, al final, si tú tienes a tus trabajadores contentos, eso hace mucho en la producción. Esa chispa de motivación y atención que tienen lo agradecen mucho y se les nota en el día a día”, reconoce Sara.

Para ella lo más gratificante es verlos a diario con una sonrisa. “Que te cuenten al final que pueden comprarse una casa y tener su familia gracias a que están trabajando”, asegura. Y es que Sara también ve corazón en una dinámica laboral tan mecánica y repetitiva como la que impera inevitablemente en una planta industrial. “Sí, tiene que haber pasión, te tiene que gustar lo que haces y también entender un poco la perspectiva de ellos, tener mucha empatía, por supuesto, y al final tratarlos como una persona normal y punto. Y es que son uno más de nosotros”, explica. 

Sara es maestra de Educación Especial, tenía un negocio de estética que tuvo que cerrar por su discapacidad, derivada de los problemas de columna, y opositó pero quería más, quería sentirse realizada y entró en la lavandería de Ilunion hace un año, un escenario bien distinto al de su perfil profesional como logopeda en gabinetes de atención temprana. “Dije que sí del tirón y aunque estoy de mi casa a una hora, en San José de la Rinconada, no me arrepiento para nada -admite encantada-. Para mí ha sido un salto en mi vida bestial porque me ha ayudado muchísimo. Aquí me siento súper bien, los compañeros son bestiales y al final sentirte tú bien contigo misma te ayuda muchísimo”.

“Claro que tiene corazón -concluye-. Sí, totalmente. Al final para ayudar a los demás, debes tener corazón para eso y ver la dinámica y cómo se atiende a las personas de verdad”.

 

Guillermo Casado: “La ropa de hotel es más compleja”

Guillermo Casado

Guillermo Casado, ingeniero naval, se declara orgulloso del nivel de producción de la lavandería
 

Guillermo Casado, de Sanlúcar de Barrameda, tiene una discapacidad auditiva bilateral de nacimiento, consecuencia de un problema que tuvo en el parto y el efecto de los antibióticos que le impiden desde entonces reconocer determinados sonidos. De joven practicaba deporte a vela y se preguntaba cómo se construye un barco y cuáles son los procesos que hay que seguir. Y, fruto de esa curiosidad, llegó a licenciarse en Ingeniería Técnica Naval por la Universidad de Cádiz con matrícula de honor en su trabajo de fin de grado. Ha trabajado en varios departamentos de construcción naval e ingeniería civil y después de haber realizado un máster de administración de empresas en la Universidad Pontificia de Comillas, financiado por Fundación ONCE, que le abrió las puertas primero de la Lavandería de Ilunion en Canarias en 2014. Luego continuó durante casi dos años en la de Mejorada del Campo, especializada en ropa hospitalaria, y desde 2017 es gestor textil en la sevillana de Las Cabezas de San Juan.

Ser gestor textil en la planta conlleva garantizar que la ropa se entregue en condiciones óptimas de limpieza, calidad y presentación y gestionar la operativa con los clientes. “Nosotros le suministramos la ropa, es decir, se la compramos y ella nos paga un alquiler -explica a pie de una maquinaria que no cesa un momento-. Entonces, a base de inventario, gestionamos directamente con el cliente para que no le falte la ropa. Un hotel en el día a día necesita montar las habitaciones y ahí una de las cosas más importantes es la ropa. Y lo que hacemos es gestionar el día a día con los clientes y que no les falten la ropa”.

La lavandería de Ilunion en Las Cabezas fue mixta en sus inicios, trataba ropa sanitaria y hotelera, pero desde hace año y medio trata solo ropa procedente de los hoteles. En su opinión, resulta más complicada la limpieza de ropa un hotel por las exigencias que imponen de calidad diaria. “En el hospital, uno de los factores más importantes, aparte de la calidad, es la higiene, la ropa de los quirófanos que hay que lavarla con una temperatura algo superior a lo habitual y utiliza otro tipo de detergentes, más desinfectantes pero el procedimiento productivo es algo muy diferente al tema de hoteleros. Trabajamos con cuatro y cinco estrellas, estamos en el top máximo y eso exige una calidad de representación en el día a día”, explica.

