Construyendo un verano juntos en los campamentos de verano del CRE

BOLETÍN 211 AGOSTO 2026

Más de un centenar de alumnos con discapacidad visual en Hornachuelos y Huelva viven una semana de aprendizaje, convivencia y autonomía bajo el lema «Arquitectura sin barreras»

Hay experiencias que permanecen en la memoria mucho después de que termine el verano. Los campamentos organizados por los Servicios Sociales de la ONCE en colaboración con el Centro de Recursos Educativos de Sevilla forman parte de ese tipo de experiencias. Año tras año, decenas de niños y jóvenes con discapacidad visual encuentran en ellos un espacio donde disfrutar, crecer y descubrir nuevas capacidades en un entorno adaptado a sus necesidades. Una tradición que vertebra gran parte de las relaciones sociales de los pequeños, que esperan con ansia cada año esa semana de convivir con sus amigos. 

La edición de este verano ha vuelto a demostrar el valor de una iniciativa que ya se ha consolidado en el calendario educativo y de ocio del centro. Por segundo año consecutivo, la actividad se ha desarrollado de manera simultánea en dos sedes diferentes: Hornachuelos, en plena Sierra Morena cordobesa, y la provincia de Huelva, dos escenarios muy distintos que, sin embargo, compartieron exactamente el mismo espíritu.

Aunque separados por cientos de kilómetros, ambos campamentos siguieron un proyecto educativo común a toda España cuyo eje temático fue «Arquitectura sin barreras», una propuesta que invitó a los participantes a reflexionar sobre cómo deben diseñarse los espacios para que todas las personas puedan utilizarlos con autonomía, seguridad e igualdad de oportunidades.

Durante siete días, el aprendizaje convivió con el juego, la convivencia con la diversión y la educación con el ocio. Cada actividad fue concebida para demostrar que la accesibilidad no es únicamente una cuestión técnica, sino una forma de entender la sociedad y de construir un mundo más inclusivo.

Almunos saliendo de excursión
En Huelva, el campamento se desarrolló en Andévalo Aventura

Aprender desde la experiencia

Cada edición de estos campamentos gira en torno a un tema diferente que sirve como hilo conductor de todas las actividades. En esta ocasión, la elección de «Arquitectura sin barreras» permitió trabajar un aspecto especialmente relevante para las personas con discapacidad visual: la importancia de crear espacios pensados para todos.

Ángela García fue la encargada de supervisar el campamento en su sede en Hornachuelos. Durante siete días, fue la comandante en jefe de 57 niños que rebosaban ganas de pasarlo bien, aprender y estar con sus amigos. “Ha sido una experiencia muy satisfactoria” confiesa. “Los niños dan mucho trabajo, pero el equipo de voluntarios y monitores hemos trabajado en sintonía hasta un punto en el que no sólo los niños se lo han pasado bien, sino todos” cuenta la coordinadora. 

Las actividades, aunque con la premisa de la arquitectura, no se acogían todas al plano técnico: en Hornachuelos, los alumnos interactuaron con el entorno de las más variadas maneras, desde rocódromos a multiaventuras, de actividades deportivas a charlas

Uno de los elementos que caracterizan estos campamentos es la organización de los participantes en grupos de edades similares. Esta distribución permite adaptar tanto los contenidos como la metodología y el nivel de autonomía exigido en cada actividad.

Los más pequeños vivieron la temática a través del juego simbólico, los cuentos, la exploración de materiales y dinámicas sensoriales que despertaban su curiosidad de forma natural. Para ellos, aprender significaba tocar, experimentar y descubrir.


Los participantes de mayor edad, por su parte, afrontaron propuestas más complejas en las que debían debatir, resolver problemas, planificar construcciones o trabajar cooperativamente para encontrar soluciones a determinados desafíos relacionados con la accesibilidad.

Esta diferenciación no impedía que existieran numerosos momentos compartidos. Las comidas, las veladas nocturnas, algunos juegos colectivos y determinadas actividades favorecían la convivencia entre todos los grupos, generando un ambiente familiar donde los mayores ejercían con frecuencia un papel de apoyo y referencia para los más pequeños. Lejos de convertirse en una simple división organizativa, los grupos acababan funcionando como pequeños equipos donde cada participante encontraba su espacio para crecer a su propio ritmo.

Construir para comprender

Si hubo una actividad capaz de despertar un entusiasmo prácticamente unánime entre todos los participantes, esa fue el taller de maquetas. Tipis, casas abiertas o casa de campo, cada estudiante elegía la modalidad y plasmaba en tres dimensiones su creatividad.

