La inclusión a escena con las nuevas incorporaciones de 'El Malecón'
Sergio, Elena y Juanma, los nuevos jóvenes colaboradores del grupo de teatro de la ONCE en Málaga, 'El Malecón', convierten el vestuario, la escenografía y el movimiento en herramientas de autonomía para actores con discapacidad visual y movilidad reducida
En el bullir de los ensayos, el escenario del salón de actos de la sede de la ONCE en Málaga es un hormiguero destapado: personas, vestuario y decorado se entrecruzan buscando su lugar. Y de entre ellos, tres figuras destacan por su brío e insultante juventud: ellos son Sergio García (Jaén, 2001), Elena Oreja (Fuengirola, 1999) y Juanma Pérez (Málaga, 2001), tres jóvenes que desde hace unos meses forman parte de El Malecón. Nos reciben en su hábitat natural: entre bambalinas. Uno de los almacenes de la sede de la ONCE en Málaga hace las veces de sala de atrezzo. Bastones, recortes de trajes de novia y cajas, muchas cajas, componenen el decorado en el que los tres, junto al director de la agrupación, Jamp Palô, pasan horas dando forma a los personajes que luego el público amará. Los caminos de Juanma y Elena se cruzaron gracias a los estudios. El destino quiso juntarlos en un aula y ellos tuvieron a bien no separarse desde entonces. Ambos estudiaron Diseño de Moda en la EASD de San Telmo, cuatro años compartiendo coche, horas, y sobre todo, ideas. Con el tiempo, formaron una simbiosis creativa de la que hoy se aprovecha El Malecón.
Por su parte, Sergio García (Jaén, 2001) es la mano derecha de Jamp en esta nueva obra, trabajando como ayudante de dirección. Lo conoció en Kilogramas, una obra en la que trabajaron juntos en el teatro Echegaray, y fue entonces cuando conoció el grupo de teatro de la ONCE en Málaga. No es de extrañar entonces que Sergio, actualmente doctorando con una tesis en pedagogía multinivel, se interesara por ellos. “El Malecón empezó como un trabajo casi académico, pero te das cuenta de que son ejemplo de muchas otras cosas” dice con cariño, meses después de formar a pasar parte de este grupo tan especial.
Pero no el único que intenta extraer la teoría del ejercicio práctico. Para Elena, este proyecto además es su Trabajo de Fin de Grado. “Es curioso – comenta – en los TFGs que hemos visto a lo largo de los cuatro años en la escuela, es la primera vez que alguien hace algo con personas con discapacidad. Y ha pasado un montón de gente por allí”. “Cuando hice el anteproyecto, los profesores me dijeron que no tenían nada que decir. Nunca habían visto algo así. Es un proyecto muy distinto, nosotros realmente lo sentimos así, pero da que pensar que sea la primera vez que alguien siquiera incluye a las personas con discapacidad”.
“Nosotros hemos hecho ropa para sesiones de foto, para teatro “normativo”, quizá más clásico, pero sentimos que esto ha sido algo más. A medidad que avanzábamos, hemos cambiado, hemos aprendido en todo momento, a veces a hacer cosas nuevas y a deshacer cuando no son viables” cuenta la diseñadora. Para Juanma, además, existe una diferencia significativa entre el teatro y la pasarela, que se ve reforzada por la discapacidad visual. “Hay que pensar que normalmente en la pasarela se ve más de cerca, pero en un teatro como poco hay cinco o seis metros. Todo tiene que ser más llamativo porque hay que pensar en el espectador. Pero también hay que pensar en los actores. Se le añade una capa de complejidad cuando el casting tiene discapacidad visual porque ellos muchas veces no pueden identificar cosas como la parte de detrás y delante de un pantalón. Ahí es donde más hemos trabajado, sobre todo, en el tema de contrastes y texturas táctiles.”
La incorporación de los tres ha sido un salto de calidad para El Malecón
El nivel de detalle, desde luego, se deja ver en la trastienda: retales y vestidos de novia ‘descuartizados’ invaden la sala, que sin embargo, está presidida por dos burros sobre los que descansan el fruto del trabajo de estos dos jóvenes malagueños. Esos diez trajes, cada uno personalizado y adaptado a las necesidades del elenco y sus particularidades, son un recordatorio de que con cariño (y una buena dosis de talento) las barreras pueden desvanecerse en cualquier ámbito.
