EN PRIMERA PERSONA: Pilar Mir, escultora

  • Boletín: BOLETÍN 133 julio 2019

    Temática: Entrevistas Pilar Mir, en su estudio de Málaga, se declara una autora de la ambigüedad en la esculturaPilar Mir, en su estudio de Málaga, se declara una autora de la ambigüedad en la escultura

    “Me gusta jugar con la ambigüedad”

    Luis Gresa | De pequeña le impresionó tanto el Renacimiento, las obras de Miguel Ángel y sobre todo Bernini, que desde entonces ha volcado toda su vida en la escultura y hoy es una de las escultoras que mejor trabajan la piedra en España. Pilar Mir (Jaén, 1957) es afiliada a la ONCE desde el pasado mes de diciembre por un glaucoma que puede robarle la vista, pero se declara preparada para lo que venga e impresionada por la calidad humana que ha encontrado dentro de la Organización. Ahora, sueña con dejar huella en Málaga, su ciudad, frente al Mediterráneo. La conversación transcurre en su estudio en medio de un mar de esculturas perfectamente ordenadas que un día fueron el boceto de grandes obras.

    ¿Cómo comenzó a interesarse por la Historia del Arte a los 13 años? ¿Cómo despertó ese interés?

    Fue cuando empecé a estudiar a Miguel Ángel y a los escultores en mármol. Hasta entonces quería ser astrónoma, pero me impresionaron tanto que decidí que lo mío era trabajar la piedra y en gran formato.

    ¿A qué jugaba usted de pequeña?

    Yo jugaba a todo, a las muñecas y también a boxear. Estaba entre niños y jugaba a todo.

    ¿Y cuándo y cómo decide que quiere ser precisamente escultora?

    Dibujaba desde los 8 o 9 años. Me gustaba dibujar y también quería ser pintora. Pero a los 13 o 14 decidí que escultora era fijo lo que quería ser. No di opción a otra cosa.

    De toda su trayectoria, hay etapas en las que se ha formado con escultores destacados.

    Mi primer maestro fue Damián Rodríguez Callejón. Cuando me conoció en la Escuela de Artes me acogió en su taller y me enseñó a luchar por lo que quería.

    ¿Cómo fue el aprendizaje en el taller de Juan de Ávalos, autor del Valle de los Caídos?

    Allí aprendí muchísimo porque tenía un taller muy grande. Aprendí a trabajar el bronce, las resinas, muchos materiales que no conocía porque yo solo trabajaba la piedra. Él me cogió para que le acabara las figuras en piedra, pero ya aproveché y aprendí todo lo que pude. Era muy exigente, pero era el primero que llegaba al taller.

    ¿Hay ideología detrás de los monumentos?

    Para mi como artista no. La ideología se la ponen los Ayuntamientos o las personas que encargan el proyecto, pero yo desde luego soy apolítica total, me da igual para quien trabajo. Lo que quiero es hacer obra y dejarla en la calle, prefiero la calle a la obra pequeña.

    ¿En qué medida le marcó trabajar en el taller de German Berzal en Madrid?

    Fue muy importante para mí porque tenía un taller muy grande -era el mejor taller de España entera de piedra-, donde iban todos los escultores a hacer sus obras, y tenía un equipo muy bueno. De hecho, con él, estuve en la Escuela de Cantería de Madrid y luego en la de restauración escultórica donde estuve restaurando muchos monumentos de Madrid, del Retiro, de Nuevos Ministerios. Y me sirvió para meterme de lleno en la piedra a gran escala y luego para soltarme en el mundo.

    El mármol y la piedra son su especialidad, ¿por qué esos materiales específicamente?

    Porque es una cosa que haces tú directamente. El mármol lo tienes que hacer a mano. Ahora hay unas máquinas que te pueden cortar un poco, pero incluso esas máquinas tú las tienes que llevar a mano y todo lo tienes que hacer y a acabar a mano. El bronce es un vaciado, tú modelas, haces un molde y lo rellenas, pero el mármol o la piedra no. La resina también son moldes. La mayoría de los materiales no tienen tanta implicación personal.

    ¿Para usted el Renacimiento es su etapa fetiche? ¿Es la época culmen de todo o tiene alguna otra referencia histórica por la que sienta especial debilidad o pasión?

    La verdad es que me gustan todas. Toda clase de arte, tanto el figurativo como el abstracto. Fue el Renacimiento el que hizo iniciarme, el que me impresionó cuando era pequeña porque cuando tú reconoces las cosas es cuando es más fáciles de leerlas. Y como trabajaban tanto mármol y piedra pensé que era lo más grande que podría hacer. Por eso me decidí.

    ¿Y a quién admira más como escultor?