Utilizando diferentes materiales y texturas, los niños y jóvenes fueron construyendo espacios accesibles en los que pensaban cuidadosamente la ubicación de rampas, pasillos, zonas comunes o elementos de orientación. Cada decisión abría un nuevo debate sobre las necesidades de las personas que utilizarían esos espacios. El taller se convirtió así en mucho más que una actividad manual. Fue un ejercicio de creatividad, planificación y resolución de problemas que obligaba a ponerse en el lugar de otras personas y a comprender que la arquitectura no consiste únicamente en levantar edificios, sino también en facilitar la vida de quienes los habitan.

La satisfacción era evidente cuando cada grupo presentaba el resultado final de su trabajo. Más allá de la estética de las construcciones, lo verdaderamente importante era el razonamiento que había detrás de cada decisión adoptada. Para muchos participantes, estas sesiones volvieron a convertirse en el momento más esperado de toda la semana, confirmando que aprender resulta mucho más sencillo cuando se hace desde la experimentación y el trabajo compartido.

Mucho más que un campamento de verano

Aunque el eje temático ocupó un lugar destacado en la programación, la vida diaria de ambos campamentos fue mucho más amplia. Cada jornada comenzaba con actividades pensadas para fomentar la participación activa de todos los asistentes y continuaba con una combinación equilibrada de talleres, juegos, actividades deportivas, propuestas culturales y momentos de ocio.

El objetivo nunca fue llenar el horario de tareas, sino ofrecer experiencias que contribuyeran al desarrollo personal de los participantes. En este sentido, cada dinámica estaba diseñada para trabajar competencias como la autonomía, la comunicación, la orientación, el trabajo en equipo y la resolución de problemas, siempre desde una perspectiva lúdica.

Los juegos cooperativos ocuparon un lugar importante dentro de la programación. Frente a la competición, las actividades invitaban a colaborar, escuchar y encontrar soluciones conjuntas. Era frecuente ver cómo los niños compartían estrategias para superar un reto o ayudaban espontáneamente a un compañero cuando surgía alguna dificultad.

Las actividades al aire libre también tuvieron un protagonismo especial. Los espacios naturales de Hornachuelos y el entorno de Huelva ofrecieron escenarios idóneos para realizar recorridos adaptados, dinámicas de exploración y juegos que permitían a los participantes relacionarse con el medio utilizando todos sus sentidos. Escuchar los sonidos del bosque, identificar diferentes texturas o reconocer aromas característicos del entorno se convertían en oportunidades para descubrir el mundo desde una perspectiva diferente.

Al caer la tarde llegaba uno de los momentos más esperados del día: las veladas nocturnas. Juegos, representaciones, música y actividades de grupo transformaban las noches en espacios de convivencia donde las risas sustituían al cansancio acumulado durante la jornada. Eran instantes en los que desaparecían las diferencias de edad y todos compartían el mismo entusiasmo por participar.

Gala got talent en el campamento
Las veladas eran el momento más esperado del día

La convivencia, el aprendizaje más valioso

Si algo caracteriza a estos campamentos es que el verdadero aprendizaje no se limita a los talleres programados. Buena parte de las enseñanzas nacen de la convivencia cotidiana. Compartir habitación, organizar el material personal, respetar los horarios, colaborar en pequeñas tareas comunes o resolver los inevitables conflictos que surgen durante una semana de convivencia forman parte de un proceso educativo tan importante como cualquier actividad diseñada previamente.

Para muchos participantes, especialmente los más pequeños, esta experiencia supone una de las primeras ocasiones en las que pasan varios días fuera del entorno familiar. Esa circunstancia les permite desarrollar una autonomía que, en ocasiones, sorprende incluso a sus propias familias. Durante la semana aprenden a organizar su ropa, preparar su mochila para las actividades del día siguiente, cuidar de sus pertenencias y tomar decisiones de manera cada vez más independiente. Son pequeños gestos cotidianos que, sumados, contribuyen a reforzar su confianza y autoestima.

Pero la convivencia también favorece algo igualmente importante: el sentimiento de pertenencia. Los niños y jóvenes encuentran un espacio donde compartir experiencias con otros compañeros que viven situaciones similares, intercambiar estrategias y comprobar que muchas de las dificultades a las que se enfrentan en su día a día también forman parte de la realidad de otros chicos y chicas de su edad.

Ese reconocimiento mutuo genera vínculos que con frecuencia se prolongan más allá del propio campamento. No es extraño que algunos participantes esperen con ilusión el verano siguiente para reencontrarse con amigos conocidos en ediciones anteriores.

