EN PRIMERA PERSONA: Gabriel Salguero, escritor

  • Boletín: BOLETÍN 116 enero 2018

    Salguero cree que no se transmite lo suficiente la pasión por la lectura en las aulasSalguero cree que no se transmite lo suficiente la pasión por la lectura en las aulas

    “La poesía siempre es necesaria”

    Suena al inicio de un relato; de pequeño, escribía poesías y las quemaba para enviarlas a la eternidad. ¿Qué hacía exactamente y, sobreo todo, por qué lo hacía?

    Yo lo hacía pensando que seguirían vivas allí en la eternidad y allí me esperarían. Esa era la razón. Y en cierto modo quería preservar mi intimidad y hacer algo poético, también el hecho me parecía poético.

    Su madre, al cumplir 82 años, le regaló un obsequio de un valor infinito, algunos poemas cuyo destino era el de ser quemados y que ella consiguió conservar para usted. Debió ser un momento emocionante en su vida.

    Son hitos en la vida que siempre se recuerdan, sobre todo cuando ella ya se ha ido. No sé ni cómo me los pudo coger y conservar durante tantos años, y que se acordara justo no mucho antes de morir de ellos y me los diera. Son cosas que no tienen valor material pero tienen otros valores humanos que sólo se manifiestan en estos grandes o pequeños momentos.

    ¿De dónde le viene la inspiración?

    Es variada, normalmente son vivencias. Uno va con ojos abiertos, oyes cosas, tomas notas, y un día vuelves sobre ellas o escribes algo en el ordenador para no perder una idea, y luego lo escribes, lo guardas, reposan, al paso del tiempo lo retomas y así va creciendo un relato.

    ¿Cómo ha ido construyendo su vida literaria?

    Empezó a los 15 años como mucha gente. Escribes poemas a la vida a la novia y luego hubo un lapsus muy largo, tuve que estudiar, trabajar, y pasa el tiempo, igual 40 años, y la vida te lleva por donde quiere, no la llevas tú a ella, te lleva ella a ti. Entonces llega un momento en que la vida laboral se trunca por problemas en la visión. Me anunciaron que me iba a quedar ciego y tuve que dejar la vida laboral. Al año hubo un concurso de la ONCE y gané el primer premio de Relatos Cortos y a partir de ahí seguí escribiendo.

    En su caso podríamos decir que la pérdida de visión ha agudizado de alguna manera su talento literario.

    Hombre, talento me parece una palabra muy grande, ¿no? Pero sí que me ha permitido desarrollar mi actividad en diversos campos de la cultura que siempre me han interesado y siempre he mantenido aparcados, lo que no deja de ser curioso. Empecé a ir a tertulias, luego me invitaban a actos de literatura, de pintura, de fotografía, de eventos relacionados con la cultura y evidentemente si no hubiera sido por esta razón no hubiera podido dedicarme a esto.

    ¿Se transmite lo suficiente la pasión por la lectura en la escuela, en las familias, en las edades más tempranas?

    Entiendo que no. La idea es que si, todo el mundo dice que lee aunque no ocurre así exactamente. Pero la realidad es distinta. Los libros hoy en día no tienen la vigencia que tienen o la vida que deberían de tener.

    ¿Cómo es la vida que describe en ‘Ojos apagados’? ¿Hay reflejo de su experiencia vital en ese poema?

    Yo no suelo escribir sobre mí, pero en esta ocasión si, aunque es un poema novelado, son casi 100 versos, que era el máximo que permitían las bases, que viene a contar un chaval que nace, que se expone a la vida. Pero siempre escribo sobre mí no me miento, aunque trato de encajarlo en una generalidad de mucha gente en la que no soy el único protagonista. 

    “Lorca me ha influido como poeta y como persona”

    La poesía hoy, en el mundo en el que vivimos, ¿es más necesaria que nunca?

    La poesía siempre es necesaria y la lectura en general. Te permite expresar sentimientos con otras palabras, a veces, con pocas palabras, y sentimientos que son difíciles de expresar. De alguna manera, la poesía te permite hacer lo que quieras, poner palabras sueltas, girarlas sin atenerse mucho a la norma, otra cosa es que se entienda, aunque yo trato de que mi poesía se entienda. Aunque la poesía está a un paso posterior al relato, comercialmente hablando.

    ¿Qué poetas, qué generaciones de poetas le han marcado más?

