Héroes de corazón

  • Boletín: BOLETÍN 142 mayo 2020

    Temática: Servicios Sociales La monitora de la ONCE en Cádiz, Brigitte Crespo, imparte clases de yoga a los afiliados a través de ZoomLa monitora de la ONCE en Cádiz, Brigitte Crespo, imparte clases de yoga a los afiliados a través de Zoom

    María José Marina Alanís, estudiante de Mediación Comunicativa y conocedora de la lengua de signos, es voluntaria de la ONCE en la Delegación Territorial, en Sevilla, desde el año pasado, y atiende a Daniel Sánchez, 48 años, afiliado con sordoceguera que vive solo con sus dos perros. Suele ser habitual que queden dos veces por semana para pasear o ir a la piscina, entre otras actividades. En una ocasión Maria José acompañó a Daniel a una de las revisiones del implante coclear que tiene el afiliado, donde le dieron instrucciones de cómo utilizarlo y gestionar las frecuencias. Pero, una vez decretado el estado de alarma en España, la voluntaria tuvo que ingeniárselas para contar a la familia del afiliado cómo se “reprogramaba” el implante y como no lograrlo activarlo Daniel se puso en contacto con su especialista de ONCE para comunicarle que el implante se había desconfigurado o que tenía problemas con las frecuencias. La solución vino de la mano de María José, la voluntaria, quien inmediatamente acudió al domicilio de Daniel, tomando eso sí todas las precauciones, y pudo reprogramar y calibrar el implante.

    María José Marina, voluntaria de la ONCE en Sevilla

    María José Marina estaba opositando a Policía Nacional y al dejar las oposiciones y verse con tiempo libre pensó que, por su conocimiento de la ONCE y de la lengua de signos, podría ser útil y se puso a disposición del Servicio de Voluntariado. Así conoció a Daniel con quien habla temas que no comparte habitualmente ni con su mediadora ni con sus padres. “Lo más gratificante es que darle la comunicación que no tenía –afirma orgullosa-. Darle la posibilidad de conocer el mundo. Yo le paso el brazo por debajo y ni se cae, ni pierde el equilibrio, ha mejorado muchísimo en este tiempo”.

    El confinamiento da lugar a muchas situaciones cuya resolución acaban en manos de los voluntarios de la ONCE. Como le ocurrió a Adam un afiliado de nueve años, ciego total, que a las dos semanas de decretarse el aislamiento social se quedó sin papel braille. El Centro de Recursos Educativos de la ONCE en Sevilla le facilitó el material, pero tuvo que ser a través de Tomás García, el voluntario que recogió el papel en braille en el CRE y lo entregó en su domicilio. García, que es profesor de Universidad jubilado, doctor en Biología, es voluntario de la ONCE desde hace diez años. “Lo hago por ayudar y porque es muy gratificante –afirma-. Para mi mucho, si no seguiría. Es más lo que te dan, que lo que tú ofreces. Te dan cariño y agradecimiento sincero que no es muy fácil encontrar por ahí”, dice antes de prepararse para salir a hacer la compra a una afiliada mayor, sin apenas visión, que vive sola en el barrio sevillano de Triana.

    Tomás García, voluntario de la ONCE en Sevilla

    Antonio González también lleva más de medio año haciendo servicios de voluntariado con la ONCE en Sevilla. Sale a pasear con afiliados, visita lugares, los acompaña a talleres o a su compra diaria. “La principal razón por la que me hice voluntario es el hecho de poder ayudar a otras personas, sentirme útil sabiendo que estoy facilitando la vida a otras personas”. Durante el confinamiento, Antonio sigue ayudando cuando recibe la llamada de la ONCE. Uno de sus últimos servicios fue acudir a casa de Amparo Bejarano, una afiliada sordociega de la capital andaluza que llevaba días desconectada del mundo porque su teléfono y su teclado no funcionaban, con lo que ni recibía información ni se podía conectar al exterior. “Pero gracias a una técnica y a mí, estuvimos coordinando y actualizando su teléfono, pudimos conectarlo y entonces ya empezó a recibir información y así pudo de nuevo ponerse en contacto con el mundo que le rodea. Es muy gratificante”, reconoce.

