Los otros 8-M

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Reportaje sobre el 8M desde la perspectiva de cuatro mujeres con discapacidad visual

Cuatro mujeres con discapacidad visual hablan de su particular lucha en defensa de la igualdad y reivindican un feminismo sin pancartas ni banderas

Hay un 8M por cada mujer. Uno por cada día del año. Para las mujeres con discapacidad la lucha por la igualdad se antoja, si cabe, un reto aún mayor que para el resto de las mujeres. Una batalla constante contra la adversidad que, pese a las dificultades, se salda con el triunfo de llegar a ser lo que ellas quieren. Sin más alardes, ni banderas, ni pancartas, ni arrogancias. Mati, Érika, María José y Susana son cuatro ejemplos más de otros 8M. A Mati le ofrecieron dejar su trabajo si se casaba, a Érika le echaron de su puesto en un hotel por su discapacidad visual, a Susana su madre le obligaba a hacer las camas de sus hermanos y María José le resultó imposible encontrar trabajo por tener dos hijas y una discapacidad hasta que no entró en la ONCE. Son solo mujeres, no heroínas.

 

Mati Callejón, actriz de Jacaranda11: "Soy una luchadora"

La actriz Mati Callejón en el salón de actos de la ONCE de Granada

A Mati Callejón le echaron de su trabajo por casarse en la Granada de los años ochenta

“Creo que soy luchadora porque en mi vida casi todo han sido retos para conseguir lo que soy y la mujer en la que me he convertido a fuerza de retos”, comienza diciendo Matilde Callejón (Granada, 1958), hija de una madre muy protectora y una familia muy religiosa. Le costó salir de ese contexto y, finalmente, logró su propósito. Estudió Educación Infantil, trabajó en unos grandes almacenes como dependienta, pero cuando decidió casarse tropezó con la primera barrera por el simple hecho de ser mujer. “La empresa me dijo o te casas o sigues trabajando, pero casada no puedes seguir trabajando. Era la época, y tuve que dejar mi trabajo”, cuenta ahora con una indignación muy disimulada. Era la empresa Enrique Vázquez e Hijos de prendas de vestir. La Granada de los ochenta. Después ayudó a su marido en la farmacia y se sacó el título de auxiliar de farmacia donde trabajó durante 20 años, hasta que la retinosis pigmentaria comenzó a limitar sus movimientos a partir de sus cuarenta. “En aquellos momentos me avergonzaba un poco, mi marido me tapaba muchas cosas, no sé por qué, ahora lo piensas y no ves motivos, pero en aquellos momentos me avergonzaba”, reconoce. Y entró en la ONCE. Año 2008.  “Empecé a conocer gente que me hacía ver la vida de otra manera”, cuenta. “Aquí se me abría un mundo de posibilidades por hacer completamente distinto. Se me abrieron muchas puertas, entre ellas el teatro, que es lo a que mí me ha sacado de la timidez y la baja autoestima que tenía”.

La aventura del teatro comenzó con un grupo de amigas afiliadas que se reunían todos los martes y se apuntaban a todo con tal de compartir juntas ese rato. Así aterrizaron en una actividad de teatro bajo la dirección de Carmen Ruiz Mingorance y lo que empezó como un taller, ensayos para pasárselo bien, acabó siendo el germen de Jacaranda11, hoy uno de los mejores grupos de teatro de la ONCE, compuesto casi exclusivamente por mujeres, ahora bajo la dirección de Chiqui Paniagua.

“Eran retos continuos y eso era lo que buscábamos, retos que nos hicieran superarnos a nosotras mismas”, sostiene Mati, que ha sido Angustias en ‘La Bernarda’, Lucien en la adaptación de ‘Celestina’, o Sor Juana Inés de la Cruz, o la rusa en la última obra que han estrenado ‘Tormenta de Otoño’. “A mí me aporta sobre todo la unión con mis compañeras, eso es lo que va primero para sentirme yo bien. Y como soy muy crítica conmigo misma, intento superarme y dar valor a mi autoestima. Pero el reto de intentarlo cada vez es lo que me engancha de verdad”.

