Las canciones y cuentos se pueden tocar

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    Temática: Educación El grupo de alumnos participantes en la excursión dentro de la jornada de atención tempranaEl grupo de alumnos participantes en la excursión dentro de la jornada de atención temprana

    El título se repite este curso, ya que es un taller que se realiza consecutivamente desde hace tres años y que tiene muy buena acogida. Surgió como respuesta a las dudas e inquietudes planteadas por los propios padres y madres en sesión sobre los cuentos y materiales de adaptación adecuados para que sus hijos puedan acceder al mundo de los cuentos y disfrutar de esa actividad tan natural y cotidiana en la vida de los pequeños. Para las familias, siempre es difícil encontrar algo en el mercado que se ajuste a las necesidades de sus niños.

    En esta ocasión asistieron nueve familias. El desarrollo del taller consistió primero, y con la ayuda de un café, en una presentación relajada y un primer acercamiento de las familias que no se conocían entre sí.

    Posteriormente proporcionamos a los padres y madres asistentes orientaciones básicas sobre la adaptación de cuentos y canciones infantiles, teniendo en cuenta aspectos generales a la hora de seleccionar o hacer atractivos los cuentos.

    En la parte superior hay un pingüino adaptado en relieve y en la inferior está el original

    A continuación, presentaron el cuento de este año. En esta ocasión se propuso la adaptación del cuento infantil “Veo, veo, ¿un ratón?”, cuento perteneciente a una colección desplegable de cuatro cuentos, donde la sorpresa y la diversión está asegurada y no todo parece lo que es. Tras disfrutar del cuento y de su retahíla, donde el protagonista es el “Ratón Mariano que come queso con la mano” y analizar con ellos la adaptación elegida y las retahílas, movimientos y onomatopeyas que hacen que el cuento sea mucho más atractivo, pasamos “manos a la obra”. Comenzamos la adaptación sobre el cuento original para que los padres comprueben que teniendo en cuenta las nociones básicas de adaptación y los gustos y necesidades de sus hijos podemos hacer accesible cualquier cuento de casa y, sobre todo, cualquier cuento que nos guste y con el que disfrutemos. Si nosotros disfrutamos del cuento nuestros niños también lo harán.

    Hicimos mucho hincapié en la riqueza, ya no del cuento en sí, sino del momento de leer un cuento con ellos. Hablamos del acercamiento emocional, físico y de la interacción y atención conjunta que se genera al compartir ese espacio de diversión.

    Es inevitable destacar que este taller, donde convocamos solo a los padres, se convierte en un encuentro muy especial entre familias y profesionales.

    Dos cuentos iguales, uno original y otro adaptado

    Habrá que continuar el próximo curso con dicho taller, tanto por petición de las familias, como por ver que los padres se animan a utilizar materiales adaptados como un medio más para compartir tiempo de calidad con sus niños, a la vez que se fomenta la comunicación, el uso del lenguaje, el control de emociones y la creación de recuerdos conjuntos que integran de forma globalizada la relación.

    Los cuentos se pueden tocar y se pueden disfrutar en familia. Es en ese clima de disfrute, donde se propician muchos otros aprendizajes.

    | Equipo de Especialistas y Educadores del CRE de Sevilla

     

     

    La excursión

    También desde el programa de Atención Temprana del CRE de la ONCE en Sevilla tuvo lugar “La Excursión”, una actividad en la que participaron este un total de 12 niños atendidos desde el programa de intervención educativa correspondiente al Segundo Ciclo de Educación Infantil. Los particpiantes disfrutaron del día acompañados de sus respectivos maestros y maestras, ya que es de las primeras actividades donde los papás y mamás no vienen con nosotros.

    Nos desplazamos hasta Montequinto en un autobús que nos recogió en el Centro de Recursos Educativos, tras despedirnos de nuestros familiares. El trayecto fue muy ameno, porque disfrutamos de las canciones que todos nos sabíamos del traqueteo del autobús y de los diferentes lugares por los que pasamos.

    Tras una curva enorme nos encontramos con nuestro destino: El Centro Hípico Fundación Carlos Espigares. Al bajar del autobús nos recibieron un grupo de personas deseosas de conocernos. Eran voluntarios de la Fundación coordinados por Toni, la secretaría de la Fundación y responsable del centro hípico.

    Niños montados en un caballo de madera

    Nos dirigimos a unos asientos que nunca habíamos visto, asientos hechos con la comida de los caballos, asientos hechos de paja que pinchaban un poco, pero con unos coloridos cojines se convertían en un lugar muy agradable y silencioso, donde nos íbamos a presentar todos. Solo se rompió el silencio con el rebuzno de una burrita que desde el establo saludaba a todos los niños.

    Una vez presentados y familiarizados con el nuevo entorno pasamos al lugar donde estaban todos los ponis, ya acompañados también con los monitores que nos iban a ayudar y guiar en toda la visita. Había muchos ponis esperándonos, pero era fundamental no gritar para poder conocerlos mejor. Nos fuimos acercando de forma ordenada a conocerlos; sus nombres eran: Milka, Chocolate, Tomate y la burrita que nos saludó al entrar que se llamaba, como no podía ser de otra forma, “Amiga”.  La verdad es que eran nombres muy graciosos y curiosos.

    Pudimos tocar despacito cómo eran, desde su crin hasta las pezuñas, pasando por su larga cola. Fue alucinante ver lo quietos que se quedaban. Después no solo aprendimos a acercarnos y relacionarnos con ellos, sino que pudimos peinarlos, acariciarlos con un cepillo que se llamaba rasqueta y lavarles la carita.

    Luego, tanto ponis como niños, descansamos un poquito y desayunamos para reponer fuerzas. Tras el desayuno nos disfrazaron de ponis: nos pusimos un nombre de poni, una larga cola de lana, nos enseñaron como eran los sonidos al moverse, cuál era su alimentación y cómo se movían. Ya muy preparados nos comenzamos a mover por el campo como si fuéramos ponis. Alguno hasta llegó a galopar y otro iban espantando moscas con su nueva cola de poni, fue muy divertido.

    Luego nos dividimos por grupos y mientras unos montaban encima de los ponis con la ayuda de Juan y del resto de monitores, otros nos montamos en los enganches pudiendo notar en movimiento como era el paso, el trote y el galope, fue una oportunidad única.

    Alumnos y monitores montados en un carro arrastrado por un pony

    Para acabar esa mañana tan especial nos juntamos todos y pusimos nuestra cara más sonriente para la foto del grupo, pero quedaba una sorpresa preparada por los compañeros de la Fundación: Nos regalaron una esponja, como la que habíamos usado para asear a los ponis, pero para nuestros largos baños en casa. Y adivinad que divertida forma tenían estas esponjas.... Tenían forma de PONI.

    Tras muchos agradecimientos y besos nos despedimos de ese lugar tan especial que durante toda una mañana nos había acogido: de su personal, de los ponis, los caballos, ... y ese entorno maravilloso que teníamos tan cerca de casa y que ha dejado de ser desconocido.

    La vuelta en el autobús fue muy tranquila y la familia nos esperaba deseando escuchar todo lo que teníamos que contarles tras finalizar felices este año nuestra entrañable ‘Excursión de Atención Temprana’.

     

    | Equipo de Especialistas y Educadores del CRE de Sevilla