EN PRIMERA PERSONA: José Antonio Ornedo, vicepresidente primero del Consejo Territorial

  • Boletín: BOLETÍN 128 febrero 2019

    Temática: Entrevistas "Lo que más me seduce es el contacto con los afiliados", sostiene Ornedo | Reportaje gráfico: Fernando Ruso"Lo que más me seduce es el contacto con los afiliados", sostiene Ornedo | Reportaje gráfico: Fernando Ruso

    "Tenemos que llegar al 100% de los afiliados"

    Luis Gresa | Cualquiera que conozca a José Antonio Ornedo destaca de él su gran calidad humana. Como jefe, como compañero, como padre, como amigo, todos coinciden en el gran corazón que hay detrás de su sonrisa, siempre cercano, dispuesto a resolver y a ayudar, a ponerse en el lugar del otro, a ser útil a los demás. Con ese espíritu asume ahora un nuevo reto en su vida, la vicepresidencia primera del Consejo Territorial de la ONCE después de cinco años al frente de los Servicios Sociales en la Delegación Territorial.

    ¿Con qué ánimo llega a este puesto de vicepresidente primero del nuevo Consejo Territorial de la ONCE?

    Con el mejor ánimo del mundo. Sé que es un sitio de enorme responsabilidad, de mucha relación con los afiliados, Y todo lo que concierne a los afiliados me produce mucho respeto y responsabilidad.

    Más de cinco años en el servicio que está más pegado a la realidad de los afiliados. ¿Cuál es esa realidad?

    Desde el Departamento se han hecho muchas cosas y nos queda mucho por hacer. Tenemos que llegar a muchos más afiliados de los que llegamos. Ese es un reto que tenemos porque el índice de satisfacción de los afiliados que atendemos es muy bueno con unos tiempos de respuesta bastante rápidos. Aunque parezca muy pretencioso, hay que llegar al cien por cien porque todos los afiliados necesitamos algún tipo de atención. El ánimo es el de llegar al máximo número de afiliados y conocer sus necesidades.

    ¿Qué le seduce más de este puesto y qué le inquieta más?

    Me seduce el contacto con los afiliados. La ONCE tiene la posibilidad de cambiar la vida a un afiliado. Aquí llega gente que no saben qué hacer porque ha perdido la vista y, al cabo de un tiempo, están con ganas de hacer más cosas que, en algunos casos, casi les hemos tenido que parar. ¡Qué alegría! Continuar ahora con esos afiliados me seduce un montón. Y tener contacto con entidades que se dedican al mundo de la discapacidad también es un gran reto porque es muy importante conocer lo que hay fuera. Y tenemos mucho que seguir aportando.

    ¿Algo que le preocupe?

    Me preocupa que haya afiliados a los que no llegamos, que estén descontentos. Me gustaría cambiar eso, que tengan la ONCE como referencia.

     

    "El reto es que seamos más conocidos y nos utilicen"

    "Los avances tecnológicos pueden ser motivo de inclusión pero también de exclusión", advierte Ornedo

    El Consejo Territorial es el máximo órgano de representación de los afiliados en la ONCE. ¿Se conoce bien la labor del Consejo?  

    Todavía no. Me consta que cada vez está llegando más, pero todavía no es suficiente. Ese es otro reto, que seamos más conocidos todavía y nos utilicen. Las acogidas de nuevos afiliados las hacemos conjuntamente entre los centros y el Consejo y las hemos puesto en valor. Quiero hacer ver a los afiliados que tienen en sus manos un órgano que se interesa por sus preocupaciones, por sus intereses.

    ¿Y cree que hay cauces suficientes de comunicación e interrelación entre el afiliado y la institución?

    Sí. Cada vez, más. El problema de llegar a los afiliados es de número porque llegar a un afiliado es cuestión de tiempo. Otro de los retos del Consejo de esta legislatura será que se consolide el maravilloso Plan ONCERCA para llegar a más afiliados, con más calidad, y podamos derivar la atención que puedan necesitar.