Mati Callejón bajo un foco en el salón de actos de la ONCE de Granada

"Yo concibo el feminismo como igualdad", afirma Mati, actriz del grupo de teatro Jacaranda11

La actriz asegura no haber sentido discriminación por el hecho de ser mujer o mujer con discapacidad. “Yo concibo el feminismo como igualdad. Ni feminismo ni machismo -afirma sin levantar el tono de voz-. Lo suyo es que se hagan iguales, porque siempre que salga uno sobre otro será perjudicial y será malo para uno o malo para el otro. Yo siempre defiendo la igualdad. Pero sin anteponer hombre o mujer, sino somos todos personas”, explica. Aunque reconoce que todavía hay muchas diferencias entre los derechos de las mujeres, el sueldo de las mujeres, las posibilidades de las mujeres frente a la de los hombres en España y en el resto del mundo. “Sí, es verdad, y yo lo comprendo, pero con acciones que sean muy radicales tampoco vamos por buen camino. La sociedad tiene que ser más igualitaria. Mientras haya mujeres que mueran a manos de sus maridos esa es la peor discriminación de la mujer y es la que primero tendría que ser eliminada, esa lacra, que siempre es la mujer la que la sufre”.

Mati se ha manifestado “alguna vez” un 8M, pero para ella esta jornada de marzo es un día más. “No soy de radicalizar ese día y llevarlo como bandera”, reconoce. “Si hay que salir a la calle para reivindicar algo muy concreto, pues sí, pero no por el hecho de que el día 8 sea un día muy especial. Todos los días son especiales para poder hablar de la mujer y cuidarnos las unas a las otras”.

Hoy Mati es la mujer que quiso ser. “Ahora mismo estoy contenta con la mujer en la que me he convertido; abuela y madre -confiesa-. A mi antes no me gustaba leer y fue tener a mi hija y empezar a leer. Desde entonces tengo una afición tremenda por la lectura, me encanta leer y evadirme”. Y coser, otra de sus grandes pasiones pese al escaso resto visual que conserva, coser pequeñas piezas con retales de tela.

A las mujeres con discapacidad la actriz de Jacaranda11 les recomienda que se pongan un reto cada mañana. “Ponerse retos, por ejemplo, si tienes una rutina, cambia de rutina; si vienes siempre por el mismo sitio, cambiar de calle. Lo que no sirve para nada es quedarse pasiva. Tienes que reinventarte todos los días. Yo tuve que hacerlo. Cuesta, pero una vez que te reinventas y cumples un reto, eso te ayuda a seguir con los retos diarios”. En medio de tanta radicalidad, tanta velocidad, tanto vértigo, tanto cambio, Mati considera que es un buen momento para ser mujer. “Yo creo que es el mejor momento para ser mujer puesto que esos cambios los tenemos que aprovechar ahora que está todo a nuestro favor, entre comillas. Antes no los podíamos aprovechar, pues ahora es el momento”, concluye.  

Érika Beltrán, auxiliar en la Fundación Universidad Loyola: “Queda mucho por avanzar”

Érika Beltrán a la entrada de la Fundación Universidad Loyola en Dos Hermanas (Sevilla)

A Érika Beltrán  le echaron de su trabajo en un hotel cuando obtuvo el certificado de discapacidad 

Érika Beltrán (Villanueva de los Castillejos, Huelva, 1985) es auxiliar administrativa en el Vicerrectorado de Planificación Académica de la Fundación Universidad Loyola en Sevilla. Diplomada en Turismo por la Universidad de Huelva, tiene discapacidad visual grave por una retinosis pigmentaria que se diagnosticó a los 21 años.

La vida es así. Siempre hay en todos los aspectos de la vida gente mejor y gente peor”, comenta con naturalidad. Hace dos años y medio se operó también de cataratas, pero ella ha seguido llevando su vida con normalidad, salvo conducir, uno de los aspectos que más echa en falta porque limita mucho su movilidad y autonomía. Conseguido el certificado de discapacidad, se afilió a la ONCE. “A partir de ahí todo super bien, me ayudaron en todo lo que necesitaba. Entonces trabajaba en un hotel y cuando me tuve que operar de cataratas se acabó el contrato y me echaron”. Érika evita dar el nombre de ese hotel. “En la Universidad Loyola en cambio acondicionaron mi puesto y me ayudaron también y en la ONCE me proporcionaron todo lo que necesité”, afirma orgullosa.

Pese a haber sufrido en primera persona discriminación por ser mujer y con discapacidad, Érika observa que la mujer ha experimentado un “progreso importante” en la sociedad. “Sobre todo las mujeres con discapacidad hemos podido desarrollarnos y coger más fuerza para trabajar”, afirma. “Yo no he sentido discriminación en sí, pero sí que ha habido empresas que no han tenido en cuenta mi discapacidad”, dice de manera muy diplomática. “Estaba contratada cuando me dieron la discapacidad, pero nada, para llevarse la subvención, no miraron en nada la adaptación, ni me dijeron si necesitaba algo. No me he sentido discriminada en sí, pero no ayudada”, reconoce finalmente.

