De cuando la tierra obligó al mundo a detenerse

  • Boletín: BOLETÍN 143 junio 2020

    Temática: Educación Nayara Granados muestra feliz su cuento en el jardín de su casa, en la localidad granadina de AlgarinejoNayara Granados muestra feliz su cuento en el jardín de su casa, en la localidad granadina de Algarinejo

    Una niña le pide a su abuela que le cuente que fue aquello del coronavirus y por qué no podía salir de su casa cuando tenía ocho años. La protagonista describe el estado de alarma como un tiempo en el que “tienes que hacer caso a las órdenes del Gobierno por algo terrorífico” y a continuación explica que “la tierra obligó al mundo a detenerse” y que los vecinos tenían miedo a lo desconocido, a la incertidumbre y a contagiar a los demás. “Teníamos demasiadas cosas materiales y no valorábamos lo importante”, cuenta la abuela a su nieta, quien reconoce que vivió “meses muy duros” en los que solo podía escuchar a sus abuelos por teléfono, leer y escuchar música.

     

     

     

    En su cuento, Nayara explica a su nieta en 2070 que fue el coronavirus que asoló al mundo cincuenta años atrás

    La idea surgió de ella “por ser como es”, explica su madre Mari Carmen Sánchez. Muy apegada siempre a sus abuelos, que viven en Priego de Córdoba, Nayara se puso a escribir sobre el papel describiendo cómo contaría ella misma a su nieta lo que está viviendo durante el confinamiento de estas semanas.

    Los padres de Nayara, Mari Carmen Sánchez y Juan Manuel Granados , felices con su hija

    Nayara Granados Sánchez es alumna de 3º de Primaria en el colegio ‘Andrés Manjón’ de Algarinejo, en el poniente granadino, a donde acuden alumnos de Infantil, Primaria y 1º y 2º de la ESO de distintas pedanías de la comarca. La niña nació con solo un kilo de peso, prematura a los seis meses, y con problemas en el cerebro que deterioraron gravemente su visión. “Es una luchadora incansable contra todos los obstáculos que la vida le pone por delante por muy duros que sean –subraya su madre-. Para mí es como un ángel del cielo que brilla más en su intensidad. Es una niña muy sentimental, es tierna y es feliz con cualquier cosa. Cada día nos demuestra cosas y nos hace ver el mundo de otra manera. Ella con un simple abrazo es más feliz que muchas niñas con muchas muñecas”, afirma.

    Los padres de Nayara tienen un trabajo temporal en un molino de aceituna aunque el confinamiento les ha tocado en casa sin trabajo, así que pasan todo el tiempo con su hija y su otro hijo Ángel, que también sale en el cuento. “Nos ha utilizado a toda la familia”, bromea Sánchez.

    Verónica Rodríguez, maestra de la ONCE en Granada

    Su maestra de la ONCE, Verónica Rodríguez, comparte la opinión de la madre respecto a la sensibilidad especial de su alumna. “Lee mucho, escribe mucho y siempre tiene los deberes a punto para cuando haya que entregarlos. Es todo un ejemplo”, reconoce. Rodríguez, que atiende las necesidades de alumnos ciegos o con discapacidad visual grave de Huétor-Tajar, Loja, Montefrío y Granada, y forma parte del equipo de Atención Educativa de la ONCE en Granada, destaca la madurez de su alumna para su edad y las dificultades de visión que tiene. “Aprovecha muy bien su resto visual, tiene buenas estrategias y compensa muy bien esas dificultades. Tanto que parece que ve más de lo que ve –afirma-. Es una niña maravillosa, y trabajadora, muy linda, muy buena compañera. Yo estoy encataica con ella. Muchas veces muestra más fuerza y más madurez que los adultos que le rodean como demuestra el cuento que ha escrito”, concluye Verónica.

    Boquitas bien tapadas

    En Málaga, el equipo específico de atención educativa de la ONCE ha puesto en marcha una iniciativa, dentro del área de autonomía y educación para la salud, encaminada a concienciar a los alumnos ciegos o con discapacidad visual grave sobre la importancia de llevar mascarilla en sus salidas a la calle a partir de ahora como medida de protección ante el coronavirus. Bajo el lema ‘Boquitas bien tapadas y sonrisa en la mirada’, los profesionales de la ONCE tratan de crear una cadena de solidaridad haciendo llegar por correo postal a cada alumno una mascarilla casera junto a un mensaje de su maestro o maestra animando su uso y derribando así los recelos que los menores tienen para utilizarlas.

    Nuria Rodríguez, maestra de la ONCE en Málaga, impulsora de la iniciativa

    “Hola soy tu profe, quiero darte las gracias por portarte bien. Poquito a poco todo volverá a estar en orden. Hay fuera muchas personas que están trabajando para conseguirlo”, dice el mensaje que reciben los niños y que acaba con un final de ¡Ánimo, La ilusión puede con todo!, eje de la campaña institucional de la ONCE durante el confinamiento. Los mensajes llevan además un código QR que les conduce al himno de este tiempo, el ‘Resistiré’ interpretado por distintos cantantes españoles.

    Nela Bajo, alumna de Infantil, de 4 años, en el colegio Juan Paniagua de Almavate

    Nuria Rodríguez, maestra de la ONCE en Málaga, aficionada a la costura, empezó con su familia a realizar mascarillas, dentro de la iniciativa Mascarillas Solidarias en Málaga, para surtir a los vecinos de la zona donde vive, en Fuente Olleta, y así surgió una idea que extendió a sus compañeros del ámbito educativo con la intención de implicar a sus alumnos, muchos de ellos reacios a llevar mascarillas como recomiendan las autoridades sanitarias.

    Javier Nieblas con su hermana Paula, de Cuevas de Becerro

    Rodríguez, que atiende a niños ciegos o con discapacidad visual grave de Marbella, Fuengirola, Nerja y Alhaurín de la Torre, se encarga de coser las piezas en tela de algodón 100%, aunque esto, reconoce, es un trabajo en equipo con el resto de maestros que se encargan de la distribución del material a los alumnos. Hasta la fecha ha confeccionado 300 mascarillas que han llegado a 120 familias con niños afiliados a la ONCE.

    Elena Escsribano, alumna de 2º de Primaria en el colegio Manzano Jiménez de Campillos

    “Detectamos que no había mascarillas y siguen sin haberlas –comenta-, y pensamos que sería una idea muy estimulante que los niños las recibieran con un mensaje positivo de su maestro, así ya no despertarían el recelo que tienen con ellas”. Y así ha sido, los chavales acogen la iniciativa de sus maestros “encantados”, según cuenta orgullosa Nuria Rodríguez. “Es un detalle precioso porque sienten que nos acordamos de ellos y les llega nuestro cariño, que es algo esencial en estos momentos”.

    Gonzalo García (a la derecha) con su hermano en Torredelmar