FIRMA INVITADA: Cristina Heeren, presidenta de la Fundación Cristina Heeren de Arte Flamenco

  • Boletín: BOLETIN 111 julio 2017

    Cristina Heeren, presidenta de la Fundación Cristina HeerenCristina Heeren, presidenta de la Fundación Cristina Heeren

    Pasión por un arte íntimo y universal

     
     
    En el mes de marzo de 2017, cumplí 73 años. Me cuesta creerlo, pero me tendré que conformar
    con la realidad. Lo que noto es que recientemente me ha dado por analizar mi vida. Supongo que
    mi juventud ha servido de algo, aunque tengo la impresión de haber perdido mucho tiempo. Iba
    por la vida insegura e indecisa, y poco motivada. Estudié y trabajé en varios países, pero a pesar
    de que disfrutaba de muchas ventajas, incluso la suerte de poder pasar temporadas en España,
    mi camino se me hacía cuesta arriba. Cuando vine a vivir a España, con cierta madurez, entendí
    que me encontraba en el entorno con el que había soñado desde pequeña. En 1978 fui a vivir a
    un cortijo en los montes de Granada, en una zona poco poblada, donde no llegaban ni las
    instalaciones eléctricas ni los cables de teléfono, que en cambio me ofrecía unas vistas
    difícilmente superables. Al poco tiempo me casé, rehabilitamos el cortijo y tuvimos a una hija que
    se crió en un ambiente idílico.
     
    A finales de los años ochenta, descubrí los festivales de flamenco que se celebraban en algunos
    pueblos. La afición que me contagió mi padre de pequeña y que había estado latente durante
    muchos años se volvió a manifestar. En 1991 se me ocurrió darle a este arte un sitio importante en
    mi vida. Me puse a producir discos y espectáculos. De mi amistad con artistas consagrados con
    los que trabajé, nació la Fundación Cristina Heeren de Arte Flamenco.
     
    Y aquí estamos, al cabo de más de veinte años, un grupo de mujeres dirigiendo una fundación
    dedicada a la enseñanza y a la divulgación del flamenco, en la que colaboran grandes maestros y
    prestigiosos artistas.
     
    Los biógrafos tienen una tendencia a buscar o a crear el hilo coherente que recorre la vida de sus
    protagonistas. Yo, en cambio, creo que la mayor parte del tiempo la vida es un camino más bien
    caótico, exento de orden y libre de lógica. Pero lo que se aprende, curiosamente, al final tiene
    cierto sentido. Mi padre tenía muy buen oído: componía canciones americanas y tocaba la guitarra
    flamenca. Yo quise ser cantante, pero no pude superar mi timidez. Pero por lo menos el oído me
    ha ayudado a apreciar el flamenco. Estudié Arte Dramático y me ha servido cuando he montado
    espectáculos. Estudié la carrera de Literatura Comparada: leo y escribo bastante.
     
    Estos últimos veintisiete años, en los que me he dedicado al flamenco, han sido los más
    coherentes de mi vida. ¿Cómo puedo explicar mi afición por un arte andaluz, siendo yo de Nueva
    York? Desde que vivo rodeada de un alumnado internacional, he entendido que no estoy sola.
     
    ¿Qué es lo que me ha aportado a mí este arte único y peculiar? En primer lugar, sé que me atrae
    la originalidad de la música flamenca, siendo más bien oriental que occidental. Es como si estos
    sonidos vinieran desde muy lejos, tanto en la distancia como en el tiempo, como aromas de
    especias exóticas. Además, cuando escucho una buena guitarra, cambia mi estado de ánimo. Me
    encuentro serena, en contacto con mi ser interior. El cante me emociona; a veces me suena a
    música sacra. Sus letras concisas me llenan de admiración por los sabios populares que las
    escribieron. En cuanto al baile, cuando se ejecuta con estética y con gracia, me transmite euforia.
    Creo que el arte proviene de una entidad espiritual superior al ser humano. El artista es un
    mensajero que nos transporta a otro nivel de conciencia. Por eso, el arte nos aporta alegría,
    bienestar, alivio, serenidad, ánimo, optimismo, que son regalos intangibles que mejoran nuestra
    calidad de vida.
     
    El hecho de que el flamenco, un arte único y peculiar, a la vez íntimo y universal,
    nos conmueva y nos cautive no es sorprendente. Para nosotros los aficionados nos acompaña
    durante toda la vida.
     
    Cristina Heeren
    Presidenta de la Fundación Cristina Heeren de Arte Flamenco