Un nuevo lenguaje
Pero ellos “no nacieron enseñados”. Sergio, ayudante de dirección y encargado de que todo en la escena tenga su sentido y lugar, confiesa que “lo más importante ha sido aprender a escuchar”. “Ellos no tienen problema en hablar de lo que necesitan, de sus limitaciones, están acostumbrados. Sin embargo, nosotros al principio teníamos ese tabú que muchas veces nos hacía subestimarlos o ignorar los problemas de verdad. Cuando perdimos la verguenza de preguntar si pueden hacer esto o le molesta esto otro, ahí empezamos a ser un equipo coordinado”.
Y la integración en el grupo ha sido total. Mientras nos atienden, los actores, en el ensayo, bromean al pasar junto a los entrevistados “escribe que son mu mandones, que les gusta mucho disponer” bromea Gracia mientras recoge su vestido. Para estos jóvenes, este aprendizaje ha ido mucho más allá de adaptar las cosas a las circunstancias de los actores, ha tratado más de entender, al grupo y a la obra, como un todo, y “darte cuenta de que la accesibilidad puede estar en todos lados si cuentas con ella” como dice Sergio.
El malagueño usa como ejemplo el vestuario de la propia Gracia, en silla de ruedas, para ilustrar el proceso que han seguido durante la obra. “El suyo ha sido quizá el más difícil de abordar. Pero un día simplemente se lo pusimos en las manos y le dijimos: a ver, vístete sola. Y ahí nos dimos cuenta de los problemas, de las partes que había que adaptar para que ella se sintiera verdaderamente cómoda.”. La pieza hoy luce completamente adaptada, desde la falda, específica para que no tenga que levantarse de la silla, hasta la parte de arriba, más corta en el anverso para que no haga bolsa. Todo está medido al milímetro para sacar lo mejor de cada actor y que su personaje forme parate de un todo integrado. “Estamos muy contentos también de haber podido dar herramientas a ellos en algunos campos – dice orgullosa Elena -. Por ejemplo, para Gracia, encontramos marcas independientes centradas en personas para movilidad reducida que ella misma no conocía”.
Sergio lo tiene claro: además de su función social, en ‘El Malecón’ se hace buen teatro. “Nada de esto tendría sentido si nos quedáramos en lo que los actores se quedan cómodos haciendo. Hay que construir un camino de mejora, encontrar un punto entre lo que quieren, lo que necesitan y lo que buscamos en la obra” sostiene. Del grupo que ha triunfado con ‘9ºB’ en las salas andaluzas se han sumado dos, Lola y Juan Jesús, para esta obra. ‘Detras de todo hay un proceso que en pedagogía se llama andamiaje. Empezamos a preparar la obra sabiendo que algunos actores venían desde cero, así que se le brindan apoyos, ya no por su discapacidad sino porque no tienen los recursos dramáticos. Pero a partir de ahí aunque algunos se mantengan, los demás van desapareciendo poco a poco conforme el actor va sintiéndose más seguro” dice Sergio. “Es un proceso muy bonito de ver, ese camino de la mejora en la autonomía”.
“La inclusión no hay que performarla”
El trabajo de los tres, al margen de su profesionalidad, ha sido también el de abanderarse de un colectivo, el de la discapacidad, cuyas reivindicaciones van mucho más allá de la compasión. “La inclusión no hay que performarla” sostiene enérgicamente Sergio -. La inclusión es real y no tiene por qué justificarse, es una característica de los actores como el color de los ojos o el pelo largo”. La experiencia de Jamp Palô, que ya ha presentado varias obras con el núcleo de este grupo, ha sido un apoyo. Pero incluso él sigue revisándose día a día. “Esta es la primera obra en la que la silla de ruedas de Gracia no tiene justificación. Su personaje es una criada. Punto. ¿Con movilidad reducida? Sí. Y qué. Hay otros rasgos, como el carácter del personaje, que son más relevantes, que sacan a relucir las cualidades de Gracia como actriz. Y creo que se ha conseguido” añade el director, encantado de contar con la ayuda de estos tres jóvenes.
Pero este equipo de trabajo no sólo sortea barreras, sino que convierte aparentes debilidades en oportunidades. “Es gracioso porque por ejemplo, Gracia lleva unas alforjas en la silla. Tiene un valor dramático. Juan Jesús, al ser ciego de nacimiento, le costaba mucho la comunicación no verbal. Así que le dimos gestos muy marcados, para que su personaje se adaptara. Aun así hemos hecho un trabajo personalizado, ayudándole a colocar las manos, el cuerpo... pero en la línea que él naturalmente seguiría, ese histrionismo” añade Sergio. “Los que se tienen que adaptar somos nosotros, ellos tienen sus recursos, nosotros tenemos que saber aprovecharlos”.
