Firma INVITADA | José Miguel Morales, presidente de EAPN-A
UNA DE CADA TRES
Si reuniéramos a tres personas al azar en cualquier plaza, centro de trabajo, colegio o bloque de viviendas de Andalucía, estadísticamente una de ellas estaría en riesgo de pobreza o exclusión social. No hablamos de una pequeña minoría situada en los márgenes de nuestra sociedad. Hablamos del 34,7 % de la población andaluza, cerca de tres millones de personas. Andalucía sigue siendo, además, la comunidad autónoma con la tasa de riesgo de pobreza o exclusión social más elevada de España.
Conviene empezar por estos datos porque tenemos cierta tendencia a pensar la pobreza como algo que les ocurre a otros. Una realidad que asociamos a personas sin hogar, familias sin ingresos o situaciones extraordinariamente graves que identificamos con facilidad. Esa pobreza existe, por supuesto, y requiere respuestas urgentes. Pero reducir la exclusión social a sus manifestaciones más extremas nos impide entender la verdadera dimensión del problema. Estar en riesgo de pobreza puede significar tener un empleo y que el salario no permita pagar adecuadamente una vivienda. Puede ser una familia que funciona con normalidad hasta que llega un gasto imprevisto. Puede ser una persona mayor que tiene que elegir dónde recortar para llegar a final de mes. Una mujer sola con hijos. Una persona con discapacidad que afronta gastos adicionales. Un joven que encadena trabajos precarios mientras comprueba que emanciparse se ha convertido casi en un proyecto de ciencia ficción.
De hecho, el indicador AROPE que utilizamos para medir el riesgo de pobreza o exclusión no se limita a contar cuánto dinero entra en una casa. Observa también la carencia material y social y la baja intensidad en el empleo. Es decir, intenta aproximarse a algo bastante más importante: las condiciones reales en las que las personas pueden desarrollar su vida.
Desde hace más de treinta años, esta es precisamente la realidad sobre la que trabaja EAPN-Andalucía. La Red Andaluza de Lucha contra la Pobreza y la Exclusión Social reúne actualmente a 69 organizaciones muy diferentes entre sí, presentes en las ocho provincias y especializadas en ámbitos tan diversos como la infancia, las migraciones, la discapacidad, la vivienda, el empleo, las adicciones, el sinhogarismo o la igualdad.
Puede parecer una suma heterogénea, pero detrás existe una idea bastante sencilla: los derechos sociales no pueden dividirse en compartimentos estancos porque las vidas tampoco funcionan así.
Una persona puede perder su empleo, tener dificultades para pagar el alquiler y empezar a sufrir problemas de salud mental en pocos meses. Una familia que aparentemente estaba integrada puede entrar en una situación de vulnerabilidad por una separación, una enfermedad o una subida de los costes de vivienda. La frontera entre la tranquilidad y la precariedad es mucho más fina de lo que solemos imaginar.
Por eso EAPN-Andalucía no debería entenderse únicamente como una red que defiende a determinados colectivos. Su trabajo consiste en defender los derechos de todas las personas: disponer de una vivienda digna, acceder a una educación y una sanidad públicas y de calidad, contar con ingresos suficientes, tener oportunidades laborales, recibir protección cuando atravesamos momentos difíciles y participar en las decisiones que afectan a nuestra vida.
Ese enfoque cambia bastante las cosas. Las políticas contra la pobreza dejan entonces de ser políticas destinadas exclusivamente a ayudar a quienes peor están y pasan a formar parte de la infraestructura que mantiene cohesionada una sociedad. Igual que necesitamos carreteras, hospitales o colegios, necesitamos sistemas públicos capaces de evitar que una pérdida de empleo, una enfermedad o una subida del alquiler empujen a una familia hacia la exclusión. Porque la vida para la mayoría de las personas, no es una sucesión lineal de mejoras y oportunidades, si no que conlleva momentos complicados, fracasos laborales, parejas que dejan de seguir adelante, enfermedades que impiden mantener la rutina y el trabajo, accidentes… Luchar contra la exclusión es defender los derechos de quienes para tener una vida digna dependen de su trabajo y las relaciones construidas con su entorno, todas estas personas saben que un bache serio puede significar la quiebra de unas condiciones de vida dignas.
Los datos muestran también la importancia de superar la acción de las organizaciones sociales y convertir la lucha contra la pobreza en el eje de las políticas públicas. El propio informe de EAPN señala el papel relevante que tienen las prestaciones sociales en la reducción de la pobreza en Andalucía. No solucionan todos los problemas ni compensan suficientemente las desigualdades estructurales, pero demuestran algo elemental: las decisiones públicas importan.
Este es también uno de los motivos por los que EAPN-Andalucía tiene entre sus principales funciones la incidencia política. La organización nació en 1994 no solo para coordinar entidades sociales, sino para analizar la realidad, trasladar propuestas a las administraciones y favorecer la participación de las propias personas afectadas por la pobreza y la exclusión.
Porque la pobreza no puede abordarse únicamente gestionando sus consecuencias. Podemos multiplicar indefinidamente los programas de emergencia, pero si el acceso a la vivienda continúa deteriorándose, los salarios no permiten vivir dignamente, determinados grupos parten de situaciones de desigualdad estructural o los servicios públicos pierden capacidad de protección, seguiremos atendiendo cada año problemas reproducidos por nuestro propio modelo económico.
De ahí la importancia de construir acuerdos que trasciendan gobiernos, legislaturas y organizaciones concretas. EAPN-Andalucía está impulsando actualmente un Pacto Andaluz contra la Pobreza y la Exclusión Social que plantea precisamente una hoja de ruta compartida entre instituciones, entidades sociales y ciudadanía, basada en derechos como la vivienda, la salud, la educación, la protección social y la participación.
Quizás el principal reto sea dejar de hablar de pobreza como si describiéramos una anomalía que afecta a un grupo pequeño y perfectamente identificable. La pobreza es un riesgo para millones de personas en Andalucía, aunque muchas de ellas no se paren a pensarlo. Combatir la pobreza es buscar soluciones para quienes están en peores condiciones pero consiste también en construir una Andalucía donde cualquiera de nosotros pueda afrontar una enfermedad, perder un empleo, formar una familia, envejecer o atravesar una mala etapa sin miedo a caer por un agujero del que después resulte casi imposible salir.
En eso trabaja EAPN-Andalucía, en defender los derechos de todas las personas que vivimos en Andalucía.
| JOSÉ MIGUEL MORALES, presidente de EAPN-A