EN PRIMERA PERSONA: Felipe Gutiérrez, viajero

Secciones: Entrevistas
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“Soy un puro soñador”

Siempre quiso ser un Phileas Fogg y lleva camino de conseguirlo. Adicto desde pequeño a los documentales de Jacques-Yves Cousteau y Félix Rodríguez de la Fuente, Felipe Gutiérrez (Málaga, 1979), Felipón para los amigos, despertó su interés por otras culturas en su infancia, en Marruecos, país al que viajaba con frecuencia con sus padres. Durante 15 años trabajó, claro, en un aeropuerto, el de Málaga, hasta que un tumor cerebral le arrebató de golpe la visión y la audición. Lejos de amedrentarse, la condición de persona con sordoceguera ha hecho crecer su ambición por aprender, con destinos cada vez más lejanos y estancias aún más largas. Desde entonces siente que tiene el mundo en sus manos. Es un enamorado de la vida y del ser humano, un alma libre como el viento para seguir haciendo de su tiempo un viaje de ida y vuelta.  

La vida ¿es algo más que un viaje?

La vida es un viaje, va siempre en movimiento, estás siempre aprendiendo cosas y es la manera que yo tengo de disfrutar la vida, que es viajando. Es mi combustible, la fuerza que me da para levantarme siempre.

¿De pequeño jugaba a los aviones?

Pues mira, mi padre era controlador aéreo, así que me he criado entre aviones. De siempre he sido, soy y seré un puro soñador. De chiquitito siempre me encantaba ver la Ruta Quetzal, era un gran admirador de Miguel De la Cuadra Salcedo, los documentales de Jacques-Yves Cousteau y Félix Rodríguez de la Fuente me encantaban y los libros de Julio Verne eran mi perdición y de chiquitito siempre soñaba con ser uno de ellos. La semilla de viajar, conocer otros mundos y otras culturas, fue creciendo dentro de mi desde muy chiquitito.

¿Soñaba con ser Phileas Fogg?

Más o menos, un Phileas Fogg en toda regla en versión malagueña -se ríe-.

¿Cuál es el primer viaje que recuerda?

Marruecos. Mis padres me llevaron de chiquitito para allá porque mi madre, por cuestiones personales se tuvo que ir para allá con mi abuelo, estuvo casi 30 años viviendo en Marruecos, aunque ella nació en Málaga, y desde pequeño siempre me han llevado para allá. Y me han enseñado un respeto a otra cultura para ver el mundo de forma distinta, siempre con la mente abierta, y esos son mis primeros recuerdos, corriendo por Tánger.

El enorme contraste cultural que supone Marruecos a una distancia geográfica tan corta desde Andalucía debió marcarle.

En 14 kilómetros hay un cambio radical de todo. En el momento en que me bajo del barco me olvido del reloj y del móvil y me dejo fluir.

¿Qué le atraía más de ese cambio?

El bullicio de la gente, son todos muy expresivos, muy chillones, como aquí en Andalucía, los olores, los rasgos faciales, las vestimentas, estaba siempre con los ojos abiertos de un lado para otro, la hora del rezo, era algo que me dejaba ensimismado.

Diría que Marruecos es el país que mejor conoce.

Digamos que sí, por lo menos el que más veces he estado, seguro, y el que más he recorrido sí. Todos los años intento bajarme a ver a amigos o perderme un poquito por ahí.

“Nunca se puede viajar con una imagen predispuesta”

Felipe Gutiérrez, en la sede de la ONCE de Málaga, asegura que para viajar "los complejos hay que guardárselos"

Marruecos como destino todavía despierta algún recelo entre los turistas españoles. ¿Qué les diría?

Los complejos hay que guardárselos, hay que ver el mundo tal y como es, aquí somos todos iguales, ni más, ni menos. Los perjuicios, los estereotipos, lo que nos dicen, lo que vemos en el día a día, aquí en España, en Europa, todas esas cosas, ya no solo con Marruecos sino para viajar en general, tú no puedes viajar con un concepto dado, tienes que ir con la mente abierta y lo que veas, aprendes y te lo quedas. Nunca se puede viajar con una imagen predispuesta en la cabeza.

Ha trabajado 15 años en el aeropuerto de Málaga. ¿Qué funciones realizaba?

He estado en dos empresas la mayor parte del tiempo; una era de asistencia a vuelos privados, tema técnico, operaciones, planes de vuelo, asistencia a pasajeros de aviación privada y representante de compañías aéreas comerciales. Ahí estuve 6-7 años y luego pasé a la atención a pasajeros de movilidad reducida.

O sea que ha estado usted viajando durante muchos años con la mente, viendo como viajaban otros.

Si, y me decía, aquí quiero ir yo, o esta compañía no la conozco, ¿dónde viaja?

Y siendo hijo de controlador aéreo ¿no ha tenido más ambición en sus aspiraciones profesionales?

