EN PRIMERA PERSONA | Jorge Molina, director 'Andalucía es Naturaleza'
VOTO DIARIO
Acabamos de ir a las urnas, y cada tanto lo haremos. Se trata de un acto ciudadano de calado, pero tan relevante hito de votar resulta menor, o al menos esporádico, respeto a la ‘votación’ que efectuamos cada día: qué productos compramos, que energía contratamos o, para resumir, a quién damos nuestro dinero y por tanto prevalencia en el mercado.
En esos actos cotidianos vive la semilla para cambiar muchísimas cosas, pues está en nuestras manos cambiarle el paso a cualquier tipo de industria y de gobierno. En esas decisiones se encuentra el germen de la Revolución del Sentido Común, la ambiental: cambiar nuestra forma de vida depredadora hacia el planeta por otra que deje vida a quienes nos siguen.
Acabo de citar un concepto muy en boga ahora. Se dice que la actual joven generación es la primera en muchísimo tiempo que vivirá peor que la de sus padres ¿La degradación ambiental está en la base de esa situación? Por supuesto. Justamente estamos viendo cómo la lucha –tan primitiva- por el petróleo provoca hoy día guerras, invasiones o secuestros de presidentes (y para más inri a cargo del poderoso, el país que creíamos de referencia).
Las otras dos superpotencias no se quedan atrás: arrasan donde y con lo que sea preciso por motivos nítidamente ambientales, por ejemplo para lograr los codiciados minerales raros para la industria tecnológica.
En nuestro país parecía existir hasta hace unos años menos analfabetismo en los temas de medio ambiente. Pero el retroceso es tangible. Emergen, poderosos, partidos políticos de extrema hostilidad hacia la conservación de los recursos que nos dan la vida: agua, tierra y atmósfera. Burbujean muchos intereses privados, de gran empuje, a los que dan cobertura medios de comunicación. Un todo que se beneficia de la derrama de dinero que genera la depredación de los recursos naturales, de nuestro entorno.
Pongo dos ejemplos. La movilidad. La OMS ha dictado en dos ocasiones informes sobre cómo el humo del diésel provoca cáncer, sin paliativos. Cuando se plantea gubernamentalmente el fin del diésel y se le pone plazo, surgen voces que lo muestran como un atentado contra el ciudadano y la economía, casi les falta añadir contra la civilización occidental.
Sigamos: la energía. El fomento de las energías renovables para algunos en una idea impulsada poco menos que por iluminados. Aunque, oh paradoja, ahora que gas y petróleo ruso dejaron de llegar, y que EEUU ha provocado gravísimos problemas de abastecimiento desde Oriente Medio, miramos a sol y viento de otra manera.
Aparecen en estos ejemplos dos de las muchas poderosas industrias –en este caso petrolera y automovilística–, capaces de marcar el paso de la opinión pública, sobre todo actualmente, cuando el esfuerzo de pensar resultada tan fatigoso. Tanto, que nos abandonamos a la Inteligencia Artificial, la cual nos da las respuestas sin el esfuerzo de pensar, ya lo hacen por nosotros los nuevos oligarcas norteamericanos y chinos que la programan.
Es muy posible, cada día más posible, un caos a partir de algo tan básico como la energía si no damos los pasos hacia la sostenibilidad. Un caos del que hemos tenido dos ensayos generales con el virus que hundió la economía, y ahora merced al actual presidente de la súper potencia.
Pero soy optimista. A la vez, miles de ciudadanos van colocando paneles solares en sus viviendas. No pocos hacen su pan, tienen su huertecito en la azotea. Muchísimos reciclan, cogen la bici, compran ecológico o al menos de cercanía. Existe una avanzadilla –también en ámbitos gubernamentales– que va sembrando la única opción posible para prolongar nuestra existencia como especie, la de gastar menos planeta del que podemos consumir sin esquilmarlo.
Y, atención, Andalucía dispone de la base, algo que ha ocurrido poquísimas veces o ninguna en su historia, para liderar a Europa. Se trata de las energías que generan sin fin el sol y el viento. Una industria no deslocalizable, siempre estará aquí generando liderazgo e ingresos. Ahí se encuentra, cegadora, nuestra gran oportunidad.
La avanzadilla social y política va sumando tropa al ejército del sentido común, de la sostenibilidad. Compruebo hace años con agrado que una organización de tanto peso específico como la ONCE está por ese activismo en pro del sentido común. Y la decisión de dedicar la imagen de su emblemático cupón a valores ambientales suma, sin duda, al empeño.
Pero hay que seguir, queda demasiada tarea. La emergencia de políticos de ultraderecha no juega a favor de este sentido común. Sus mensajes son muy sencillos, de IA barata: derecho universal a la caza, gasolina barata, turismo a pie de playa sin cortapisas, los linces salen caros, el clima no cambia, el ecologismo es un peligro progre…
Como decía, no hacen falta urnas cuatrienales para cambiar el mundo, sino decidir ante la caja registradora. Pensemos antes de comprar. Tras la pandemia pareció que iba a ocurrir algo maravilloso con ese espontáneo apoyo a los comercios de cercanía. Pues, eso, reparemos en que la industria siempre nos sigue, es decir, sigue a nuestro dinero, a nuestras decisiones. Tirémosle de la correa, cambiemos el mundo, compremos como si votáramos.
| Jorge Molina
Director de 'Andalucía es Naturaleza' de Canal Sur Radio, y 'Tierra 7', de 7TV