“Ellos dejan de ser ellos al vestirse” cuenta Elena, la encargada, en gran medida, de que esto suceda. El vestuario de la obra, a punto de estrenarse, ha dado un salto de calidad. Por las manos de Juanma y la propia Elena han pasado “los diez trajes, por lo menos, diez veces cada uno” asegura.
Todo esto cobra una dimensión trascendental al entender el vestuario no como un accesorio, sino como una herramienta. El propio Jamp, encantado con la ayuda de los jóvenes, incide en cómo los actores aprenden a sacarle partido a las piezas. “Se llama dramatizar la prenda. Levantar los faldones, tocar una gabardina... aportan matices al diálogo o la actuación, exactamente igual que la entonación o el volumen de la voz. Y cuando son prendas tan resultonas como las que han hecho, además, ganan mucha fuerza”.
“No hay que olvidar que en teatro, tanto ‘convencional’ como inclusivo, todo parte de la funcionalidad. La accesibilidad está muy bien, pero por encima de todo las cosas tienen que ser rápidas y bien hechas. Muchas de las adaptaciones han salido después de buscar el punto medio entre lo que necesita la obra, lo que necesitan los actores y por supuesto lo que es posible hacer sin morir en el intento” añade Sergio, que tiene claro que estos son “sus primeros pasos”. “Este proceso no termina nunca realmente. No salimos de esta obra aprendidos, porque tampoco hay una fórmula”.
Elena secunda esta visión “hay que ser flexibles. Ha habido veces en el que nosotros mismos nos hemos equivocado en la idea que teníamos, y hemos tenido que tirar o deshacer algo a lo que llevábamos mucho dedicado”. “Es terrible tener que matar a nuestro propio hijo” dramatiza Juanma. Pero todo este trabajo da sus frutos cuando los cuatro, en perfecta sincronía, dirigen al grupo de actores, que se mueve en la escena como si de su casa se tratase.
“Nada de lo que nos enseñaron en la escuela se aplica a estas situaciones – prosigue Juanma -. Ya de por sí, de los cuatro años, a lo sumo dos meses hablamos de teatro. Una raya en el agua. Pero sin embargo aquí esos dos meses han sido intensos, de trabajo y de mejorar como profesionales”.
El trabajo de vestuario auna estética y funcionalidad
"Son muchas horas de reuniones, de videollamadas, muchos dedos quemados con la pistola de silicona". cuenta Sergio, buscando con la mirada cómplice a Jamp. "Ellos tienen su propia sociedad paralela creada, pero nos han hecho un hueco al instante" cuenta Juanma. "Hemos aprendido a comunicarnos, y a ver cómo lo hacen ellos, para que todo sea orgánico y natural en la obra.
"También fue una especie de juego" cuenta Juanma. "uno en el que no siempre nos lo pasamos muy bien, pero un reto". “Nos apoyamos, por ejemplo, en el color blanco que iba a ser como simplemente el detallito y vamos a desarrollarlo de forma de que se puedan apoyar entre ellos para saber qué personaje es cada uno, a qué distancia están. Eso es la base de su autonomía, les ayuda a encontrar su lugar en escena”
A medida
Y para muestra, un botón. Sobre el burro de prendas el traje de Manoli para la próxima obra. Un intrincado patrón perfectamente armonizado con los colores blanco, negro y amarillo. Una paleta de colores muy restringida, pero con un patrón de colores característico. En cada manga, un elástico hace que se pueda poner de falso guante. Y como colores el blanco, para que el contraste lo destaque, vertebrado por un ribete negro, para que se aprecie la posición. Ningún detalle pasa por alto a este equipo. "Esto es algo a la carta" nos cuenta Elena mientras enseña. Incluso una manga es más larga que otra. Ella no quería que se le vieran los brazos, y, aunque nuestro primer boceto era de manga corta, nos dimos cuenta de las posibilidades. Además, en escena, en la interacción que tiene con los demás actores, de repente veíamos que eran capaces de hacerlo mejor con ese pequeño cambio. “Ensayo y error” añade Juanma con un deje de sorna. En el proceso, han tenido que “aprender más de la cuenta” bromea.
“Es un grupo muy especial, pero tenemos la suerte de que tienen siempre ganas de mejorar”. Los tres están de acuerdo en que 'Las preciosas ridículas', es mucho más que una obra. Cada traje, cada remiendo y cada arreglo es una muestra de cariño de los tres al teatro y en especial a El Malecón. Pero sobre, todo, es una demostración de talento y un repertorio de promesas de que el teatro de la ONCE está en buenas manos.
| CRISTÓBAL ANGULO