La verdad es que estaba muy a gusto donde estaba porque realmente lo que me gusta es el trabajo técnico, estar en pistas, oler el olor a combustible, estar en contacto con las tripulaciones, chequear los planes de vuelo, que le avión esté todo correcto, siempre me ha gustado el trabajo de campo.

A los 33 años sufre un tumor cerebral que le arrebata de golpe la visión y la audición. ¿Cómo fue ese golpe que le dio la vida?

Fue un golpe bastante, bastante duro. Yo llevaba tiempo que no me encontraba bien con dolores de cabeza casi de 24 horas, cada dos por tres con pastillas, notaba que la visión era borrosa, y ya, lo que me hizo dar la señal de alarma es que yo pensaba que tenía un tapón en el oído derecho, pero seguía sin escuchar, con dolor de cabeza y mareos. Me hicieron una resonancia magnética -recuerdo perfectamente la fecha, un 5 de enero de 2013, regalito de Reyes- me dijeron que tenía un pequeño ocupa en la cabeza exactamente en el nervio acústico.

“La ONCE me lo ha dado todo”

Gutiérrez reconoce que su condición de persona sordociega limita sobre todo sus conversaciones en los viajes

¿Cómo se sale de esa situación Felipe?

Pues afrontando. Sé lo que hay, teniendo confianza plena y absoluta en los médicos. Desde primera hora tuve el apoyo total de mi familia, que fue vital, pero sobre todo tener confianza en los médicos. Me dijeron que iba a perder la audición, que la visión iba a verse afectada, era consciente de lo que había, sabía lo que tenía que hacer y estaba en predisposición absoluta con el equipo médico. Y un 14 de marzo entramos al taller.

Y el Felipe que salió de ese quirófano ¿es muy distinto al que entró?

Totalmente distinto. Con otra forma de ver la vida, otras prioridades. Ahora valoro más otras cosas, me preocupo menos por otras cosas a las que les daba antes más importancia, e intento disfrutar la vida dentro de los límites que tengo.

Si antes viajaba mucho, ahora viaja más.

Si antes viajaba, lo hacía cuando las vacaciones laborales me permitían, ahora simplemente viajo cuando me apetece, que es con frecuencia.

Se afilió a la ONCE en 2014. ¿Qué ha hecho la ONCE por usted?

Todo. Lo digo claramente, bien alto y superorgulloso, la ONCE me lo ha dado todo. De estar mal, y no saber cómo afrontar mi nueva vida, a llegar aquí, tener las puertas abiertas, el cariño, la ONCE me lo ha enseñado todo, mi nueva movilidad en la calle, cómo afrontar la vida, como educar la vista y la audición, el propio afiliado de la casa, solo por hablar con ellos iba aprendiendo nuevas cosas, por eso digo que me lo ha dado todo y estoy agradecido a ellos porque si no hubiera aprendido todo lo que he aprendido aquí no hubiera podido viajar.

La condición de persona con sordoceguera ¿le limita en algo?

Obviamente, teniendo la visión y la audición fastidiada, me limita muchas conversaciones, en ciertos ambientes estoy bastante limitado. En sitios muy ruidosos me impide llevar una conversación. Con las mascarillas tengo bastantes problemas y a la hora de viajar estoy bastante limitado a la hora de entablar conversaciones. Luego como no aparento discapacidad visual ni auditiva me hablan en tono normal y no me entero.

“Ahora he aprendido a viajar”

"para viajar hay que ir con la mente abierta, como una esponja para absorber sonidos, olores y ambientes", afirma Felipe

Digamos que viaja distinto ahora.

Claro, ahora he aprendido a viajar. Ahora puedo decir claramente que he aprendido a viajar. Antes solamente viajaba por conocer el mundo y pasar buenos ratos. Ahora he aprendido que para viajar hay que ir con la mente abierta, como una esponja para absorber sonidos, olores, ambientes y aprender de los pequeños instantes que antes no apreciaba, como pararse a tomar un té con alguien que te invita, o a hablar con alguien que trabaja en la calle. Son esas pequeñas cosas las que ahora sí aprecio, antes no lo hacía, y hacen que me guste viajar.

Viajar solo ¿es una forma de vida?

Solo salgo de Málaga. Por el camino siempre conozco gente. Nunca planifico. Siempre me reservo la primera noche, sé cuándo voy y, como mucho, cuándo vuelvo a España, pero lo único que tengo reservado es la primera noche. El resto me dejo llevar. Como voy por libre, sin guion, sin nada planificado, sin horario, ni nada, simplemente me dejo llevar.

Le iba a decir que la preparación y planificación de un viaje forma parte de su encanto. Pero en su caso no hay planificación que valga.

A ver, sí hay preparación, pero simplemente ver un poco la logística, ver lo que quiero ver y ya lo demás voy al día. Me da igual el orden, sin nada cerrado.

¿Qué criterio sigue para elegir un país?