    Pues, es que a mí me gustan todos. Me gusta mucho Chillida, y no tengo nada que ver con él. Victorio Macho, Venancio Blanco, Pablo Gargallo me gustan mucho. Gargallo me descubrió el nuevo mundo. Entre él y Venancio Blanco me descubrieron las nuevas formas de hacer y el por qué la gente cambia.

    Me habla de contemporáneos. Y ¿más atrás en el tiempo?

    Bernini es mi favorito, más que Miguel Ángel. Porque para mí, es llegar al máximo en plan figurativo.

    ¿Qué le inspira más a la hora de esculpir una obra de arte, en el momento de transformar una gran piedra en bruto en una escultura?

    En lo que es obra, no de encargo, yo me pongo el material delante, lo miro durante unos días y me gusta pensar que me habla. Ya sé que no es cierto pero la cabeza empieza a funcionar sola y ella te dice por dónde tienes que ir. Cojo los bloques me los pongo alrededor y voy estudiándolos de todas las formas posibles hasta que tengo una claridad, que nunca es entera, porque la claridad total sale luego.

    “Los niños son los mejores admiradores del arte”

    Pilar Mir posa encantada entre las muchas esculturas que pueblan su estudio en Málaga

    De alguna manera, ¿el escultor proyecta su forma de ser en su obra?

    Pues como sea así, yo lo llevo muy mal porque yo hago figurativo, hago abstracto y hago de todo. Lo cierto es que la mayoría sí que tienen un estilo propio reconocible que los ves claramente.

    ¿Y su estilo cómo es? ¿Cómo lo definiría?

    El mío es un figurativo abstracto. Yo parto siempre del figurativo y luego lo voy abstrayendo hasta que llego a unas formas determinadas, pero no sabría explicar muy bien por qué llego a esas formas.

    ¿Y qué persigue? ¿Provocar? ¿Captar la atención del espectador?

    No pienso en provocar, pero se provoca cuando das tu opinión. Yo pienso en hacer cosas que me agraden. En el fondo trabajo para mí, lo que me gusta.

    ¿Y hay mucha distancia entre lo que el público percibe y lo que usted quiere transmitir? Porque la interpretación es siempre subjetiva, y más en lo abstracto.

    Claro, lo figurativo es fácil de leer, pero el abstracto se complica un poco. Aunque cuando explicas qué estás haciendo y qué quieres decir, lo entienden bastante bien. Lo único es que, les puede gustar o no, pero es que el arte es arte, independientemente de que te guste o no un estilo, puede estar bien hecho o mal hecho. Yo lo que intento siempre es hacerlo lo mejor posible. Siempre habrá gente que guste y gente que no.

    Los sentimientos ¿también se esculpen?

    En toda obra se refleja tu forma de ser y de pensar. Todo tiene sentimientos, porque tú, sin sentimientos, no puedes trabajar. Incluso cuando es una escultura encargada en tu obra personal te dejas llevar mucho. Todo depende hasta del humor con el que estés.

    Ha recibido usted muchos premios en distintos ámbitos. ¿Hay alguna escultura predilecta por la que sienta especial debilidad?

    Tengo dos. Una el monumento de ‘Fabulas del Mar’ que está en Calpe (Alicante) y otra, personal mía, que era una cabeza en un mármol verde y amarillo muy raro que era mitad hombre y mitad mujer, que me lo compró un señor griego. Porque eso sí, a mí una de las cosas que más me gusta es jugar con la ambigüedad.

    Y eso, en el fondo, ¿no es una provocación, una forma de provocar?

    O de provocar o de expresar lo que hay en el mundo. Porque en el fondo lo que estás expresando es lo que tú sientes que hay en el mundo. Y en el mundo hay mucha ambigüedad en todo. Yo prefiero estar en el centro donde todo confluye.

    Porque usted cuando crea una obra busca gustar, no quiere pasar desapercibida.

    No, pasar desapercibida no. Cuando es un encargo tiene que gustar a quien me lo encarga y cuando es obra personal a la primera que tiene que gustar es a mí. Yo tengo que estar contenta con lo que hago. Llamo obra personal a la que no es de encargo.

    ¿Hay mucho de vanidad en su trabajo, en su obra?

    Los artistas somos todos vanidosos en ese sentido, somos muy creídos, independientemente que como persona lo seas o no, pero como artistas sí, porque si no te crees tú mismo lo que haces, no puedes hacer que los demás crean en tí, tienes que ser un poco creído.

    Y usted se lo cree.

    Yo creo que trabajando la piedra soy de las mejores que hay en España.

    Las administraciones ¿cuidan y protegen lo suficiente el patrimonio?