Como a Mati, a Érika el término feminismo no le termina de convencer. Prefiere también igualdad. “Yo pienso que podemos realizar el mismo puesto de trabajo con las mismas condiciones y no tener discriminación, que sea en igualdad de condiciones, si realizamos el mismo puesto de trabajo, que sea igual en el salario, los horarios o las condiciones”, reclama. Aunque admite que la realidad queda lejos todavía de la legalidad vigente. “Queda mucho por avanzar y por eso reivindicamos la igualdad y el feminismo, que sea igual hombres que mujeres”, subraya. 

Érika en el interior de la Universidad

"Si realizamos el mismo trabajo ¿por qué no tenemos el mismo sueldo?", se pregunta Beltrán

A su juicio la principal reivindicación hoy es precisamente esa, la igualdad efectiva entre hombres y mujeres. “Si realizamos el mismo trabajo, tenemos los mismos estudios y las mismas condiciones, ¿por qué no tenemos el mismo sueldo cuando las mujeres son madres?”, se lamenta. Enseguida recuerda como se ha presentado a entrevistas de trabajo en las que la primera pregunta era ¿Estas casada? ¿Tienes niños? ¿Te acogerías a una jornada reducida? “Preguntas que no se las harían a un hombre”, critica. Lo que falla, sostiene, es la falta de conciencia. “Todavía queda mucho por enseñar -afirma-. Queda mucho por aprender tanto a empresarios como a directivos. También los hombres deberían de estar más concienciados sobre la igualdad en el día a día en lo personal, en casa, y en el trabajo, defendernos también un poco a nosotras, porque no tiene sentido que una persona cobre menos por hacer el mismo trabajo que la otra”.

A la mujer con discapacidad Érika recomienda que siga peleando y afrontando sus retos. “Yo no pienso en el futuro, pienso en el día de hoy. A mí me gusta mucho trabajar, aprender, y hay que seguir. Sí, tenemos barreras, pero son superables, no son algo limitante, tenemos muchas ayudas y facilidades, siempre hay opciones”, dice sonriente.

Para este próximo 8 de marzo, Érika se ha propuesto seguir luchando por sus derechos y por la igualdad y seguirse superando. 

María José Romero, vendedora de la ONCE en Cádiz: “Me siento realizada”

María José Romero en Puerta Tierra, en Cádiz

"Me siento feliz y afortunada de trabajar en la ONCE", dice María José Romero en Puerta Tierra, Cádiz

María José Romero (Cádiz, 1967) comenzó su vida laboral como dependienta en las populares Galerías Mónaco de Cádiz y continuó en Suministros Médicos. Se casó, decidió apartarse del trabajo para criar a sus dos hijas, y cuando quiso volver le resultó “muy difícil” encontrar nada que no fuera empleada de hogar o el cuidado de niños o personas mayores. En medio de tanto trajín, de una casa a otra, a los 45 años, apareció su enfermedad, una Coldrocalcinosis que le afecta a todas las articulaciones del cuerpo. “Me quedo encogida como un feto -explica gráficamente-, porque el calcio que tenemos en los huesos se hace cristalitos y me produce rigidez y dolor”.

Ahora está bien, se cuida, nada, hace pilates y sigue al pie de la letra los consejos de sus médicos para tratar de evitar las crisis que ya solo surgen de forma muy esporádica. A sus 54 años se acercó a la ONCE para solicitar una entrevista de trabajo. “Mi jefe de Juego, Sergio Llera, fue mi ángel de la guardia y me dio esa oportunidad. Y fue maravilloso, pasé la entrevista, pasé el curso, para mí era todo un sueño. Y cuando llegó el momento de hacerme el contrato a mi edad, que es muy, muy difícil, no me lo podía creer. La calidad de vida que tengo ahora con mis días libres -que antes no los tenía, la verdad-, y la oportunidad tan grande que me dio la ONCE es un sueño, me ha dado más autoestima, aquí me siento súper valorada. La verdad es que soy muy, muy feliz”, asegura al borde del llanto.

Dos años ha cumplido ya como vendedora de la ONCE en Cádiz, en la Plaza Luis Arenal, en la barriada de los Astilleros. Y al contarlo, dos lágrimas recorren lentamente de arriba abajo su rostro sin perturbar un ápice su testimonio. “Es que en la vida he tenido muchos obstáculos y nunca me podía imaginar estar aquí trabajando. Para mí ha sido la oportunidad más grande que me ha dado la vida y me siento feliz y afortunada en la vida, y me emociono porque todo es un sueño del que no quiero despertar nunca”.

