La experiencia aventurera de Antolín

  • Boletín: BOLETÍN 107 marzo 2017

    Temática: Servicios Sociales Fran Antolín en una de las actividades realizadas al aire libre en ManaguaFran Antolín en una de las actividades realizadas al aire libre en Managua

    El proyecto en el que ha colaborado Antolín, plasmado en Nicaragua, le ha llevado a trabajar codo con codo junto a un total 75 profesores de educación física que cuentan en su día a día con la presencia de alumnos ciegos o con alguna discapacidad visual entre sus aulas. Con esto, ha buscado que los más jóvenes se adaptaran, de la forma más rápida y cómoda posible, a la asignatura. Muchos de los alumnos asistentes a las clases, tenían el problema de moverse desde las distintas provincias del país hasta Managua.

    Antolín cuenta con unos conocimientos en la materia impartida bastante desarrollados, que le han permitido poder formar a todos los alumnos de una manera adecuada, conocimientos que adquirió como coordinador deportivo de la ONCE en Granada. Desde hace un par de años es voluntario de la FOAL, la Fundación con la que la ONCE incentiva la creación de empleo y un mayor desarrollo educativo entre las personas con discapacidad de dichos países.

    Conocer la FOAL fue el detonante de su impulso solidario. “Es un poco la chispa que te despierta –explica- intentar sacar tu trabajo y sacar lo que estás haciendo, lo rutinario, fuera de tu entorno. Es un poco espíritu de aventura”. Si hablamos de Antolín, hablamos de una persona con un gran espíritu aventurero, que intenta que sus alumnos aprendan y aprender de ellos, también.

    Aprender y aprovechar al máximo

    Fran reconoce la diferencia de desarrollo entre España y Nicaragua. “Pero si algo tenemos que envidiarles y coger de ellos son sus ganas por aprender y aprovechar al máximo el tiempo con aquello que están haciendo. Hoy en día, tanto en España como en Europa y otros continentes, nos movemos por el efecto de las tecnologías y estamos constantemente sometidos al peso que éstas ejercen sobre nosotros”, lamenta.

    En cambio, en un país como Nicaragua la mayoría de los niños no pueden contar con su propio teléfono móvil o con una televisión en el salón de su casa, lo que les lleva a valorar más las cosas que tienen a su alrededor. Éste, ha sido un aspecto que ha calado en Antolín: “la gente allí me ha sorprendido con creces. Esperaba que estuvieran motivados, pero es que estaban súper motivados. Son luchadores a muerte, tienen ganas de vivir, siempre de buen humor, tratan las cosas de forma distinta a cómo lo hacemos nosotros”, reconocía totalmente satisfecho por la labor realizada.

    Antolín, impartiendo una de sus clases a los profesores en formación

    “Nuestro problema aquí –enfatiza- es que se nos quede sin batería el iPhone o no tener tarifa de datos, pero allí son otros problemas. No nos damos cuenta de lo privilegiados que somos con respecto a ellos”, manifestó Antolín tremendamente ilusionado por el éxito que había tenido el proyecto en dicho país, y esto lo dice, una persona que está acostumbrada a tratar en el día a día con sus alumnos en Jaén, a los que no les ve las mismas ganas de aprender y de vivir que tienen los nicaragüenses.

    Para un profesor que imparte cualquier tipo de conocimientos, no hay mejor satisfacción que darse cuenta que lo que estás enseñando surte efecto entre tus alumnos y no estás enseñando en vano. Pues esto es justo lo que le ha ocurrido a Antolín, que así nos lo contaba: “La gente allí aprovechaba cada minuto de las ocho horas que hacíamos la formación, te preguntaban sobre todo y te pedían ayuda sobre cualquier aspecto deportivo. La gente a la hora de comer, en vez de comer, pasaba los apuntes a limpio, eso quiere decir que se estaban involucrando y poniéndole mucho interés a lo que estaban haciendo. Eso es lo más gratificante, para una persona que se está formando y encontrarse con personas así es lo mejor que le puede pasar, por lo menos en mi caso”.

    Antolín dio clases sobre el tiro de peso

    El desplazamiento, un hándicap para los alumnos. “Un país donde para recorrer 400 kilómetros se suelen tardar unas 14 ó 15 horas se hace muy complicado el hecho de poder desplazarse adecuadamente. Es lo que ha ocurrido con muchos de los niños asistentes a este proyecto, los cuales tenían que pasar por esto recorriéndose un camino eterno para ir cada mañana a clase, pero a pesar de eso iban a clase con una sonrisa en la cara y con un gran interés y empeño”, nos relataba Antolín.

    Esto justamente, las ganas por llegar a clase y seguir aprendiendo cosas nuevas, es lo que más le ha sorprendido a Antolín y con lo que se queda de su viaje a Managua: “El esfuerzo es lo que más me ha llamado la atención, sobre todo. Niños que vienen andando desde muy lejos y llegan con unas ganas increíbles. Eso aquí en España no pasa, muchos alumnos no tienen esas ganas de aprender. Esto es otra historia”.

    Los profesores que se formaron en el proyecto aprendieron de las diversas actividades

    Como amante del deporte y de la enseñanza, Antolín nos ha querido dejar un mensaje destinado a todos aquellos niños ciegos relacionado con la importancia de practicar cualquier deporte o actividad deportiva: “El deporte es el mejor medio que existe para socializarse y es la herramienta integradora que más a mano tenemos. Un niño que haga deporte, sea sano o no, va a ser siempre un niño sano y un niño feliz. Va a afrontar la vida de otra forma, porque el deporte te ayuda a relativizar, a dosificar esfuerzos, a disfrutar de lo que estás haciendo, y hoy en día, es una gran vía de desconexión para todos ellos –concluye-. Así que, que practiquen un deporte de forma frecuente es lo mejor que les puede pasar”.