    ¿Piensa que un afiliado de Almería o Jaén siente a la ONCE igual de cerca, que uno de Sevilla o Málaga?

    Sí. Me consta que sí porque una de las fortalezas de la ONCE ha sido acercar los servicios a los afiliados. En cada demarcación hay mecanismos para llegar, a través de los responsables, de los representantes, de los técnicos que cada vez se desplazan más a los sitios donde los afiliados no pueden llegar.

    En un mundo sobresaturado de información, la información que recibe el afiliado, los canales de información que existen, ¿cree que son los adecuados?

    También tenemos que mejorar. La ONCE es fiel reflejo de lo que pasa en esta sociedad y, en ese sentido, es igual. Hay saturación de información. Tenemos muchos mecanismos: la gestión, la representación, la representación sindical para los afiliados trabajadores, la representación política. Y todos queremos llegar a los afiliados. Lo que pasa es que, a veces, somos víctimas del tiempo. Vemos algo que llega y lo enviamos inmediatamente. Haría falta reflexionar un poquito.

    80 años después, ¿cuál cree que es la principal barrera que le queda por superar a la ONCE en la sociedad?

    Que nos conozcan en profundidad, somos muy conocidos, pero nos seguimos encontrando con dificultades, barreras arquitectónicas, digitales, etc . Cada vez hay más avances tecnológicos y cada vez hay más barreras. Los avances tecnológicos pueden ser motivo de inclusión, pero también de exclusión. No digamos ya las barreras arquitectónicas. Tenemos por todas partes, montones de amenazas. Cada vez hay mejores campañas y estamos más tiempo en la calle, más tiempo con los órganos representativos de la Administración: local, autonómica y nacional. Y no tenemos que parar porque, en el momento que paremos, damos dos pasos para atrás. Ese es el gran reto: que la gente nos reconozca, que nos conozcan, y que nos tengan en cuenta a la hora de cualquier cosa que hagan.

    A usted le apasionan las nuevas tecnologías. ¿Le preocupa la brecha digital?

    Me preocupa porque tenemos mucha gente que todavía tiene miedo a acceder a todas estas nuevas tecnologías. Y eso los excluye totalmente. Y nos queda mucho por hacer porque cada vez salen cosas más nuevas a las que la gente se tiene que ir adaptando.

    El Reino Unido cuenta con un Ministerio propio para abordar las consecuencias de la soledad. La soledad, ¿es un problema? ¿Somos conscientes de su magnitud?

    Plenamente conscientes y ya es algo porque quien no es consciente no puede atajar el problema. Por eso, digo: ¡bendito Plan ONCERCA! Tenemos mayores de 55 años que viven solos y les estamos ofreciendo soluciones, tanto con recursos internos de la ONCE como externos. Y tenemos el programa de ‘Navidades en familia’, del que cada vez nos sentimos más orgullosos, para los afiliados con dificultades familiares.

    ¿Cómo se cultiva el sentimiento de orgullo y pertenencia y cómo se inculca este sentimiento a los más jóvenes?

    Llegar a los jóvenes nos preocupa también. Los vemos más desarraigados, de ahí la figura importante del Referente Joven, que se va a potenciar mucho. Pero hay un desarraigo evidente y un desconocimiento que nos lo tenemos que poner en el debe. En esta legislatura vamos a llegar al cien por cien para dar soluciones a este colectivo tan importante y que se puedan beneficiar de los servicios que la ONCE les ofrece. Tenemos que tener un recambio generacional permanente y con garantías desde la misma ONCE. Y es importante contar lo que hacemos porque hacemos muchas cosas a personas tienen nombres y apellidos. Y cuando se cuenta, la gente se siente orgullosa. Yo cada vez me siento más orgulloso porque veo lo que hacemos con los afiliados.