Primer plano de la vendedora María José Romero

María José Romero anima a las mujeres con discapacidad que sean valientes y cumplan sus sueños

María José se siente muy de Cádiz, de su Carnaval, del Cádiz CF, de su Virgen de la Victoria, tiene también artrosis “como nos pasa a todo el mundo en Cádiz”, dice con guasa. Y asegura que se siente “una mujer realizada porque aquí en la ONCE no nos ponen trabas, somos todos iguales y todos tenemos los mismos derechos”.

El significado que le da ella al 8M es también reivindicativo. “Ya es hora de que tengamos todos, tanto hombres como mujeres, los mismos derechos, porque las mujeres estamos muy capacitadas para muchísimos trabajos y merecemos las mismas condiciones económicas -subraya-. Todavía hoy por ser mujer hay muchos trabajos que no les pagan igual, así que emocionalmente, muchas mujeres nos sentimos mal porque no estamos valoradas”. 

Las personas con discapacidad que trabajan por cuenta ajena ganaban en 2021 una media de 21.544 euros anuales, lo que representa un 17,2% menos que la media de los trabajadores sin discapacidad; por sexos, la brecha salarial es del 21,2% comparando entre hombre con y sin discapacidad; y del 13,2% entre las mujeres con y sin discapacidad. Si se compara salario medio de hombres y mujeres con discapacidad, la brecha es de un 10,3% mientras que, para la población en general, se eleva al 18,7%.

“Eso no debería ser así -comenta María José-. Hay algunas mujeres que están más capacitadas que algunos hombres. A mí me dio muchísima alegría cuando ví a mujeres conductoras en los autobuses. Me sentí orgullosa de ser mujer porque vamos poquito a poco obteniendo nuestros derechos y vamos a ir ampliando nuestro campo”. La vendedora gaditana se declara feminista “porque creo que tanto las mujeres como los hombres tenemos los mismos derechos” y confía en que “poco a poco” las diferencias entre géneros se vayan acercando para que todos tengan las mismas oportunidades. En la ONCE, desde luego, no siente ninguna diferencia. “Aquí todos somos iguales, aquí hay igualdad para todos”, sostiene.

A las mujeres con discapacidad que no se atreven a afrontar sus sueños, María José les aconseja que tengan ánimo, que acepten su situación, sea la que sea, y que sean valientes como ella lo ha sido. “Que vengan a la ONCE a pedir una entrevista de trabajo que aquí tendrán calidad de vida”, dice. Y termina su relato con un reproche a la sociedad en general. “Que no porque nos casemos o nos quedemos embarazadas y tengamos hijos, crean que no podemos ser y valer como valíamos antes -concluye-. Podemos desempeñar el mismo trabajo que tiene un hombre cundiendo como cualquier persona en el trabajo”. 

Susana Porras, jefa del Departamento de Coordinación y Talento de la ONCE en Málaga: “La igualdad depende del entorno”

Susana Porras, en el hall de la ONCE de Málaga

Susana Porras considera que la igualdad entre hombres y mujeres comienza por el entorno familiar

Susana Porras (Málaga, 1977) siempre tuvo problemas de visión, aunque no fue consciente de su gravedad hasta los 20 años. Con miopía magna llevaba gafotas grandes desde muy chica, pero como se defendía bien, a nadie en casa se le ocurrió ir a la ONCE “porque eso era para ciegos”, dice ahora entre risas. Después de dos caídas que alertaron sobre su situación, en 1998 se afilió a la ONCE. Estudió Auxiliar de Clínica, Jardín de Infancia, se hizo voluntaria de Cruz Roja, trabajó como monitora de tiempo libre en el Ayuntamiento de Málaga y se incorporó a la ONCE en el área de Animación Sociocultural. Tras cinco años como vendedora en barrios diferentes de la zona oeste de la capital malagueña ha cumplido casi una década ya como jefa del Departamento de Coordinación y Talento de la ONCE de Málaga.

