EN PRIMERA PERSONA: José Galán, bailaor y coreógrafo

  • Boletín: BOLETÍN 123 agosto 2018

    Temática: Entrevistas José Galán, premio Solidarios ONCE 2016, estrenará la Bienal de Flamenco de Sevilla con su flashmobJosé Galán, premio Solidarios ONCE 2016, estrenará la Bienal de Flamenco de Sevilla con su flashmob

    “He reescrito el flamenco inclusivo”

    Luis Gresa | José Galán (Sevilla, 1980) no es ciego. Tampoco va por la vida en silla de ruedas. También oye. Pero lleva la discapacidad en las venas. Discapacidad en todos los poros de su piel a cada paso de baile, en cada una de sus coreografías, en cada uno de sus espectáculos. Con el tiempo, el bailaor sevillano, premio Solidarios 2016, se ha erigido en el principal referente del flamenco integrado en España, que es como decir, en el mundo. Y ahora, tras diez años de bailar en el desierto, ve reconocido su esfuerzo situando a la discapacidad en la cumbre del flamenco, la Bienal de Sevilla. Un flashmob integrador coreografiado por él abrirá el próximo 6 de septiembre la XX Bienal de Flamenco.

    Un flashmob, traducido literalmente del inglés como “multitud relámpago” es una acción organizada en la que un gran grupo de personas se reúnen de repente en un lugar público, realiza algo inusual y luego se dispersa rápidamente. José Galán, ¿cómo describiría su flashmob?

    Exactamente, un flashmob consiste en reunirse en un lugar, como será Triana el próximo 6 de septiembre, y que baile todo el mundo. Esa es la finalidad, aunque pocas veces se consigue, ya que al final solo baila la gente que se lo ha preparado y tiene habilidades profesionales. Así que, en este caso, yo tengo toda la intención de que se consiga y baile todo el mundo. El flamenco es patrimonio de la humanidad, y además yo trabajo con el flamenco inclusivo, para todos. Así que me encantaría que se consiguiera ese objetivo.

    ¿Y qué ha querido expresar exactamente?

    La finalidad que se busca es reflejar la diversidad, ya que el flamenco es un potente y valioso instrumento integrador que aúna a todos a pesar de las diferencias. En esa línea van las letras del tema musical titulado ‘Cierra los ojos y mírame’ y una coreografía fácil de adaptar al estilo de cada cual.  La música ha sido grabada por grandes artistas, como también la coreografía en el vídeo tutorial del flashmob  junto a personas con distintos tipos de discapacidad, raza y edad para representar la mayor diversidad.

    ¿Cómo ha sido el proceso creativo?

    Ha sido un proceso trabajoso. Este proyecto parte de una idea de Cristóbal Ortega, que fue el primer director de la Bienal 2018. Posteriormente pasó por José Luis Ortiz Nuevo, y ahora con Antonio Zoido que ha mantenido la idea inicial. Es maravilloso que se haya conseguido. Yo casi ni me lo esperaba porque era algo solo sustentado en la palabra, no había nada firmado. Pero me encanta ese compromiso que han tenido, no solo conmigo, sino con la idea de la diversidad.

    Que la Bienal de Flamenco de Sevilla comience con usted, ¿le da esperanzas de creer que algo está cambiando?

    La verdad que sí, porque podrían haber contado con cualquier otro artista para el flashmob y que comience conmigo significa dar visibilidad al flamenco inclusivo a nivel internacional y que también finalice conmigo, en ese caso en la Torre de los Perdigones donde habrá un taller en el que yo iré explicando, paso a paso, el flashmob. Va a tener presencia durante todo el festival el tema musical del flashmob ya que será banda sonora en las cuñas de radio y por lo tanto el mensaje de esta canción va a llegar a mucha gente. Aparte, dentro de la Bienal participo con la muestra de los talleres de flamenco inclusivo que imparto desde hace dos años. Se titula ‘Detrás del telón’ porque el objetivo es mostrar cómo son los ensayos, los preparativos, la esencia, todo aquello que muchas veces no queremos enseñar porque es más imperfecto. Esto será el 12 de septiembre en la Alameda.

    Cuesta mucho, todavía, ver un espectáculo como el suyo en la Bienal, ¿no es así?

    Por un lado estoy contento por la participación que voy a tener, pero por otro es cierto que todavía, a las fechas que estamos, no ha salido la programación de la actividad del 12 de septiembre. La respuesta que recibimos es que forma parte del catálogo de actividades paralelas. Entonces, es cierto que se va avanzando, pero sigo echando algunas cosas de menos respecto al flamenco inclusivo.

    Desde hace muchos años, no solo conmigo sino con Mari Ángeles Narváez o con Danza Mobile, siempre ha habido actividades de este tipo y en 2012 se logró entrar en la programación oficial. A este respecto parece que se ha dado un paso atrás al salir de esa programación oficial.