    Poetas como Machado o Allan Poe, a veces me dicen que tengo algo de tristeza en mis poesías. Yo intento al final darle giros y ser positivo. A mí se me está encasillando en ese poemario triste y tengo un temario muy alegre también dirigido a los más jóvenes, hay quien dice que al estilo de Gloria Fuertes. Aunque es verdad que mi poesía tiende a demostrar lo que es la realidad de la vida, un gran componente de tristeza y algunas alegrías.

    ¿Qué lugar ocupa Granada en su vida y en su obra?

    Nací en Granada y toda mi vida la he desarrollado en Granada. Cuando se habla de Granada todo el mundo piensa en Lorca o los Cuentos de la Alhambra de Washington Irving. Tiene sierra, tiene playa, Granada en el mundo poético a nivel mundial es un sitio que todos los poetas alguna vez en su vida hacen alusión a ella.

    Lorca no le ha influido esencialmente.

    Lorca lo tengo como punto de referencia por supuesto por su poesía pero sobre todo como persona, como forma de entender la vida, un hombre que iba por ella pensando que todo el mundo era bueno. De hecho le costó la vida, no podía entender que tuviera problemas por escribir, que dispararan contra él balas y palabras por escribir. Lorca sí que influye en gran parte del mundo poético, y a mí también, pero más desde el punto de vista humano. Me ha influido como poeta y como persona.

    Primer Premio de Relato Cortos en 2011. Tercer Premio en un concurso de música de la ONCE por un fado en 2012, finalista de los premios Tiflos en 2013 con su primer libro de microrelatos titulado 'Trazos de pensamiento' que incluía 200 textos, premios también de la Junta de Andalucía, La Caixa o RNE y así hasta 15 reconocimientos. ¿Busca un hueco en el mercado literario?

    Yo a estas alturas de mi vida, todos los que escribimos queremos divulgar nuestra obra, y sí, evidentemente me gustaría tener un hueco. Pero mi vida son tres días, han pasado dos, y no tengo prisa, lo hago con calma, donde llego, llego. De hecho, recuerdo en Madrid una anécdota de una mujer que me comentó en un premio que en Granada lo tengo complicado en el mundo literario, y luego resultó ser un premio Planeta.

    ¿Hay algo de conformismo en la forma de ser del granadino?

    Pues Granada no se destaca, quisiera que nadie me entienda mal, por ser luchadora. Hace ya año y medio que estamos sin tren y no pasa nada. Tenemos la autopista que es la última de todas. Sí hay quejas y parece que algo está cambiando pero somos en cierto modo inconformistas, a lo mejor más de lo que deberíamos.

    Fue también el primer granadino que voló en ala delta en el Mulhacen. Es un arriesgado en la vida o un temerario.

    Yo me considero prudente. Yo era el presidente del Club de Ala Delta y fuimos cuatro compañeros los que volamos directamente en el Mulhacen en unos tiempos en los que las alas no eran las que son hoy. Yo trataba de convencer a todos de que el ala delta no era peligrosa que el peligro lo ponía el piloto.

    Un hombre del Renacimiento tardío, le han definido en IDEAL, ¿le gusta esa definición?

    Ya me gustaría que este periodista tuviese razón y sí que me atrae todo lo relacionado con el  Renacimiento. En todo caso, tiene mi agradecimiento ya que me resultó agradable verlo escrito.

    A las puertas ya de 2018, ¿a qué aspira Gabriel Salguero en este momento de su vida?

    Mis dos últimos proyectos son reproducir en bronce y agrandar a tamaño natural una de las dos esculturas en piedra de unos Cristos que hice en el 75 y versionar al mundo de la canción algunos de mis poemas. En general, quiero seguir danzando por este apasionado/a veces farragoso mundo de la cultura, quiero hacer cosas que bullen en mi cabeza. En ocasiones necesito la ayuda de otras personas/entidades para divulgar la obra, y espero que llegue. Si no llega no me quejo porque, en algunas ocasiones, ya la he tenido (por ejemplo, de la ONCE). Pero es un proyecto sin proyecto, digamos: “Un día detrás de otro”. Para terminar añadiré que aspiro a que se valore mi obra en sí misma y no por otras razones aunque, estoy seguro, son bien intencionadas y por ello no dejo de agradecer.

    Salguero recibiendo el primer premio de Poesía del Consejo Territorial de manos de su presidenta y del delegado territorial