Un grupo de ciegos experimenta la sensación de conducir en las pistas del aeropuerto de Córdoba

  • Boletín: BOLETÍN 104 diciembre 2016

    Temática: Afiliados Una de las profesoras del taller explicando el manejo del coche a un participanteUna de las profesoras del taller explicando el manejo del coche a un participante

    Los seis profesores de la autoescuela encargados de la actividad recibieron al grupo de ciegos y repartieron los respectivos chalequillos reflectantes por motivos de seguridad al encontrarse en una pista de aterrizaje. Una vez equipados, los profesores dividieron a los participantes en dos grupos compuestos por nueve conductores, de esa forma el primer grupo ocuparía los tres coches dispuestos para la ocasión con tres ocupantes en cada uno.

    Mientras sus compañeros se dirigían hacia los vehículos, el segundo grupo continuó su visita por el aeropuerto hacia el Servicio de Extinción de Incendios, el cual atiende las necesidades de emergencia del aeródromo cordobés, para  conocer  mejor el procedimiento de los bomberos en diversas situaciones en las que se requiere su intervención. Los bomberos fueron los encargados de enseñar de una manera muy práctica al grupo el uso de las mangueras contra incendios y del propio camión.

    Mientras sus compañeros contemplaban la acción de los bomberos, el primer grupo avanzó hacia la pista de aterrizaje del aeropuerto donde se encontraban los coches en los que conducirían por primera vez. Una vez en el interior, los profesores comenzaron a dar las pertinentes instrucciones en el tema de la conducción del vehículo ante la atenta mirada de los participantes.

    Una vez impartida la lección teórica era el momento de experimentar la sensación de tener un volante en las manos y conducir por la pista del aeropuerto. Los turnos fueron de 30 minutos y a todos los participantes se les podía ver muy concentrados a la hora de realizar las distintas instrucciones que les iban indicando los profesores.

    Virginia Ezquerra fue una de las 18 personas que participó en este evento y cuenta que “al principio sentía que el coche me dominaba pero gracias al ánimo y motivación de la profesora fui tranquilizándome. Fue una experiencia muy agradable y también me sirvió para tomar conciencia del valor de la publicidad y de cuando dicen que no hay que distraerse al volante”, afirmó.

    Eva Mª Berral Pérez fue una de las profesoras del taller y cuando se le pregunta por sus sensaciones se queda sin palabras por la emoción vivida en el taller, “es una experiencia que hay que vivirla, no es fácil contarlo porque me quedé maravillada ya que como profesional es un reto indescriptible y mereció mucho la pena. Fue todo muy emotivo “, comentó.

    La profesora se quedó maravillada con la habilidad mostrada por ellos, “la destreza la tienen muy desarrollada y pude apreciar que si se quiere se puede porque eran más las ganas de conducir que otra cosa, entonces los automatismos los pillaron muy bien. Luego es como todo y cada uno lleva su ritmo de aprendizaje”, siguió diciendo.

    Tampoco dudaron en alabar la gran capacidad de aprendizaje que demostraron en el tiempo que duró el taller de conducción. Una experiencia inolvidable tanto para los profesores que impartieron estas pequeñas clases de conducción, como para esas 18 personas ciegas que nunca olvidarán la sensación que vivieron al conducir por primera vez en su vida.

    Dentro de esta experiencia única, el momento que más disfrutó el grupo fue en el cual condujeron a mayor velocidad, llegando a alcanzar los 100 km, ya que ahí fue cuando realmente experimentaron la sensación de conducir un vehículo en primera persona, además de gritar de la emoción ante tal acontecimiento. Tampoco se pueden olvidar los pequeños adelantamientos que realizaron, los cuales iluminaron las caras de los participantes con signos de asombro y felicidad al mismo tiempo.

    Un evento lleno de momentos únicos e inolvidables en el que disfrutaron tanto participantes como profesores, una experiencia única que hay que vivirla y que quien lo hace no se olvida de ella. Una sensación tan gratificante que Virginia la recomienda “a otras personas con problemas visuales que lo hagan porque cuando se conduce no se siente la velocidad tanto como cuando se va de copiloto o de acompañante”, concluyó.

    La actividad se realizó gracias a la colaboración de AENA y la autoescuela 'Grupo El Realejo'.