    ¿Y por qué cree que cuesta tanto que el flamenco se abra a la discapacidad?

    Hay flamencos que consideran que es un arte elitista solo al alcance de unos pocos. A esa élite les diría que el acceso y la participación está abierta a todos, no podemos olvidar ese factor democrático y derecho fundamental que a menudo no se cumple porque hay escuelas que no admiten y discriminan a este colectivo. Otra cosa ya es el campo profesional que ahí es donde se debe demostrar la calidad de la propuesta artística sin prejuicios ni etiquetas. Además del flamenco inclusivo también abarco, al ser pedagogo, mi faceta educativa con espectáculos infantiles o para un público familiar, y ocurre lo mismo. Se le da menos importancia, sin embargo considero que ahí está el futuro, la base para generar nuevos públicos y que el flamenco se valore desde la infancia. Ambas áreas son muy importantes, ya no solo por su valor social y educativo, sino porque existe demanda, hay que cuidarlo, y más cuando tienen éxito.

    Es usted un rompedor en las formas, ¿queda mucho por innovar en el flamenco inclusivo?

    En muchas ocasiones, en las artes escénicas, se dice que está todo inventado. Yo mismo sostengo que el flamenco inclusivo tampoco es algo original ni nuevo al cien por cien, sino que es algo renovado, algo que yo he reescrito. No hay que olvidar que ha habido grandes figuras del flamenco con discapacidad como Enrique ‘el cojo’ o ‘La niña de la Puebla’. Pero sí es verdad que en el terreno del síndrome de Down, y el flamenco en silla de ruedas somos pioneros.

    “Soy valiente y arriesgo”

    Como director y coreógrafo, ¿intenta siempre llevar al artista al límite de sus posibilidades?

    Sí, lo intento. Sólo así descubriremos el potencial artístico de una persona. Hay que diferenciar la danza educativa de la artística, los talleres de la compañía. Por un lado está la formación abierta a todos y otra distinta actuar de forma profesional, igual que sucede con las personas sin discapacidad. Hay que ser exigente porque te expones a una crítica diaria y porque lucho por la profesionalización del artista con discapacidad y su normalización.

    ¿Tiene la sensación de que arriesga mucho en sus espectáculos?

    Yo arriesgo aún sabiendo que puedo equivocarme. En ese sentido, soy valiente. Procuro no tener excesivamente en cuenta lo que puedan decir. Además, a pesar de que las personas con las que trabajo tienen discapacidades, ellos nunca me ponen límites, sino que son los primeros que me exigen. La diversidad funcional es un punto de partida para la creatividad y no una limitación. Los obstáculos sirven a todos para superarnos y crear nuevos movimientos. Si no pruébalo tú mismo bailar desde otra situación, por ejemplo con los ojos cerrados o bailando en silla de ruedas a ver como lo resuelves ...

    De todos sus espectáculos, ¿de cual se siente más orgulloso? ¿cual cree que refleja mejor su filosofía de vida?

    Yo me quedo con ‘En mis cabales’ de 2012. Fue un proyecto a nivel personal, con mucha gente a mi alrededor. Conté con la colaboración de personas como Jesús Quintero o Manuel Molina. Fue un sueño, y además, muy pronto, tan solo a los dos años de constituir la compañía. El espectáculo estuvo dentro de la Bienal como programación oficial. Éramos nueve personas en el escenario, que son muchas, lo que supone un esfuerzo muy importante y, además lo financié yo a nivel personal sin ningún tipo de ayuda, por lo que me siento muy orgulloso de ese trabajo. En esa obra hablo de como la discapacidad no impide el desarrollo artístico en el flamenco, logro que el público sienta empatía con la discapacidad, me encanta. Sí es cierto, que de nueve personas, solo dos tenían discapacidad y solo en el elenco del baile. Me hubiera gustado que en la música también hubiera habido integración. Fue el espectáculo que me hizo darme a conocer, ya que a partir de ahí es cuando realmente comencé a trabajar y a recibir premios.

    ¿En alguna medida, su apuesta vital por la integración, le ha condicionado su trayectoria artística?

    Por supuesto. Es difícil, porque durante algunas etapas me pregunté si había hecho bien en apostar tanto por el flamenco inclusivo, incluso dejé un poco de lado mi carrera más profesional. Pero, ahora mismo, parece que ambas carreras se mantienen al mismo nivel, y un reflejo de ello es el flashmob incluido en la Bienal. Son dos carreras que convergen en mi forma de ser, porque incluso en televisión donde no tengo la obligación de integrar, llevo alumnos con discapacidad bailando conmigo. Me sale de forma natural, y creo que es un valor añadido que suma más méritos a mi persona y a mi profesión.