    Antonio González, voluntario de la ONCE en Sevilla

    Desde su jubilación, hace tres años, Curro Fernández presta servicios de voluntariado en la ONCE de Málaga. Ciego total, entusiasta convencido, con alma de artista, aventurero siempre, Curro dedica parte del tiempo de estos días de confinamiento al servicio de acompañamiento telefónico que desarrolla junto a otros diez compañeros para atender las necesidades de los afiliados con problemas de comunicación. “Este servicio no se creó para esta situación de aislamiento –aclara-, ya llevaba tiempo. Pero ahora es mucho más necesario”. Antes de que la crisis se adueñara del planeta, Fernández acudía con regularidad a la biblioteca digital para dar respuesta a los usuarios que no tienen acceso a las nuevas tecnologías. “Realizar el voluntariado me satisface muchísimo –reconoce-. Y es también una manera de devolver un poquito de lo muchísimo que la ONCE me ha dado, tanto en mi vida profesional como personal. Así que lo recomiendo vivamente porque es algo que satisface muchísimo”.

    Curro Fernández, voluntario de la ONCE en Málaga

    La afiliada Helena Ríos se jubiló hace dos años después de tres décadas trabajando en la ONCE de Almería, siempre vinculada a los Servicios Sociales. Desde este año colabora como voluntaria en la Organización y en estos días entrega su tiempo a conversar telefónicamente con llamadas a otros afiliados. “Me gusta poder ayudar a solventar las necesidades de la gente en la medida de mis posibilidades”, comenta. A Helena le está sorprendiendo la fuerza y determinación que encuentra en las personas mayores. “Es porque están demostrando una fortaleza bastante grande. Es como si su experiencia vital les hubiese preparado para esto –explica-. Algunos vivieron la guerra o la postguerra, y quizá por eso son muy disciplinados y metódicos a la hora de cumplir las medidas de higiene y tienen mucho ánimo, más que la gente joven a veces. Aunque a los que viven solos les viene bien que les llames para llevar el tiempo”.

    Helena Rïos, voluntaria de la ONCE en Almería

    En Cádiz, Brigitte Crespo es monitora de vacaciones sociales de la ONCE en Cádiz desde 1995. Este año cumplirá sus 25 años en la Organización. Instructora de yoga por la Consejería de Educación y Deporte de la Junta de Andalucía, imparte clases de yoga dos días por semana desde hace tres años en la Línea de la Concepción y ahora ha reorganizado todo para seguir ofrenciendo el taller a sus afiliados a través de la aplicación Zoom.  

    “Es una experiencia nueva porque es muy diferente a cuando hago yoga presencial –comenta-, sobre todo en el método, porque la transmisión de la esencia es la misma. Lo que ocurre es que mientras en el yoga puedes estar más en físico con el afiliado para corregirle posturas aquí tienen que ser más responsable de la comunicación con su cuerpo para poder autocorregirse. Es más un yoga mental”.

    A su juicio, los ejercicios que practican ayudan “a hacerte amigo con tus pensamientos y emociones y a saber gestionarlos”, algo importantísimo en tiempos de aislamiento social. “El solo hecho de conectarnos ya es beneficioso porque así no se sienten tan aislados –reconoce-. El yoga les aporta conectarse con su propio cuerpo, sentir su espacio y ser conscientes de todos sus pensamientos con herramientas como la respiración o los ejercicios de relajación y meditación. Y así ganan confianza y sobre todo eliminan el estrés que les provoca su discapacidad poniendo la atención en todas sus demás capacidades y talentos”.