    Va por momentos. Depende un poco de la economía; cuando hay dinero se invierte en Cultura, todas las escuelas de cantería se crearon en un momento que estábamos muy boyantes. A medida que la cosa cambia lo primero que quitan es el arte. En los momentos de crisis, los que peor lo llevan son los artistas y las obras que se dejan de restaurar y se abandonan todo un poco.

    Y los ciudadanos, ¿lo respetamos y lo valoramos lo suficiente?

    Los ciudadanos, pues... la gente mayor en general si, y los niños también. Para mí los niños son los mejores admiradores del arte y son los que entienden más el arte.

    ¿Por qué?

    Porque tienen la mente abierta y les puede gustar o no gustar todo, sea figurativo o abstracto. Es como si tuvieran un sentido especial que parece que tienen más conocimiento que los mayores en el fondo. Luego nos vamos perdiendo a medida que crecemos y nos educan, perdemos muchos sentidos, pero los niños se pueden quedar embobados con una música, una escultura o un cuadro. Luego cuando tienen la adolescencia se vuelven un poco locos, que es lo normal, tienes que ir contra la sociedad para reafirmarte a ti mismo, y luego empiezas a volver, pero ya con prejuicios, ya no entiendes las cosas como un niño.

    “Es impresionante lo maravillosa que es la gente de la ONCE”

    Mir confía en poder dejar huella también en Málaga con una gran obra en alguna plaza pública de su ciudad

    Nació en Jaén, se ha criado en Sevilla, se ha formado en Madrid, ha trabajado en Alicante, Barcelona y ahora Málaga. ¿Con qué se queda de cada una de estas ciudades?

    Yo es que me siento de cada sitio donde estoy. Y ahora mismo soy malagueña. Me acojo mucho a las costumbres. Me gusta formar parte de donde estoy porque si estoy aquí es porque quiero estar. Nadie me ha obligado.

    Málaga es su destino ¿definitivo?

    Espero que sí, estoy encantada, me gusta muchísimo.

    Necesita el mar.

    El mar me influye mucho. Desde pequeña siempre he deseado vivir en el mar. Hasta que conseguir irme a vivir a Alicante, pero aparte es que Málaga es muy bonita, muy abierta y la gente es fantástica. Hasta cuando voy sola nunca estoy sola porque todo el mundo habla contigo en la calle. Te sientes muy arropada en todos los sentidos.

    Usted es afiliada a la ONCE desde el pasado mes de diciembre. ¿Cómo ha sido ese trance de asumir la discapacidad visual?

    Yo no me he dado cuenta. Tengo glaucoma y con esto empiezas a perder visión, pero no te das cuenta hasta que te lo dice el médico. Y no me enteré hasta que tuve un accidente que me metí un hierro en el ojo y entonces al mirarme me dijeron que el accidente era lo de menos, que tenía un glaucoma que me está dejando ciega. Ahí empezó el proceso. Pero yo no era consciente porque el ojo rellena siempre la visión. De esto hace siete años. Y he perdido mucha visión.

    ¿Y le da miedo la posibilidad de perder la visión por completo?

    No. Porque yo, ya desde joven, siempre me gustaba ponerme en el lugar de la gente. Por ejemplo, me he puesto en el lugar de los ciegos, de los mancos, siempre he intentado actuar un poco para saber qué se sentía. Y ahora, como sé que es una realidad y que voy a lo que voy, me estoy preparando. Estoy aprendiendo el braille y voy adaptando todas las cosas.

    ¿Qué le ha aportado la ONCE en este momento de su vida?

    Creo que puede ser un apoyo muy importante en cuanto que me puedo realizar de otras maneras que no había pensado hasta ahora. Todavía llevo muy poco tiempo, pero creo que tiene muchísimo que aportarme a mí en conocimientos y forma de ser y comportarse. Y espero poder aportarle también yo a ella. Porque lo más me ha llamado la atención de la ONCE es lo maravillosa que es la gente. La gente solo piensa en ayudar, en facilitar la vida, en hacer todo lo que se pueda a favor de. Y eso es impresionante, porque en el mundo es muy difícil. Cada día es más difícil que la gente apoye tanto al resto de las personas como hace la ONCE.

    ¿A qué aspira como escultura?

    Aspiro a lo que aspiraba cuando pequeña, hacer obra grande, monumentos. Pero en realidad lo que quiero es trabajar hasta que ya no pueda más. Me gustaría dejar obra en Málaga igual que he dejado en Barcelona, Madrid o la Comunidad Valenciana. Aunque no tengo claro todavía qué tipo de obra porque aquí en Málaga hay escultores muy buenos y estoy conociendo a gente fantástica. Voy a tener que trabajármelo mucho porque está el nivel bastante alto.