    “Nunca es suficiente la educación en la diversidad”

    Cuando imparte clases en el conservatorio, ¿usted percibe el interés de los alumnos por los valores que usted impulsa? ¿les preocupa la igualdad en el arte, o les resulta ajena?

    Les preocupa poco, es una pena. Existe una crisis de valores que choca con la sociedad plural en la que vivimos y que cada vez más necesita esa base moral. Nunca es suficiente la educación en la diversidad. Yo soy profesor interino en el conservatorio, tengo la posibilidad de elegir destino y ser funcionario. Sin embargo, voy a volver a denegarlo, porque quiero seguir dedicándome al flamenco inclusivo con todos los proyectos que continúan saliendo. Allí son pocas las personas con discapacidad. Cuando uno quiere entrar en el conservatorio debe pasar una preselección médica y de carácter más técnico en danza, y a veces por falta de un diagnóstico psicopedagógico entran alumnos con déficit de atención, trastornos del aprendizaje, timidez, ... Además que estamos obligados a atender a la diversidadpor ley, pero no hay personal cualificado para ello y solo podemos hacer adaptaciones curriculares no significativas. Así que la educación reglada le queda mucho por ser inclusiva realmente.

    ¿Vivimos en una ficción de inclusión?

    Sí, total. Lo tengo cada vez más claro. Defiendo y abogo por lo que hago pero me encuentro muchas dificultades, y no precisamente por parte de los usuarios, sino de los medios de comunicación, de la educación, de las instituciones... Por supuesto que hay una tendencia a evolucionar pero hay más interés en hacer un escaparate de esa evolución, que un hecho en sí fundamentado. Hay más interés en el resultado que en los medios. A nadie le importa el desarrollo del proyecto siempre y cuando al final se logre una buena valoración.

    ¿Y cuál sería la clave para inculcar el duende del flamenco en una persona con discapacidad?

    Igual. Si te gusta y lo sientes, pues el siguiente escalón es trabajar duro en clase ya que el duende y el arte no entiende de barreras. En mis clases lo primero es lograr una cohesión grupal a través de presentaciones que permitan conocerse entre sí, con mucho contacto e interés por las personas. Procurar que no haya juicios de valor, que no haya miedo a equivocarse. Hay que lograr que la clase sea un refugio donde haya confianza, seguridad, y donde todo es posible. Los nuevos retos siempre hacen evolucionar y existen retos para todos. Yo trato de que las personas sin discapacidad se pongan en el lugar de los que tienen discapacidad y sean capaces de bailar en una silla, con los brazos atados, con una venda en los ojos o sin música. Esa es la mejor receta, poner a las personas en el lugar del otro.

    Después de dos cursos impartiendo el taller de sevillanas en la Delegación Territorial, ¿cómo ha sido esa experiencia?

    Es un grupo muy numeroso, y en un principio pensé en dividirlo, pero después comprobé que les sirve de convivencia y desahogo. Es algo que va más allá de la clase pura y dura. Se pretende enseñar a bailar, pero también hay un crecimiento personal que incluso es más importante. Se desarrolla la autoestima, la orientación espacial, los sonidos, ... Es un refuerzo más a su vida.

    ¿Cuál es la principal barrera que dificulta la integración en el flamenco? ¿Los propios artistas, la administración, la iniciativa empresarial? ¿Quién la entorpece más?

    Todos la entorpecen. Incluso entre los mismos usuarios hay cierta discriminación. No es lo mismo una persona ciega que sorda, o tener más o menos habilidad. En ocasiones, hay situaciones que les puede incomodar, pero tras la resolución del conflicto crecen y aprenden mucho. Entonces, incluso entre ellos, tengo que trabajar la inclusión. Desde luego la barrera más grande que existe es la mental, la concienciación.

    Su contribución ¿cree que está sirviendo de ejemplo o tiene la sensación de clamar en el desierto?

    Sí, yo pienso que está teniendo impacto. Me preocupa más hasta dónde va a llegar esto, y si lo podré controlar, en un sentido de protección. Cuidar que se continúe haciendo de forma profesional, humana, alejada de intereses políticos y económicos. No se trata tanto del ego, como de querer vigilar que el flamenco orientado a la discapacidad se haga de forma correcta.

    Y después de la Bienal qué, ¿cuál será su próximo paso de baile?

    Me voy a Italia en octubre a impartir clases de flamenco inclusivo. En noviembre actúo con mi compañía por toda Andalucía con el espectáculo de flamenco infantil 'El Aprendiz' cuyo protagonista tiene síndrome de down. En diciembre estreno nuevo espectáculo ‘Sueños reales de cuerpos posibles’ con una chica en silla de ruedas, y para 2019 me esperan más proyectos en el extranjero como Francia, Alemania, Holanda e incluso México.

    José Galán con la bailaora Matilde Coral, toda una institución en el flamenco, a los pies del puente de Triana donde se grabó la presentación del flashmob