     

    "Nadie nos ha regalado nada"

    "Me rebelo contra las injusticias", subraya el vicepresidente primero del Consejo Territorial

    Vamos a un terreno más personal. ¿Se reconoce una persona sensible?

    Sí. Yo creo que sí. Tú tienes que dar respuestas a las personas, como cuando llegué yo con 17 años que me trajo mi madre, y tú no puedes ser de piedra, y no una respuesta puntual, sino ver cómo acaba esa persona. Esa sensibilidad, poco a poco, cada vez, la he visto más agudizada.

    Es usted una persona serena en esencia. ¿Qué le irrita más?

    Me irrita más la injusticia. Soy una persona, aparentemente, serena. Más que serena diría que me controlo. Ante las injusticias, me rebelo. A nosotros nadie nos ha regalado nada. Los discapacitados siempre hemos estado relegados. Pero la gente se siente orgullosa. Los discapacitados tenemos derecho a salir. Pero hemos padecido mucha injusticia. Y, contra eso, me rebelo.

    Ser del Betis ¿imprime carácter?

    Hombre... Yo creo que sí (risas). Esa es otra cosa que me hace sentir muy orgulloso. Siempre he dicho que bético no puede ser cualquiera. Lo siento por quienes no lo son. Somos un Club sufridor que, si lo miras, nos dan más sufrimientos que alegrías. Y me siento orgulloso de ser accionista del club, aunque sólo tenga una acción.

    De su pasión por la Semana Santa de Sevilla ¿con qué imágenes se queda y en qué puntos de la ciudad?

    No soy fetichista. Dicen que los sevillanos somos de vísperas más, que de Semana Santa. Cuando pasan Reyes digo, “Ya empieza la cuenta atrás”. Yo ya estoy pensando en la Semana Santa. Ya huelo a incienso a azahar. La Semana Santa, la verdad es que tampoco la veo, me pasa igual que con el Betis, cuando voy al campo se me ponen los bellos de punta cuando sale el equipo porque la gente aplaude, pero yo no veo nada. En la Semana Santa tampoco distingo nada. Ahora, con unos prismáticos que tengo, puedo acercarme y medio distingo si es el Cristo o la Virgen, pero tampoco disfruto. Disfruto de escuchar las bambalinas, de la bulla, la música, el ambiente de un bar lleno.

    ¿Alguna canción de Serrat que le identifique?

    De Serrat digo que no tiene desperdicio. Una canción cualquiera, incluso de las que menos me gusten, siempre tienen algo. En mi estado de WhatsApp tengo la frase ‘Hoy puede ser un gran día’. Para mí, es un lema de vida. Siempre estoy tentado de quitarla para poner otra de la canción ‘Cada loco con su tema’ que pone: ‘Soy partidario de vivir’. Son dos canciones que tienen muchas frases que son lemas de vida.

    ¿Cuál es el premio mayor que ha ganado usted jugando al cupón de la ONCE?

    Ni lo recuerdo porque ha sido tan irrisorio. Cuando vendía, cuando el cupón era local, me compró un matrimonio portugués cupones con tanta fe, que me dijeron que se iban a Portugal y que me los quedara. Estoy hablando del año 82 o 83 que no existía internet para comprobarlos. Quedamos en que si tocaba que les llamase y tocaron 25.000 pesetas de la época. Cuando les llamé se quedaron sorprendidos y me ofrecieron que me quedara con ese premio.

    ¿Cómo le gustaría que la ONCE recordara su paso por el Consejo?

    Como una persona comprometida, en quien han encontrado una respuesta idónea cuando me han buscado. Con eso simplemente. A mi me gusta pasar muy desapercibido. Esta entrevista, aunque no se vea, me incomoda. Me gustaría haberle sido útil a la gente. Siempre me he tomado el trabajo como un servicio, desde que vendía cupones, que los vendedores de cupones siempre hemos sido y seguimos siendo el pañuelo de lágrimas de mucha gente, hasta por todos los puestos de trabajo como un servicio a las personas.