A su juicio, lo más complejo de gestionar son los inventarios, que se hacen en las instalaciones del cliente, en este caso en los hoteles. “Estamos en torno a unos 30.000 kilos en verano y 20.000 en invierno y hay un 5% de esa cantidad que se rechaza porque pueda haber una mancha o tenga una arruga y ese margen hay que tenerlo en consideración para las operativas de los hoteles para que no les falte la ropa”, explica. Luego hay otras tareas más secundarias pero no menos importantes como el control de calidad, las muestras de laboratorio para ver el seguimiento de la ropa, los túneles de tratamiento del agua. “En el día a día vamos avanzando y dando soluciones a las incidencias que van surgiendo -reconoce orgulloso- teniendo esa capacidad de respuesta, que no tengamos que pedir ayuda a terceros, sino nosotros mismos nos defendemos e intentamos posicionarnos ante el cliente”.

La lavandería industrial no tiene nada que ver con la ingeniería naval pero, aun así, Guillermo encuentra factores comunes como la capacidad para tomar decisiones. “Toca mucha economía, estructura, cálculo, todo eso que nos ayuda a tomar una decisión acertada, y aportar al sector en el que estoy trabajando ahora me ha ayudado muchísimo. Y las decisiones las tomo con mucha más tranquilidad”, concluye Casado.

 

Alberto Campos, director: “Nuestro colectivo es maravilloso”

Alberto Campos, director de la lavandería

Antes de dirigir la lavandería de Ilunion en Las Cabezas de San Juan, Alberto Campos dirigió las dos plantas que Ilunion puso en marcha en Colombia
 

Para su director, la lavandería de Ilunion en Las Cabezas de San Juan, dedicada exclusivamente al sector hotelero, sobre todo de las provincias de Cádiz, Huelva y Sevilla, es la joya de la corona de Ilunion TextilCare por dimensión y espacio, al ser una de las plantas más grandes de las 45 que tiene el grupo empresarial en España y Colombia; 15.000 metros cuadrados de parcela, 6.000 de planta productiva, unos 2.000 kilos hora de capacidad de procesamiento, 75 por ciento de la plantilla con personas con discapacidad y un nivel de satisfacción de los clientes de 8,5 sobre 10.

“Todas funcionamos de la misma forma -comenta-. Nuestro valor fundamental son las personas, el equipo que tenemos, es nuestro ADN, la contratación de personas con discapacidad. Eso el Grupo lo hace en todo, en todas las 45 plantas que tenemos. Competimos en un mercado completamente regulado, pero lo hacemos con un equipo que tienen las mismas capacidades que el resto, pero que tienen algún tipo de dificultad. Y estamos muy orgullosos de ello”. 

Alberto Campos, que dirigió durante cinco años las plantas que Ilunion tiene en Colombia, opina que todas las empresas deberían dar oportunidad laboral a los colectivos más vulnerables. “El tiempo nos ha enseñado que este colectivo al que  nos dirigimos es maravilloso. Cumplen exactamente igual que el resto de las personas con sin discapacidad y el grado de absentismo que pueda haber es el mismo que pueda tener cualquier otra industria”, afirma. 

A su juicio, esta lavandería, como el resto del grupo, demuestra que rentabilidad social y económica son perfectamente compatibles. “Este proyecto no puede pasar sin rentabilidad social -añade- pero tampoco podemos obviar la rentabilidad económica. Tenemos que ser rentables para que posteriormente podamos seguir reinvirtiendo en el centro de trabajo, en nuevos proyectos y poder seguir generando mucho empleo para este colectivo que tanto lo necesita”, comenta Campos.

En temporada alta hay dos turnos de trabajo con una media en torno entorno a las 32 toneladas diarias, que suman siete millones de kilos al año. La cartera de clientes la componen en la actualidad 42 hoteles, entre ellos el Barceló Punta Umbría Beach con 1.200 habitaciones que genera en temporada alta ocho toneladas diarias. En esa época la plantilla se sitúa en las 180 personas. 