Siempre he sido un soñador. He querido ver ciertas cosas y ahora estoy cumpliendo esos pequeños sueños. Pero no me limito solo a eso. Simplemente que me atraiga o que el vuelo sea barato. Que sean seis u ocho horas de avión y barato. Primero me tiene que atraer, que eso es fácil porque a mí me atrae cualquier país del mundo, pero busco que sea un país distinto a Europa, con otra cultura distinta y que esté lejano.

¿Cuál es el país que más le ha impactado?

Irán. Que más me ha gustado, cualquier país de África, me tiene enamorado, Kenia, Namibia, Botsuana, Zimbabue, el África subsahariana no me lo esperaba así y me enganchó totalmente. Pero como mi país favorito a día de hoy, Irán sin duda alguna.

¿Por qué?

Es maravilloso. Un país lleno de cultura, de historia, la gente un cariño tremendo, una hospitalidad que vas por la calle te van parando, te invitan a tomar un café, a comer, a dormir. En Irán he encontrado ese cariño y ese calor.

¿Alguno que le haya decepcionado?

No. Ninguno. A todos le busco y le encuentro lo positivo. Como es lógico hay países que te gustan más o menos, pero decepción, ninguna.

¿Algún país al que no volvería?

De momento siempre digo que tengo que seguir conociendo. No me gusta repetir salvo Marruecos, que repito. Pero por regla general intento no repetir.

¿Alguno en el que se haya sentido intimidado o en apuros en algún momento?

Tanzania, Zanzíbar, que fue mi primer contacto con el África subsahariana. Fue llegar a la capital de Zanzíbar, iba por libre, las calles caóticas, las aceras llenas de baches, obstáculos, coches y bicicletas por todos los lados, callejuelas, me encontré muy perdido y saturado y la verdad es que lo pasé mal. Pero conocí a un chico local, me quedé con él seis días, conocí lo que quería conocer, donde se mueve la gente local, alejado de zonas turísticas.

“El mundo es maravilloso”

El viajero malagueño se declara un enamorado de la vida y asegura que no hay nada que le frene

¿Cree que existe un lugar en el mundo donde no existan las nacionalidades ni las religiones y donde los seres humanos viven libres de prejuicios?

Eso es la forma de ver de cada uno. Va a depender de la educación, el respeto, es algo personal, pero sí hay sitios en los que yo me he encontrado más cómodo y otros menos cómodo. Pero no se puede decir, tal país es así. Eso es la forma de verlo de cada uno.

Con esa perspectiva que tiene del planeta, ¿le gusta el mundo en el que vivimos?

Me encanta. El mundo es maravilloso. El ser humano, a pesar del odio y las guerras, es maravilloso. Y enamorado de la vida por todo lo que estoy aprendiendo. Y cada viaje que hago más enamorado de la vida y del mundo.

¿Qué ha aprendido de la humanidad en estos viajes? ¿Somos más iguales de lo que nos creemos? ¿Qué lección extrae?

Para empezar, que el ser humano es bueno. Te encuentras de todo, pero en general el ser humano es bueno. Cuando vas a países que uno piensa que son conflictivos, te encuentras gente muy hospitalaria y sientes el cariño. También hay gente que quiere aprovecharse y evitas a esas personas.

Permítame la pregunta, ¿cómo se sostiene económicamente este ritmo de vida?

Hombre, el dinero no cae del cielo, tengo una pensión por incapacidad permanente absoluta. De todos modos, mis viajes son todos low cost, intento buscar vuelos baratos, aunque sean con más escalas, alojamientos en hostel, ahora quiero probar el Coachsurfing, una aplicación donde el propietario de la casa ofrece una habitación a cambio de un rato de charla o conocer a otra persona. Ahí vas a conocer a la gente local. Intento comer en sitios locales, nunca voy a un sitio de mantel. Así es como disfruto yo.

¿Su próximo destino no será Ucrania?

De momento no, pero me encantaría visitarla. Ahora mismo no tengo ningún destino en mente, tengo muchos, pero ninguno claro.

Tiene la sensación de que tiene el mundo en sus manos.

El mundo y el tiempo en mis manos, sobre todo el tiempo. Mucha gente tiene el reloj, yo tengo el tiempo. Yo marco mi ritmo, por mi discapacidad visual tengo que ir a mi ritmo, no al de la gente, así que yo soy el propio dueño de mi tiempo, marco mi ritmo y ya está.

Y el COVID no le afecta.

Al COVID le tengo respeto obviamente. Simplemente le tengo respeto, voy con toda la precaución posible. En mi último viaje a Uzbekistán hace cuatro meses, mantuve las medidas de higiene correspondientes, pero a mí no hay nada que me frene.

Su perfil de Instagram se llama #condoscojonesyunbastón. Es toda una declaración de intenciones.

Totalmente, eso es como hay que tomarse la vida, con dos cojones y desde ahora con un bastón.

Es también una provocación.

Tómalo como quieras.

| LUIS GRESA

 

 

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