Con 28 años se quedó ciega total. “Si a mí me llega a pillar trabajando fuera de la ONCE, lo hubiera pasado muy mal porque yo siempre he sido muy independiente y he querido hacer las cosas por mí misma”, explica con seguridad y rapidez. Ahora, con la perspectiva que da el tiempo, Susana no siente haber sentido discriminación por el hecho de ser mujer. “Más por el hecho de tener discapacidad que por el hecho de ser mujer, porque sí que es verdad que hay gente que, aunque ve, no te ve. Te miran un poco raro porque no saben a veces cómo tratar a una persona con discapacidad. Pero discriminada por ser mujer, quitando a mi madre que de pequeña me regañaba porque no hacía el cuarto de mis hermanos y yo le decía que yo no lo hacía porque ellos tenían dos manos, he tenido más peleas con mi madre por ese tema que con que con el exterior”. 

A la pregunta de si la igualdad entre hombres y mujeres es más legal que real, Susana responde que “depende”. ¿De qué depende? Del entorno, las circunstancias, la familia, responde. “Hay muchas familias que todavía piensan que las niñas tienen que hacer cosas de niñas o los niños cosas de niños. Yo tengo dos niños e intento que hagan lo mismo que yo, ponen la mesa, sacan la basura, recogen su cuarto, cosa que yo en mi casa cuando éramos pequeños la niña era la que tenía que arrimar más el hombro en casa. Pero es verdad que depende mucho de la mentalidad de la familia”. 

Susana Porras en la sede de la ONCE de Málaga

Porras, jefa de Coordinación y Talento de la ONCE de Málaga, se siente "un poco empoderada"

Susana es hija de afiliada y madre de un niño con una cardiopatía y reconoce que su vida ha estado llena de obstáculos que ha tenido que sortear. “A veces piensas, jolines, por qué todo me tiene que tocar a mí, pero bueno lo vas aceptando y vas tirando para adelante. Yo quiero disfrutar de la vida mientras viva. Y si no veo, bueno, ¿y qué?”.

Con esa actitud vitalista Susana Porras lanza un mensaje de optimismo a las mujeres con discapacidad. “Vida nada más que hay una y estés como estés, si estás vivo, puedes hacer un montón de cosas. Evidentemente no vamos a pilotar un avión, no vamos a conducir barcos, ni ser policías, ni todos vamos a hacer lo mismo, pero todos somos diferentes, y si no haces nada por tener una discapacidad, al final, ¿qué vida vives?”, se pregunta.

Reconoce que no es la mujer que soñaba ser de pequeña. Se veía trabajando en el área sanitaria y, como María José, jamás pensó que fuera a vender cupones un día. Pero, a pesar de que la vida le ha ido conduciendo por otros derroteros, hoy se siente orgullosa de la mujer que es. Siempre defendiendo que la mujer pueda hacer lo que quiera, aunque no por eso se sienta especialmente feminista ni crea que el 8 de marzo tenga un significado especial. “Todas las mujeres no son iguales, todos los hombres no son iguales, y evidentemente entre hombres y mujeres hay diferencias, pero todos los días son días de demostrar que las mujeres están trabajando donde quieren estar trabajando y donde lo pueden hacer”. 

La jefa de Coordinación y Talento de la ONCE en Málaga tampoco se siente una mujer empoderada. “Entendiendo empoderada como mujer, con poder-poder, pues no es que me sienta yo muy poderosa -vuelve a reírse-, pero bueno estoy trabajando en un sitio donde creo que no lo estoy haciendo mal, donde todos los días son días de aprender, de trabajo que resolver y con un equipo humano fantástico. Aquí en Málaga siempre ha habido muy buen clima de trabajo, estamos por ayudar y cada uno tiene su función y su responsabilidad, entre todos vamos sacando las tareas. No es que tenga un poder exagerado pero empoderada un poco”, acaba reconociendo. A Susana le resulta “muy cómodo” trabajar dentro del Grupo Social ONCE. “Las personas con discapacidad estamos mejor miradas, hay una empatía que a lo mejor en otras empresas no la hay. Y esa empatía pues hay que buscarla, hay que trabajarla. Y sí, me considero afortunada de trabajar en la ONCE. Si no hubiera sido por la ONCE el proceso mío, que ahora se llama profesionalmente de ajuste a la discapacidad, hubiera sido mucho más complicado”.

La ONCE dedicó el cupón del sorteo del pasado 22 de febrero al Día de la Igualdad Salarial, bajo el lema ‘Igual salario por trabajo de igual valor’, y dedicará la imagen del sorteo del próximo 7 de marzo al Día Internacional de las Mujeres, que se celebra el 8 de marzo. En total, diez millones de cupones para reivindicar en toda España la brecha cero salarial y la eliminación de cualquier discriminación de género entre mujeres y hombres, especialmente en las mujeres con discapacidad.

| LUIS GRESA

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