“Para una planta de estas características es un volumen bastante adecuado -sigue explicando-. Siempre nos gusta seguir ampliando y en eso estamos. Somos conscientes de la importancia que tiene este trabajo para nuestros colaboradores e intentamos que se haga con la máxima perfección posible, entendiendo que estamos en una industria y que la perfección es difícil. Pero estamos ahí peleando con el resto de los operadores para seguir creciendo y seguir creando oportunidades para este colectivo”.

Las horas se suceden ruidosas en el interior de la planta, ubicada en un punto estratégico entre la autopista Sevilla-Cádiz y la silueta recortada de la localidad sevillana de Las Cabezas de San Juan de fondo. Pero con una sonrisa siempre en una  plantilla perfectamente uniformada, orgullosa de su marca, y absolutamente cómplice y empática en los pequeños gestos de su rutina laboral.

“Aquí hay muchísima gente que vienen con una ilusión a su puesto de trabajo, que realmente le imprimen una emoción brutal -concluye Alberto Campos sin disimular su honda satisfacción-. Tenemos gente que son tan perfeccionistas que cualquier producto que no ven que esté en perfectas condiciones se suele echar hacia atrás. ¿Y por qué?  Porque quieren que el producto que le llegue al cliente sea de la máxima calidad”.

 

Llamada a los empresarios: Vean y comparen  

Vista genérica de la planta y de la plantilla

Los empresarios andaluces tienen en Ilunion TextilCare un buen ejemplo a seguir para apostar por el talento de las personas con discapacidad

Casti Marín tiene claro que los empresarios tienen que cambiar su perspectiva ante la discapacidad. “Tú no puedes decir de una persona que sea ni de una manera, ni de la otra, si no la conoces en ningún ámbito de su vida. Tienes que verlo trabajar”, reclama.

“Al final lo que debe interesar a la empresa es el talento, la búsqueda de talento y la búsqueda de personas que necesiten trabajar y den lo máximo en el trabajo -interviene de nuevo Pablo Muñoz-. Y en el mercado de discapacidad hay muchas personas que están dispuestas a darlo todo por demostrar que no debería de ser así. No hay que demostrar nada a los demás. Después, un entorno laboral incluso da más de lo que no dan a otras personas que no tienen esas dificultades”.

Guillermo Casado pide a los empresarios que visiten y conozcan la planta de Ilunion  en Las Cabezas de San Juan. “Que vengan a charlar con nosotros. Que sepan cómo hacemos las cosas, cómo buscamos soluciones a las incidencias que tenemos y al final el valor tan importante que son las personas, el potencial que tenemos, que se queden con nosotros un día o dos, los que haga falta, y que somos capaces, que la discapacidad no es nada. Somos uno más y eso es importante,  que participen ellos y que se involucren. Y después que ellos decidan”, sostiene.

“Yo el mensaje que trasladaría es que no tengan miedo -concluye el director de la lavandería-, y que estén seguros en las oportunidades que le puedan dar a al colectivo de personas con discapacidad porque seguro que cuando lo prueben no se van a arrepentir nunca. Estas personas tienen un corazón enorme. Y podrán ver que pueden desarrollar cualquier tipo de posición, igual que una persona sin discapacidad, y lo van a agradecer siempre. Hay muchísimas personas que tienen y han tenido muchas dificultades y en muchas ocasiones nos encontramos que ha sido su primer empleo y eso no lo olvidan lo demuestran en el día a día, siempre con lo mejor de ellos”, concluye Alberto Campos.

Casti, Jesús, Sara, Pablo, Guillermo, Alberto... todos y todas son piezas decisivas que engrasan por igual una maquinaria que funciona a la perfección. Pero que va más allá de limpiar y planchar porque tiene otra razón de ser mucho más importante; bombear el corazón de quienes la trabajan, mantener viva su ilusión, impulsar nuevas metas, programar nuevos proyectos de vida, generar inclusión, mejorar la autoestima, potenciar la empatía, desechar estigmas, planchar barreras, transportar deseos. En definitiva, transformar vidas y creer de verdad que otro mundo mejor es posible. O mejor, como dice el lema de Ilunion, construir un mundo mejor con todos incluidos.

| LUIS GRESA

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