    La voluntaria gaditana Brigitte Crespo abre su taller de yoga a todos los afiliados que lo deseen

    Ana Carmona entró en el voluntariado de la ONCE después de que una amiga suya perdiera la vista y se afiliara y va por el sexto año, sobre todo con actividades de acompañamiento. Habitualmente tiene asignados a siete afiliados, pero ahora se encarga de interesarse por la situación de otros 20 para detectar si tienen alguna necesidad y remitirla a los trabajadores sociales para que encaucen la situación. Carmona, que ha sido 40 años maestra en La Línea de la Concepción y en Córdoba, reconoce que es una labor muy gratificante. “Después del Magisterio es lo mejor que he podido hacer –afirma-. Puede parecer una frase hecha, pero se recibe mucho, estoy aprendido muchísimo, esa sensibilidad que tienen para percibir las cosas, agradeciendo cualquier pequeño detalle que haces con ellos. Esa carita que ponen me recuerda cuando ejercía de maestra con los niños”. Carmona se declara optimista frente al mundo que viene tras la pandemia. “Esto va a ser un cambio muy grande –subraya-. La gente ya no es tan individualista. Al menos a nivel de comunicación humana va a ser más positivo por supuesto”.

    Ana Carmona, voluntaria de la ONCE en Córdoba

    El onubense Justo Infante es afiliado a la ONCE y también se le han asignado una serie de afiliados con los que contactar periódicamente y conversar para hacerles más llevadera la situación. Ingeniero químico en la industria de Huelva, ahora de teletrabajo, es voluntario desde hace 20 años, inicialmente con la asociación ‘Abriendo puertas’, de personas con síndrome de Down, y desde hace tres años en la ONCE. Los problemas de visión le llevaron a ser solidario con el colectivo de afiliados y finalmente hace un año se afilió a la Organización. Su labor es de acompañamiento de los domicilios a la sede de la ONCE o viceversa y ahora de acompañamiento telefónico. “Hablamos de lo que quieren ellas. Me cuentan desde su infancia, de lo que es su vida y su situación actual, pero cuando se centran mucho en sus problemas intento desviar la conversación en otra dirección, intento bromearles para sacarles una sonrisa y que se sientan acompañadas”, señala.

    Justo reconoce que la ayuda que da es proporcional a la que recibe. “Me ha pasado en varias ocasiones en este tiempo de confinamiento, llamas pensando que vas a ayudar y no te das cuenta de que a veces eres tú el ayudado. Cuando cuelgas el teléfono te das cuenta que has sacado un beneficio importante y eso te enseña que te equivocas tú mismo, piensas que lo tienes todo controlado y sin embargo estás equivocado”. A su juicio ser voluntario no requiere condiciones especiales, salvo el tiempo, que es un bien muy preciado en la sociedad de hoy. “Entiendo que no todo el mundo se lo puede permitir, o está dispuesto a hacerlo, pero simplemente es eso, ayudar a los demás, poner al servicio de los demás tu tiempo, no hace falta ser algo especial”, explica.

    Justo está convencido que la sociedad que surja tras la pandemia cambiará en muchos sentidos y será para mejor. “Las personas van a pensar más en el momento y el instante. La sociedad llevaba una línea de menos relación social por la tecnología y eso se va a modificar –vaticina-. Creo que las personas van a ser más cercanas y se van a dar cuenta de que las relaciones sociales son importantes y necesarias. estoy seguro que el mundo va a ser más sociable y más humano y que cuando pase esta situación va a haber más voluntarios”, concluye.

    Justo Infante, voluntario de la ONCE en Huelva

    Ana, Antonio, Curro, Helena, Maria José, Tomás, Brigitte o Justo son solo un ejemplo de los más de 300 voluntarios que conforman el batallón de solidaridad compartida que impulsa la ONCE en las ocho provincias andaluzas y que en estos tiempos del coronavirus se convierten en todo un ejemplo para la sociedad.