FIRMA INVITADA: Isabel Ambrosio, alcaldesa de Córdoba

  • Boletín: BOLETÍN 123 agosto 2018

    Temática: Firma Invitada Isabel Ambrosio, alcaldesa de CórdobaIsabel Ambrosio, alcaldesa de Córdoba

    Medina Azahara, una oportunidad

    La declaración de Medina Azahara como Patrimonio Mundial, decidida por aclamación de los miembros del World Heritage Commitee de la UNESCO, el domingo 1 de julio en Bahréin, ha supuesto una auténtica inyección de autoestima para Córdoba, colocándonos a la altura de ciudades como Roma o París, con cuatro declaraciones de Patrimonio de la Humanidad.

    Antes de nada quiero expresar mi agradecimiento más profundo, a quienes han hecho posible este logro. Desde aquellos que iniciaron un expediente, -calificado unánimemente como impecable- a quienes desde la administración central y autonómica, lo impulsaron de forma decidida hasta llegar a este reconocimiento. Gracias también a ayuntamientos, colectivos, agentes sociales, y a todas las cordobesas y cordobeses que han dado vida a la candidatura, a la que han puesto rostro y alma.

    La UNESCO ha inscrito en su lista de Patrimonio mundial, a la única ciudad califal existente en Europa y una de las más singulares del mundo. Con esta declaración, Medina Azahara se ha convertido de derecho, en lo que ya era de hecho: patrimonio de toda la Humanidad.

    Conseguir una declaración de este tipo es un auténtico orgullo, además de una oportunidad, pero también obliga mucho a todas y todos. A las instituciones, a seguir en el camino de conservación, divulgación y puesta en valor de esa formidable herencia que hemos recibido y a la ciudadanía a seguir dando vida y sentido a ese patrimonio que sin su concurso, solo sería un maravilloso conjunto de piedras sin alma.

    La ciudad de Córdoba no se entendería sin Medina Azahara. Abd al Rahman III decidió edificar esta ciudad como renovada imagen y símbolo del recién creado Califato Independiente de Occidente, uno de los mayores y más poderosos reinos medievales de Europa y nosotros la heredamos, como una de nuestras principales señas de identidad, que junto a la Mezquita-Catedral, dan la idea a quienes llegan a Córdoba, de la importancia de una ciudad que el siglo X se convirtió en la más importante del mundo conocido.

    Si para muchos, este lugar es conocido como el Versalles de la Edad Media, para las cordobesas y cordobeses, es una parte fundamental de nuestra historia que estamos obligados a poner en valor, no solo desde su impresionante riqueza patrimonial, sino como un elemento vivo e integrado en los recursos de la Córdoba del siglo XXI.

    A partir de este momento tenemos un enorme reto por delante, que no es otro que el de dotar de sentido global a esas cuatro declaraciones, que  desde esta ciudad no se entenderían de forma individual sino colectiva. Soy consciente de lo mucho que nos queda por hacer  y desde estas líneas quiero hacer una llamada a todas las administraciones, pero también a toda la sociedad civil, para que el trabajo conjunto desarrollado para conseguir esta declaración, continúe en el tiempo para dar sentido a lo ya logrado

    Este tipo de declaraciones suele llevar aparejado un notable incremento del turismo, lo que si por un lado supone un beneficio indiscutible para el entorno donde están radicados esos bienes, por otro plantea una serie de desafíos que van a obligar a redefinir las relaciones entre las ciudades, quienes viven en sus sitios históricos, los visitantes que quieren conocerlas y las diferentes administraciones que tienen la obligación de mantener y conservar esos bienes, pero también de que sus ciudadanos no se vean “penalizados” por vivir en ellos.

    Es fundamental conseguir el equilibrio entre la conservación de esos entornos, su puesta en valor como elementos generadores de riqueza y empleo de calidad, el legítimo derecho a visitarlos y conocerlos y el de sus vecinos a seguir viviendo en ellos y no perder la identidad de esos espacios, lo que al fin y a la postre, es lo que les da el sentido y el atractivo para quienes nos visitan.

    La respuesta a esos desafíos y el necesario compromiso de las administraciones, tanto en su conservación y mantenimiento, como en que los vecinos de esas zonas, tengan acceso a los mismos servicios que los de otras ciudades, son aspectos fundamentales que debemos abordar a la mayor brevedad, para de esta forma garantizar un equilibrio imprescindible para su futuro.

    Tenemos seguir siendo los guardianes más celosos de este tesoro que hemos heredado y que debemos transmitir a quienes vengan detrás de nosotros, en las mejores condiciones, pero también hemos de trabajar sin descanso, para conjugarlo con la generación de riqueza y empleo.

    Esta declaración de la UNESCO supone depositar en Córdoba un caudal de confianza que esta ciudad no va a defraudar. Cuidaremos de Medina Azahara, como venimos haciendo desde hace siglos con la Mezquita-Catedral, nuestro caso histórico o los patios de nuestras casas, para que cualquier ciudadano del mundo que nos visite, sepa y sienta que esos bienes también forman parte de su patrimonio.

    Isabel Ambrosio

    Alcaldesa de Córdoba