FIRMA INVITADA: Mar Hormigo, presidenta de la Comisión de Igualdad del Parlamento de Andalucía

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Invisibles para lo bueno y, sobre todo, para lo malo

Llega el mes de marzo, y como cada día 8, la sociedad y las instituciones de nuestro país salimos a reivindicar una sociedad más justa, más igualitaria, más tolerante y menos violenta contra la mujer. Afloran los debates, se publican las cifras (vergonzantes años tras año) y la clase política, independientemente de su color, se propone más retos, fija nuevos objetivos, celebra algunos avances y lamenta de nuevo que sigan produciéndose víctimas a pesar de los esfuerzos.

Sin embargo, el drama de la violencia de género esconde una realidad más dura. Como en tantos otros ámbitos de la vida, las personas con discapacidad sufren la etiqueta de ser invisibles. Como se dé un tabú se tratase, miles de personas en nuestro país pasan desapercibidas, consigan logros (como en unos Juegos Olímpicos) o sufran maltrato en sus casas a manos de sus parejas. Invisibles para lo bueno y, sobre todo, para lo malo.

Aunque no la veamos, aunque los medios no hablen de ello jamás, la violencia de género contra la mujer discapacitada convierte a todas estas personas en víctimas doblemente castigadas. Son mujeres que tienen que escuchar casi a diario que no son “útiles”, “normales”, “que no saben hacer las cosas solas”, y ese castigo, día tras día, termina hundiéndolas del todo. Las mujeres con discapacidad tienen dificultad para realizar determinadas tareas, pero no para sentir, y esa vía, la del afecto, es la que utilizan sus maltratadores para infringirles una violencia real pero invisible, para atraparlas en redes de las que es muy difícil salir.

El Consejo General del Poder Judicial publicó en 2013 el Informe sobre Mujeres con Discapacidad y Violencia de Género, en el que mostraba una realidad de la que muy poca gente es consciente: más del 80% de las mujeres discapacitadas han sufrido alguna vez violencia a manos de sus parejas. Que 8 de cada 10 mujeres sean víctimas hoy en día no solo debería avergonzarnos como sociedad, sino que debería encender todas las alarmas. Estas mujeres tienen un riesgo cuatro veces superior que el resto de sufrir algún tipo de violencia, y organizaciones como CERMI luchan cada día para que esta estadística salga a la luz, porque la mayoría de los casos no se contabilizan.

En Andalucía, la Consejería de Igualdad, Políticas Sociales y Conciliación, enmarcada dentro del Pacto de Estado contra la Violencia de Género, ha realizado jornadas de sensibilización especiales para colectivos con discapacidad, y ha dado un paso ambicioso para erradicarla de nuestra comunidad. El II Plan de Acción Integral para Mujeres con Discapacidad en Andalucía, en fase de elaboración, ahonda en las necesidades especiales que tiene este colectivo, en la obligación de las instituciones en disponer de mecanismos de empoderamiento, en proporcionarles información y espacios en los medios de comunicación, y en fijarse especialmente en las zonas rurales, donde se producen muchos de estos casos invisibles.

Esta es la base sobre la que todos los partidos, sin excepción, debemos trabajar. Son muchos los retos, y muchas las dificultades, pero ninguna ideología debería frenarnos en el camino por que todas las mujeres con discapacidad o no, sean reconocidas por igual en todas las etapas educativas, en el mercado laboral y en el sistema sanitario y no encuentren ningún obstáculo. Solo así podemos empezar a garantizar una vida social amplia y diversa donde la discapacidad no sea una limitación a la hora de recibir asistencia, encontrar recursos y lograr la plena inclusión sociolaboral.

La Andalucía igualitaria y libre de violencias machistas que perseguimos está lejos. Más aún cuando ponemos luz sobre problemas que no conocíamos, o que se mantenían ocultos a los ojos de nuestra sociedad. Debemos alcanzar una igualdad real y efectiva que traspase el papel y el discurso político y se convierta en hechos tangibles. Por ello, por ellas, seguiré luchando cada día. Jamás concebiré a una mujer con discapacidad como una mujer de segunda categoría, sino todo lo contrario. Si todas somos iguales, seámoslo ante la ley y ante nuestra conciencia. El camino es largo, pero se recorre mejor cuando lo hacemos juntos.

Mar Hormigo

Presidenta de la Comisión de Igualdad del Parlamento de Andalucía

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