Un equipo comprometido con cada detalle

Detrás del buen funcionamiento de los campamentos existe un importante trabajo de planificación y coordinación llevado a cabo por el equipo del Centro de Recursos Educativos de la ONCE.
Educadores, monitores y especialistas preparan durante meses una programación en la que cada actividad responde a unos objetivos concretos. Nada queda al azar. Desde la elección de los materiales hasta la distribución de los grupos o la organización de los espacios, todo se diseña pensando en ofrecer una experiencia segura, enriquecedora e inclusiva.

Durante el desarrollo del campamento, el equipo acompaña de manera constante a los participantes, adaptando las actividades cuando es necesario y procurando que cada niño pueda participar en igualdad de condiciones. Ese acompañamiento, sin embargo, no significa sobreprotección. Al contrario. Uno de los principios que guía el trabajo educativo consiste precisamente en favorecer la autonomía personal, ofreciendo el apoyo necesario sin impedir que los propios participantes sean quienes resuelvan muchas de las situaciones que encuentran a lo largo de la semana.

El papel de los profesionales resulta especialmente importante a la hora de detectar las fortalezas de cada participante. Más allá de las limitaciones visuales, el equipo centra su atención en las capacidades, intereses y posibilidades de cada niño, reforzando aquellos aspectos que contribuyen a su desarrollo integral.

Crecer en confianza

Uno de los aspectos que más destacan las familias tras cada edición es el cambio que experimentan muchos participantes al regresar a casa. Después de una semana conviviendo con otros compañeros, afrontando pequeños retos cotidianos y descubriendo que son capaces de hacer muchas más cosas de las que imaginaban, los niños vuelven con una mayor sensación de seguridad y autonomía.

Algunos regresan con nuevos amigos. Otros descubren aficiones que desconocían. Muchos aprenden estrategias que después aplican en su vida diaria, tanto en el ámbito familiar como en el escolar.
Ese crecimiento personal constituye probablemente el mayor éxito de la iniciativa. Más allá de las actividades realizadas o de los conocimientos adquiridos sobre la temática de cada edición, el verdadero valor del campamento reside en las experiencias vividas y en la confianza que los participantes desarrollan en sí mismos.

Chicos en el campamento de Hornachuelos
Alumnos y monitores aprendieron casi por igual

Cada conversación compartida, cada reto superado y cada pequeño logro alcanzado contribuyen a construir una imagen más positiva de sus propias capacidades.

¿Continuará?

Cuando llega el último día, las mochilas vuelven a llenarse. Esta vez no solo de ropa o recuerdos materiales, sino también de amistades, aprendizajes y experiencias que acompañarán a los participantes mucho tiempo después de regresar a casa.

Los abrazos de despedida, las promesas de volver a verse y las fotografías finales resumen una semana intensa en la que el tiempo parece haber transcurrido mucho más despacio de lo que marca el calendario.
Para el Centro de Recursos Educativos de la ONCE, estos campamentos representan mucho más que una actividad estival. Constituyen una herramienta educativa que complementa el trabajo desarrollado durante todo el curso, favoreciendo el desarrollo personal, la inclusión social y la autonomía de niños y jóvenes con discapacidad visual.
La celebración simultánea en Hornachuelos y Santa Bárbara confirma además la consolidación de un proyecto que continúa creciendo sin perder aquello que lo hace verdaderamente especial: la atención personalizada, la cercanía de los equipos educativos y la convicción de que aprender puede ser también una aventura compartida. Mientras las instalaciones recuperan el silencio tras una semana de intensa actividad, quienes han participado ya comienzan a recordar anécdotas, juegos y momentos inolvidables. Y, casi sin darse cuenta, empiezan también la cuenta atrás para la próxima edición, convencidos de que el verano volverá a traer consigo nuevos retos, nuevas amistades y un nuevo tema sobre el que seguir aprendiendo.

Porque, al fin y al cabo, ese es el verdadero espíritu de estos campamentos: demostrar que cuando desaparecen las barreras, aparecen las oportunidades. Y que el aprendizaje más importante no siempre se encuentra en los libros, sino en las experiencias compartidas, en la convivencia y en la certeza de que cada persona puede construir, a su manera, un mundo más accesible para todos.
 

Publicador de contenidos

Publicador de contenidos

GRUPO SOCIAL ONCE
ILUNION

Visualización del menú

Enlaces de Utilidad

Publicador de contenidos